Encuentro “Desafíos de la Crianza” en Caracas abordará las preguntas y respuestas de padres y madres

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Criar en consciencia y con respeto es posible

Encuentro Desafíos de la Crianza en Caracas abordará las preguntas y respuestas de padres y madres

Se celebrará en la sala Cabrujas de Los Palos Grandes el 11 de octubre

 

Caracas. Septiembre 2014. – A veces escuchamos que la maternidad y paternidad es un desafío. Claro que sí ¿por qué? el Evento: Desafíos de la Crianza: Maternidad, Paternidad y Crianza Consciente y Respetuosa , a celebrarse en Caracas el 11 de octubre en la Sala Cabrujas de Los Palos Grandes, se imbuirá en las principales inquietudes que se reportan al tener hijos y afianzará las herramientas afectivas y culturales para contestar esta pregunta.

En el encuentro se disertará acerca de las etapas que atraviesan las madres y las demandas más comunes de/hacia ellas y se darán claves para trascender culpas y apegos. También se hablará de la construcción de la masculinidad y cómo esta revisión propugna una paternidad moderna más consciente y comprometida. Por último, se hablará sobre los estilos de crianza y la promoción de la cultura de paz desde el hogar y la escuela como paradigma posible y necesario.

“Desafíos de la Crianza” cuenta con tres reconocidos exponentes del tema, que guiarán al auditorio de manera interconectada a través de los temas Maternaje, Inclusión Paterna y Crianza en Cultura de Paz. De esta manera expondrán:

Berna Iskandar. Blogger, comunicadora social, productora y conductora del programa Conoce Mi mundo, pionera de la divulgación de la crianza respetuosa en el país. www.conocemimundo.com

Antonio Pignatiello. Psicoterapeuta, blogger, docente universitario, miembro de la asociación venezolana para una educación sexual alternativa, Avesa. http://revesdelamasculinidad.wordpress.com/

Holanda Castro. Consejera de lactancia, blogger, orientadora, docente universitaria, investigadora en género y saberes femeninos. Fundadora y coordinadora del Club para Mamás www.clubparamamas.com

Todos investigadores y divulgadores de amplia experiencia, como puede observarse en sus blogs, sin acercamientos superficiales a los temas convocados, pero sobre todo, padres y madres reflexivos que han tomado la crianza como una vía de expansión de la conciencia y espiritualidad que repercuten en la cultura y la sociedad.

“Desafíos de la crianza” tiene abierta su preventa hasta el 5 de octubre, con entrada preferencial que puede pagarse con depósito y transferencia. A partir del 6 de octubre solo estará disponible el pago electrónico con precio normal. Interesados deben escribir por el siguiente formulario para solicitar la información bancaria e inscribirse.

 

Más Información

http://www.clubparamamas.com/desafios

Amamantar: tiempo para enamorarse

Celebro nuestros dieciocho meses de lactancia materna.

Definitivamente, existen momentos de tensión, de agobio, de cansancio y hasta de duda en esto de ser padres. Sobre todo el primer mes de vida de mi hijo, recuerdo que había momentos en que me preguntaba si algún día podría hacer otra cosa que no fuera amamantar, recuerdo que había momentos en que me chocaba que, como si fuese a propósito, justo cuando yo tenía hambre mi bebé también, y lo mucho que me costaba regresar a mi plato con los alimentos ya fríos, sobre todo si se trataba del desayuno que muchas veces ya era más bien comida. Recuerdo también esos momentos en que me decía que haría mi mejor esfuerzo por llegar a los seis meses, sólo seis meses, y después ya vería.

Y, pese a lo largos que parecían esos momentos, mucho antes de lo que imaginé amamantar se convirtió en una práctica que me ha dado horas que se cuentan entre las más felices de mi vida.

Amo amamantar.

Ya en otras entradas he escrito que amamantar ha sido, para mí, un tiempo para pensar, un tiempo para enseñar y aprender, y hoy quiero compartir que es también un tiempo para enamorarse. O, mejor, para re-enamorarse.

Ahora que mi bebé entra totalmente en la categoría que en inglés de conoce como toddler, amamantar es un momento de reencuentro y de relajación que disfruto con agradecimiento tanto en los momentos buenos como en los momentos difíciles.

Y es que sí, con un niño que ya puede acceder a prácticamente todos los rincones y cosas, ávido de explorar el mundo y necesitado de atención, por supuesto que hay momentos de agobio en que pareciera que uno no puede dejar de vigilar, de distraer, de mantener un nivel alto de energía y entusiasmo y de decir “¡no!”. Y casi como en automático, mi hijo dice: “¡Teta!”, y al tomarlo en brazos y oler su cabecita, y con el maravilloso efecto de la oxitocina que viene con la leche, recupero el centro, me siento enamorada: es un bebé, es mi bebé. Me necesita. Y yo lo amo.

Y entonces todo vuelve a verse no sólo más fácil o llevadero, sino como lo que es: una maravillosa experiencia, una encantadora oportunidad, un extraordinario reto que exige lo mejor de nosotros mismos.

Sobre el aborto

Cualquiera que tenga un poco de sensibilidad y que se tome el tiempo para escuchar sin prejuicios puede descubrir que las historias de mujeres que decidieron abortar en algún momento de sus vidas pueden estar mucho más cerca de lo que imaginamos. De hecho, la práctica parece ser tan extendida, que podemos encontrar sus huellas en las recetas caseras que existen en tantas culturas -por ejemplo, la gobernadora aquí en Nuevo León-. Es decir, se trata de información que ha pasado generación tras generación, conocimientos compartidos por mujeres, entre mujeres, cuando alguna se encontraba en una situación de auxilio. Contrario a la asociación del aborto con mujeres solteras, y como muchos otros conocimientos femeninos ancestrales, el del aborto pertenece a la esfera de las mujeres casadas y con hijos.

¿Por qué una mujer casada y con hijos se vería en la encrucijada de abortar o no? Las razones pueden ser variadas, pero he encontrado que en el fondo se resumen en que la mujer toma consciencia de que no tiene las condiciones mínimas requeridas no sólo para recibir al nuevo ser sino para criarlo. Estas condiciones incluyen no sólo las que atañen al aspecto financiero, sino también la propia salud de la madre, las condiciones generales del feto, el tiempo (ah, la percepción del tiempo cambia tanto cuando se tiene un niño pequeño, multiplíquenlo ahora por dos o tres o cuatro o nueve niños) y, debe decirse, las ganas de otro bebé, es decir, el aspecto emocional.

En otras palabras, el instinto de la madre le dice que no es una buena idea traer ese bebé al mundo.

Desde un aspecto estrictamente biológico, se sabe que el cuerpo de la madre tarda unos dos años en recuperarse por completo de un embarazo. Si la mujer se embaraza antes de esta recuperación, tiene muchas más probabilidades de tener complicaciones durante la gestación tales como placenta previa, así como falta de nutrientes esenciales para el buen desarrollo del feto (máxime en esos años donde los cuidados prenatales eran prácticamente inexistentes). Aumenta también la probabilidad de tener un parto prematuro y, en general, pone en riesgo la salud de la madre y del bebé.

Y si se están preguntando en este punto cómo es que una mujer con experiencia sobre la concepción puede embarazarse sin haberlo planeado, eso refleja que les hace falta mucho camino por recorrer en lo que a sensibilidad y empatía se refiere. Una de las cosas que le debemos a la revolución sexual fue el control sobre la decisión de cuándo tener relaciones sexuales. Sí: esto quiere decir que nuestras madres, nuestras abuelas y bisabuelas no tuvieron siempre este derecho. Bastante cruel, ¿no es cierto? Y si a ello le sumamos que, luego del embarazo, y sobre todo si se amamanta, la mujer tiene sequedad vaginal, no quiero ni imaginarme lo que debieron sufrir solo porque debían complacer a su esposo (afortunadamente ahora es mucho más fácil no sólo conseguir lubricantes, sino que una mujer manifieste que los necesita… Espero).

Esto significa también que los embarazos no deseados y las violaciones no sólo se dan fuera del matrimonio o son exclusivos de cierto grupo social o generacional.

A lo que quiero llegar aquí es que esas madres que deciden o decidieron que abortar es la mejor opción, guiadas por su instinto, toman una decisión no solo por su propio bienestar, sino por el de sus familias.

Es común que en las discusiones a favor del aborto el principal argumento es que la mujer es dueña de su propio cuerpo y, por lo tanto, las decisiones sobre su cuerpo le competen sólo a ella. Pues bien, yo voy más allá, y creo que estar a favor del aborto es promover una paternidad responsable. Es tener, insisto, un poquito de sensibilidad hacia el otro.

Y creo que esto puede sustentarse desde una perspectiva más integral con los trabajos de John Bowlby (trabajos que, irónicamente, fueron criticados por algunas esferas del feminismo), un psicoanalista inglés, notable por su interés en el desarrollo infantil y sus pioneros trabajos sobre la teoría del apego.

Para muestra, recomiendo leer “Cuidados maternos y salud mental”, una recopilación realizada por Bowlby a petición de la Unicef luego de las guerras mundiales.

A grandes rasgos, lo que Bowlby encuentra es que la presencia constante de la madre, o de un cuidador principal con quien el niño pueda establecer una relación de apego, es muy importante para un óptimo desarrollo general del niño en todos los aspectos, tanto fisiológicos como emocionales, y de ello dependerá su bienestar futuro, paralelamente, tanto en su salud física y mental general como en su capacidad para establecer relaciones interpersonales satisfactorias.
Él resume cómo, en varias investigaciones de diversos países, existe una constante y es que la privación de los cuidados de la madre (sea ésta por fallecimiento, abandono, enfermedad, jornada laboral excesiva o, inclusive, presencia sin un real interés y cuidado en el niño), provoca en el infante deterioros en su salud física, cognitiva y emocional, y afectan, muchas veces de manera irreversible, su capacidad para relacionarse con otros.

Los efectos de la privación materna son más graves cuanto más pequeño es el infante, a pesar de que el bebé no pueda expresarlo y aparente “acostumbrarse” y aceptar pasivamente tal privación.
Bowlby y muchos otros encontraron que esto había en el fondo de cientos de casos de delincuencia juvenil y conductas psicópatas. Y no me refiero con esto sólo a asesinatos o crímenes muy visibles, sino que en general el sujeto pierde la capacidad de establecer relaciones profundas con los otros. En otras palabras, le da lo mismo lo que suceda con los demás. Imaginemos ahora qué pasa si este sujeto tiene una posición laboral cuyas responsabilidades implican tomar decisiones que afectan a otros. Por otra parte, esto me recuerda un caso tratado en Freakonomics que, si bien tiene sus controversias, te pone a pensar.

En todo caso, creo que es necesario distinguir entre un embarazo no planeado de un embarazo no deseado. Aunque abogo por una paternidad planificada, claro que no es lo mismo aceptar con amor la llegada imprevista de un nuevo ser, que aceptarlo por obligación y sin la más mínima intención de cuidar realmente a ese bebé, o con el deseo -inconsciente o consciente- de deshacerse de él a la menor oportunidad. Sea que esto signifique un abandono completo, o algo más sutil como pagar a un tercero para que se ocupe del niño en todo momento y lugar, o el mayor tiempo posible.

CELEBRA Y COMPARTE TU EXPERIENCIA EN LACTANCIA

Semana Mundial de la Lactancia 2014

CELEBRA Y COMPARTE TU EXPERIENCIA EN LACTANCIA

El Club para mamás organiza un encuentro familiar en Chacaíto este sábado 2 de agosto a las 9 am

La ONG Club para mamás y el Consejo de Derechos de Niños Niñas y Adolescentes del

Municipio Chacao vuelven a establecer lazos de cooperación para la celebración anual de la

Semana de la Lactancia y este año abrirán con un Picnic en el Parque Pedro Centeno Vallenilla,

de Chacaíto, a las 9:00 am.

“Celebra la lactancia” es un evento donde las madres y familias compartirán sus experiencias

al amamantar, mientras disfrutan de una merienda acompañada actividades de narración oral

y canciones para los bebés a cargo de La rana encantada.

Como parte de las metas del milenio de la ONU, la lactancia es un factor muy importante para

la salud materna e infantil, e incluso en la protección contra el VIH; por ello, este año, WABA y

UNICEF la celebran bajo el lema Un triunfo para toda la vida.

“Queremos compartir con las familias esta esperanza, celebrar cuánto hemos disfrutado

amamantar, apoyar a quienes se inician desde las experiencias de quienes ya han amamantado

y conocer a las personas que apoyan la lactancia desde las redes sociales” comenta Holanda

de Castro, directora del Club para mamás. “Trae una manta para sentarte, una fruta para

compartir y muchas ganas de pasarla bien. Y si es posible hazte un papelito con tu nombre de

twitter o instagram y la etiqueta #semanalactancia para compartir en redes y en persona.”

En este sentido, desde el Club para mamás también estarán haciendo una campaña para la

difusión de los aspectos relevantes de la lactancia en el cumplimiento de las metas del milenio

entre el 1° y el 9 de agosto.

Si perteneces a una organización o grupo, y quieres unirte a la celebración, escribe a

info@clubparamamas.com para coordinar la manera de incorporarte y abrir espacios de

inclusión que nutran el encuentro.

El picnic “Celebra la lactancia” será el sábado 2 de agosto, a las 9:00 am, en el Parque Pedro

Centeno Vallenilla (Av. Principal de El Bosque. Entre Chacaíto y la Av. Libertador) y la entrada

es libre. Para participar, solo debes escribir un email a clubparamamas@gmail.com.

Trabajar desde casa con un bebé: algunas buenas prácticas

Recientemente escribí una entrada con un título similar, y me di cuenta al poco tiempo que el título prometía dar consejos o por lo menos hablar un poco más de lo que significa concretamente trabajar desde casa con un bebé o un niño pequeño, y no una reflexión general sobre el tema. Así que aquí va esta entrada para compensar lo anterior.
Como verán, ya casi voy a cumplir año y medio trabajando en estas condiciones, unos meses dedicada enteramente a trabajos del hogar y el cuidado de mi hijo, y otros combinando estas actividades con otras remuneradas. Les comparto algunas prácticas que me han funcionado:

1. No tener horarios. He leído en algunas páginas el consejo contrario, es decir, acatarse a horarios fijos. Creo que esto depende de cada quien. Antes de que naciera León, pese a que mi condición como estudiante de doctorado de tiempo completo me permitía ya el lujo de determinar mi ritmo de trabajo, me funcionaba trabajar con un horario como de oficina. Por el contrario, desde que nació León me funciona más olvidarme, en lo posible, del reloj. Pensar en horarios me estresaba mucho, simple y sencillamente porque era imposible seguirlos. Así que un día decidí que no importaba si mi día empezaba a las nueve o a las diez de la mañana, si me bañaba por las mañanas o por las noches, si el almuerzo casi parecía comida de tan tarde, si un día avanzaba en mi tesis en la mañana y otro en la tarde y otro mañana y tarde y otro sólo prendía la computadora y la dejaba en reposo todo el santo día. Acepté que hay días en que tu hijo te necesita, y otros en los que duerme más o prefiere jugar solo y puedes avanzar en tus otros pendientes.

2. Juntas virtuales. A pesar de que las personas con quienes tenga que reunirme vivan en la misma ciudad, las juntas virtuales me resultan más efectivas. Así, me ahorro el tiempo de los traslados, la estacionada y el que tengo que ocupar para preparar lo necesario para que alguien más se quede con León. De cualquier manera ocupo que alguien lo cuide mientras dura la videollamada, pero es menor y estoy más a la mano en caso de que se requiera. Esto era más necesario los primeros meses en que estábamos con LME, pero como sea es útil. También he notado que la plática del preámbulo dura menos. En cierta forma, esto significa menos socialización con los otros, pero en definitiva suelen ser juntas más efectivas laboralmente hablando.

3. O una cosa u otra. He tenido que aceptar que no se puede todo. Si quiero preparar yo misma desayuno, comida y cena, por ejemplo, tengo que saber que ese día no haré nada de trabajo remunerado. Y al revés, si necesito entregar un trabajo, entonces es preferible comprar comida hecha y simplificar desayuno y cena. Algo similar pasa si mi bebé está particularmente inquieto. He notado que se queda más tranquilo si me ve haciendo limpieza que si me ve delante de la computadora. Así que si un día no me deja hacer nada que implique computadora, mejor lo dedico a limpiar o lavar ropa. O de plano a jugar con él y, de paso, estimular su aprendizaje y enseñarle algunas cosas básicas como guardar los juguetes al terminar de usarlos, o acompañarlo en su proceso de socialización con otros niños de la cuadra.

4. Cambiar de ambiente. He notado también que León suele ponerse más inquieto si pasa mucho tiempo en un lugar, particularmente en la estancia donde tengo mi escritorio. Así que a veces mis actividades se convierten en una especie de rally. Barro aquí, ordeno allá, leo aquí, edito allá. El uso del ipad y de aplicaciones para editar como Pdfnotes, Pages, o para llevar mis documentos simultáneamente como Dropbox y iCloud me han servido mucho.

5. Involucrar a mi hijo en mis actividades. Esto es más fácil, dada su edad, en las tareas de la casa. Y uno tiene que aceptar que su ayuda es, bueno, peculiar. Pero aquí lo importante es hacerlo parte del equipo familiar, y no tanto qué tan bien sacudido queda o si tenemos que volver a barrer.

6. Trabajo en equipo y comunicación. Mi pareja y yo, desde siempre, participamos en todas las tareas y nos ayudamos también en nuestras actividades laborales. Con la llegada de León, durante los primeros meses él básicamente se encargó de la limpieza porque mucho del cuidado del bebé dependía de mí. Pero cumplido un año y sin un trabajo estable, yo sentí que ahora la responsabilidad de la casa era más cosa mía, cosa que me estresaba demasiado. Tuve que aclarar mi mente, identificar por qué sentía esto y, sobre todo, ser muy clara para pedir ayuda. Si uno no dice “necesito que hoy o mañana me ayudes en tal cosa” es difícil que el otro adivine nuestros pensamientos. Ahora hemos vuelto a como hemos sido siempre: los dos colaboramos en lo que se necesita, lo mismo cambiar un pañal que lavar un plato o editar un texto.

7. Ser realista. Esto significa no aceptar más trabajo del que soy capaz de manejar y, de entrada, no aceptar proyectos con calidad de urgente. Suena fácil, pero yo estaba acostumbrada a estar involucrada en muchos proyectos a la vez y, de igual forma, las personas estaban acostumbradas a un ritmo de trabajo de mi parte que ya no me es posible mantener. Así que constantemente tengo que recordar este punto.

8. Dormir bien. Hay personas que pueden dormir cuatro horas y seguir con sus días, pero yo no soy de esas. De nada me sirve pretender trabajar por las noches si al día siguiente voy a estar de mal humor. Entonces, decidí que es mejor tener una mamá descansada. Así, además, soy más productiva y estoy más concentrada en esos minutos en que puedo dedicarme a pendientes laborales.

9. Entender que mi prioridad, en este momento, es mi hijo. Mi hijo llegó porque así lo decidimos y deseamos su padre y yo. Más: cualquier hijo, planeado o no, llega al mundo porque así lo deciden sus procreadores. Uno debe estar consciente del compromiso que adquirimos al decidir traer un bebé a este mundo, y responder a él. En términos prácticos, esto a veces significa rechazar un proyecto tentador y prometedor para nuestras carreras profesionales, pero que sabemos significaría dejar en segundo lugar a nuestra vida familiar. Menos dramático, significa también darme tiempo para llevar a León al parque o, por lo menos, para jugar con él un buen rato todos y cada uno de los días. De esta manera, él también está más dispuesto a tener paciencia y esperar a que llegue el momento de salir a jugar, porque sabe que efectivamente ese momento llegará y no son promesas vacías. Por otra parte, me permite disfrutar libremente, sin culpas ni presiones, la alegría inmensa de compartir estos días con mi pareja y mi hijo.

Trabajar desde casa

Combinar el trabajo con la paternidad no es fácil, en cualquiera de sus combinaciones: sea que uno decida trabajar en la casa, trabajar con remuneración desde casa o trabajar con remuneración fuera de casa. Cada una tiene sus retos, sus altas y sus bajas. Cada una conlleva sus momentos de duda: ¿estaré haciendo lo correcto?

Pero si algo se aprende en esto de ser mamá y papá es que eso de lo correcto… nunca se está seguro de qué es.

Pero henos aquí: hoy mi familia y yo cumplimos dieciséis meses de trabajar desde casa para amamantar y –ahora lo veo– para criar en libertad.

No, no siempre es fácil. Y no, no siempre me siento tan segura de mis decisiones. Pero lo cierto es que esos momentos de duda y de cansancio terminan siempre por reforzar mi convicción de criar a mi hijo yo misma. Y lo cierto es que jamás había tenido tan bajos niveles de estrés en mi vida adulta.

Antes, cuando practicaba Tai Chi, sentía cómo se relajaba todo mi cuerpo y dejaba ir el estrés. Ahora, sólo siento el agradecimiento de mi cuerpo por estirar y fortalecer mis músculos, pero no siento la dureza que antes siempre estaba ahí.

Justo ahora estoy por comenzar una nueva etapa: luego de que este semestre fue de pausas, de trabajos eventuales, de dedicarme mucho más a mi hijo y a la casa, regresan mis ganas de reincorporarme a la investigación y a la creación.

Sí: mi sueño dorado era conseguir una beca para escribir que me permitiera quedarme en casa con León y hacer esas dos actividades que tanto me gustan sin tener que preocuparme por las cuentas por pagar: No quiero nada, ¿verdad? Pero no se dio.

Ahora, si deseo reincorporarme a la investigación tengo que reincorporarme a la academia, y eso significa dar clases. En agosto, si todo sale bien, tendré un grupo en la universidad. Un grupo. Suena poco, pero a veces siento un poco de miedillo de ver cómo será este regreso al mundo laboral más formalmente.

De cualquier manera, mi pareja y yo hemos decidido que continuaremos como hasta ahora: criando a nuestro hijo entre los dos, trabajando desde casa el mayor tiempo posible.

Amamantar: tiempo para aprender

Luego de cumplir el año, León se muestra cada día más interesado por aprender todo del mundo. Uno de sus pasatiempos favoritos consiste en señalar objetos para que su padre o yo le digamos el nombre correspondiente. Y esto lo ha hecho con más insistencia durante sus tomas diurnas y, sobre todo, en la toma antes de dormir.
Como se imaginarán, lo que señala mientras mama son diferentes partes del rostro, ya sea el mío o el de él. Así, a estas alturas ya sabe cuál es la nariz, la frente, los labios, los dientes, la lengua, los pies, las orejas, las mejillas, el cabello, la cabeza, el pecho y el cuello.
Eso me dio una idea para esta entrada: amamantar también es un tiempo para aprender.
Sí: confieso que hay días en que yo misma siento que quizá tengan razón cuando me dicen que amamantar me quita mucho tiempo. Pero hace poco, cuando su abuelo le preguntó dónde está la nariz y él señaló su nariz sin titubeos, la sorpresa del abuelo creció a la par que una sensación de satisfacción y orgullo que, sin duda, muchas madres conocen.
Entonces me doy cuenta de que no es que me quite tiempo, sino que toma tiempo. Pero, caray, ¿que acaso no está en la naturaleza de los niños necesitar tiempo y atención por parte de su cuidador, máxime si son sus padres? Quizá si tomara en biberón podría tumbarse a ver la tele y yo podría hacer otra cosa. Quizás no. Pero quizá también mi hijo requeriría más tiempo y más atención en otros momentos.
Lo que sé ahora es que amamantar, si bien toma su tiempo, me permite aprovechar nuestro tiempo juntos, pues no sólo se trata de alimentar, sino de reforzar nuestro vínculo, de aprovechar cada instante para decirle que lo quiero y, ahora, de redescubrir el mundo junto a él.

Lactancia materna, crianza y género: a propósito de una campaña

Ya es bien conocida la polémica que desató la campaña del Gobierno del Distrito Federal para fomentar la lactancia materna. En el camino, me tocó escuchar y leer todo tipo de comentarios, desde aquellos que defendían la campaña hasta aquellos, los más, que la criticaban por considerarla machista e irreal. Como madre que amamanta a su hijo desde hace ya quince meses, beneficiaria de La Liga de Leche y colaboradora del sitio lactivistas.org, no puedo ignorar el asunto.

En general, tanto la campaña misma como las críticas que suscitó reflejan la poca información que existe sobre la lactancia materna y todos los mitos que, en cambio, la rodean. Con todo, dos cosas hay que reconocerle a la campaña: logró que se hablara del tema mucho más de lo que se había visto con esfuerzos similares y, aunque no tengo estadísticas al respecto, sí creo que hay más probabilidades de que una mujer joven quiera parecerse a Camila Sodi, por ejemplo, que a una mujer que no conoce y que se ve más o menos como el promedio. Ahora bien, estoy de acuerdo en que uno de los errores de la campaña es que las fotos se prestan a la asociación sexual de los senos femeninos, que es precisamente uno de los grandes tabúes que dan tanta lata cuando se amamanta en público, máxime cuando el lactante en cuestión sobrepasa los doce meses de edad. Mucho pueden aprender de la campaña Be a star, que dirigen mujeres jóvenes en Inglaterra y la cual logra, con mayor éxito en mi opinión, mostrar que amamantar puede tener mucho de glamour y empoderamiento femenino si de eso se trata.

Pero mucho más me sorprendieron las críticas. Mencionaré un par de ellas.

Una de las críticas que más encontré fue el hecho de que la campaña no parecía respetar el derecho que cada madre tiene de amamantar o no a sus hijos, o bien que es una decisión privada que no compete al Estado. Definir dónde está el límite entre lo público y lo privado es peliagudo: pero venga, si se trata de una decisión privada, que sea una decisión informada, y entonces descubriremos que no da lo mismo amamantar que no hacerlo. Podemos empezar tan solo con la amplia recopilación Cuantificación de los beneficios de la lactancia materna: reseña de la evidencia (a la que ya antes he referido), realizada gracias al apoyo de diversas instituciones y organizaciones tales como la Organización Panamericana de la Salud, entre otras, y que, como su nombre lo indica, contiene una serie de reseñas de investigaciones científicas realizadas en diversas partes del mundo sobre los efectos de la lactancia materna en la morbilidad y la mortalidad infantil, el desarrollo intelectual y motor, enfermedades crónicas tales como la diabetes y la hipertensión, la salud de la madre y los beneficios económicos que se asocian con su práctica.

Lo cierto es que, en sus casi doscientas páginas, una y otra vez es posible observar la tendencia que confirma, estudio tras estudio, que nada puede igualar los efectos positivos de la leche materna tanto en los niños como en sus madres y, más allá, en sus familias y comunidades. Quizá para una mujer que esté leyendo estas páginas no queda claro el impacto de la lactancia en la comunidad, pero para estratos sociales más bajos, fomentar la lactancia materna significa una menor tasa de mortandad entre niños menores de cinco años (hasta un 40% de acuerdo con la Unicef), menor frecuencia de enfermedades y alergias y, por lo tanto, menor gasto en visitas a médicos, hospitales y medicamentos, y mayor ahorro en tanto que no se necesita gastar en biberones o leche artificial.

Además, los bebés amamantados en libertad, cargados frecuentemente y que duermen con sus padres, son bebés que tienen un menor riesgo de presentar desórdenes emocionales en su vida adulta.

Existen también otros estudios, como el de Macías-Carrillo y otros autores, que demuestran que un bebé alimentado con biberón tiene mucho más riesgo de padecer diarreas agudas, independientemente del nivel socioeconómico en el que se desarrolle. Esto significa, efectivamente, que alimentar con biberón es un riesgo, sobre todo en los tres primeros meses de vida del bebé. De hecho, existen recopilaciones de estudios sobre los riesgos que conlleva alimentar a un bebé con leche artificial, los cuales incluyen una mayor propensión al asma, a alergias alimenticias, enfermedades respiratorias en general, mayor riesgo de cáncer y otras enfermedades crónicas y menor desarrollo cognitivo.

Cuando la promoción de la lactancia materna se hace desde esta perspectiva, muchas madres que, por diversas circunstancias, no pudieron amamantar a sus hijos suelen sentirse juzgadas. Pero no se trata de un juicio moral: es mera evidencia. ¿De dónde viene la interpretación moral? Me aventuro a pensar que la respuesta tiene que ver con varias estadísticas que aseguran que, si bien la mayoría de las personas consideran que es mejor la leche materna y que la mayoría de las madres desean amamantar a sus hijos, los números caen dramáticamente luego de las seis semanas de vida del bebé, lo que coincide, por otra parte, con la finalización del permiso por maternidad que suele darse en los trabajos formales. Es decir, las madres desean amamantar, pero el ambiente que las rodea no favorece esta práctica: ya sea porque no contaron con el apoyo necesario para superar algunos obstáculos frecuentes (grietas por una mala postura, obstrucciones que derivaron en mastitis, poco aumento del peso del recién nacido por un mal acomodo del bebé, en fin), sea porque se vieron envueltas en mitos (tu leche no lo llena, déjalo llorar, dale un chupón, etcétera), o ya sea porque a su vuelta al trabajo no encontraron facilidades para continuar con la práctica, tales como la falta de lugares y horarios propicios para extraer y almacenar la leche materna.

En este sentido, y concentrándonos en México, si en nuestro país, de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública, las enfermedades crónicas tales como la obesidad, la hipertensión y la diebetes aumentan su prevalencia y su porcentaje como causa de mortalidad, mientras que enfermedades asociadas a la desnutrición prevalecen por encima de los niveles observados en otros países con ingreso similar al nuestro, a pesar de los esfuerzos para contrarrestar ambos fenómenos, se espera que se tomen medidas para prevenir tanto lo uno como lo otro.

Entonces, si el Estado promueve campañas pro lactancia materna y legislaciones que la favorezcan, en realidad está haciendo su trabajo: en lo que atañe a la salud pública, por un lado, y protegiendo los derechos laborales de sus ciudadanos, por el otro, específicamente los derechos laborales de las madres.

Otro de los comentarios que leí fue que la citada campaña refuerza la idea de que la crianza es cosa de mujeres, y que deberían informar y promover que los padres alimenten a sus hijos con leche materna extraída. Esta crítica me parece por demás desafortunada. Refleja, a mi juicio, un pobre entendimiento de las necesidades de un bebé y un limitado concepto de familia.

Un bebé no sólo necesita ser alimentado, necesita que lo carguen, que lo bañen, que lo limpien, que le canten, que lo estimulen, que lo acompañen y, luego de los seis meses, que lo inviten a descubrir toda la gama de texturas, sabores y olores que ofrecen otros alimentos. El vínculo afectivo entre el bebé y el cuidador que no amamanta (padre, otra madre, abuelo, abuela, tía, hermano, etc.) puede darse de múltiples maneras.

Y es más, toda la dinámica familiar es mucho más compleja. Daré un caso concreto: en prácticamente todo el primer año de vida de mi hijo, la limpieza de la casa recayó en mi pareja. Esto, que a primera vista parecería no tener nada que ver con la lactancia o la crianza, tuvo un fuerte y positivo impacto en ambos: tuve la fortuna de amamantar con plena libertad, y un ambiente de tranquilidad se refleja en un bebé más tranquilo. En efecto, el estrés en la madre provoca que los niveles de cortisona, la hormona del estrés, suban en el niño, lo amamante o no, porque es un instinto de supervivencia: el bebé desconoce la causa del estrés; para él, la situación estresante significa peligro, y actuará según le dicta su instinto para sobrevivir: hará lo necesario, llorar sin parar si es preciso, para permanecer al lado de su madre o de su cuidador.

Algunas críticas asociaron la lactancia materna y su promoción al refuerzo de ciertos estereotipos sociales, cuando en realidad apoyar a la madre que amamanta implica un mayor involucramiento de la pareja en todo lo que se refiere al cuidado del hogar y la crianza de los hijos, máxime si hay hijos mayores en la familia.

Pensar que el amamantar frena el desarrollo intelectual y laboral de la madre me parece un profundo error y un desconocimiento total de lo que significa e implica su práctica. Y diré más: considerar que la equidad de género y que el desarrollo de la mujer sólo puede darse por la vía laboral restringe el tema a una lógica del capital donde sólo se es valioso si se produce, y si lo que se produce genera riqueza. Vale la pena cuestionarse si no deberíamos empezar a pensar diferente.

Lactancia materna, colecho y cognición (parte 2)

Ya en una entrada anterior hablé un poco sobre algunos estudios relativos al tema, y me enfoqué en un número de Clinical Lactation sobre algunas técnicas de crianza que recomiendan dejar llorar al bebé para acostumbrarlo a dormir solo o a tener horarios en su alimentación. En esta ocasión quiero concentrarme en los efectos que tiene la lactancia materna en libertad que incluye, en su definición, la práctica del colecho y el amamantar a libre demanda.

Sobre el tema, les recomiendo la amplia recopilación Cuantificación de los beneficios de la lactancia materna: reseña de la evidencia, realizada gracias al apoyo de diversas instituciones y organizaciones tales como la Organización Panamericana de la Salud, entre otras, contiene una serie de reseñas de investigaciones científicas realizadas en diversas partes del mundo sobre los efectos positivos de la lactancia materna en la morbilidad y la mortalidad infantil, el desarrollo intelectual y motor, enfermedades crónicas tales como la diabetes y la hipertensión, la salud materna y los beneficios económicos que se asocian con su práctica.

Uno de los aspectos valiosos, a mi juicio, de este trabajo, es que en las reseñas de las investigaciones se incluye información sobre la metodología utilizada, el tamaño de las muestras y las definiciones de lactancia materna que se usaron en cada estudio. Así, si bien es claro que la intención es hablar de los beneficios de la leche materna, también distingue en cuáles estudios la evidencia es más significativa y en cuáles hay que tomar en cuenta aspectos que podrían haber intervenido en las conclusiones finales.

Lo cierto es que, en sus casi doscientas páginas, una y otra vez es posible confirmar la tendencia que confirma, estudio tras estudio, que nada puede igualar los efectos positivos de la leche materna tanto en los niños como en sus madres y, más allá, en sus familias y comunidades.

Así, por ejemplo, ante la presión que suele darse, sobre todo en Latinoamérica, para iniciar la alimentación complementaria a los cuatro meses, contrastan los resultados del estudio llevado a cabo por Dewey, Cohen, Brown y otros, en Honduras. En él, compararon los efectos en el desarrollo motor de bebés alimentados exclusivamente con leche materna durante cuatro meses y el de aquellos bebés que continuaron con leche materna exclusivamente hasta los seis meses. De acuerdo con estos autores, los lactantes que recibieron leche materna únicamente durante los primeros seis meses de vida gatearon más temprano, se sentaron solos más rápido y tendieron a caminar a los doce meses de vida, en comparación con los lactantes que iniciaron su alimentación complementaria a los cuatro meses.

Ello me hace recordar los comentarios que recibí, precisamente, entre los cuatro y los seis meses de vida de León. León era un bebé grande y pesado y esto, en lugar de ser una prueba de que la leche materna era todo lo que él necesitaba, era usado para convencerme de que ya necesitaba otro tipo de alimentación y que mi leche ya no le era suficiente. Y, por otra parte, para todos era sorprendente lo rápido que se desarrollaba en sus habilidades motoras: se sentó sin ayuda a los cinco meses, empezó a gatear a los seis, dio sus primeros pasos a los nueve y caminó ya por su cuenta al final de los diez meses.

Los beneficios de la leche materna parecen ser más reveladores en bebés con bajo peso al nacer, como el dirigido por Horwood, Darlow y Mogridge en Nueva Zelanda. En él, se evaluaron las puntuaciones del cociente intelectual de la capacidad verbal y de ejecución, obtenidas con la escala de inteligencia infantil de Wechsler, de 280 lactantes con muy bajo peso al nacer, nacidos en 1986 y evaluados entre los siete y ocho años de edad. La duración de la lactancia materna se asoció significativamente a las puntuaciones del cociente intelectual. Así, por ejemplo, los lactantes amamantados durante ocho meses o más tuvieron en promedio una puntuación del cociente para la capacidad verbal 10,2 mayor y una puntuación del cociente para la capacidad de ejecución 6,2 puntos mayor que los lactantes no amamantados.

Por supuesto que aquí entran una serie de factores socioeconómicos que influyen a nivel perinatal y familiar pero, inclusive tras ajustar los resultados por estos y otros factores, los bebés amamantados por más tiempo registraron mejores puntuaciones.

Otro caso es el estudio de Anderson, Johnstone y Remley, dirigido en escenarios urbanos y rurales de diversos países tales como Reino Unido, Estados Unidos de América, Australia, Alemania, Nueva Zelanda y España, y en el que se usaron pruebas de desarrollo cognitivo como las escalas de Bayley, la prueba de vocabulario en imágenes de Peabody, el índice cognitivo general de las escalas McCarthy y también la escala Wechsler. Según sus resultados, el beneficio medio sin ajuste observado en la puntuación del desarrollo cognitivo correspondiente a la lactancia materna, en comparación con la alimentación con fórmula, osciló entre 5 y 6 puntos. Tras el ajuste –es decir, luego de considerar la influencia de otros factores además de la alimentación–, la diferencia disminuyó a 3,16 puntos, pero permaneció siendo significativa. Y precisamente el grupo en el que se observó el mayor beneficio de la leche materna fue en el de niños y niñas con bajo peso al nacer, y este beneficio se observó más en aquellos niños amamantados por más tiempo.

Los resultados se corroboran en otros estudios llevados a cabo en diferentes países y con diferentes variables, tales como el nivel de educación de los padres, la zona geográfica y el nivel socioeconómico familiar. Con diversas variables, la lactancia materna se sigue asociando con mayores puntuaciones en las escalas de desarrollo mental, y son mayores cuando la lactancia materna continúa ocho meses o más.

Me llama la atención que en los diferentes estudios, los periodos de duración de la lactancia materna no suele distinguir más allá de los ocho meses. Es decir, cada estudio varía en sus categorías de duración, pero se observa consistentemente que todas incluyen una última categoría de N meses/semanas o más que no sobrepasa el año. Ello me lleva a pensar que es muy difícil encontrar bebés amamantados más allá de sus primeros doce meses de vida. Además, la práctica prolongada de la lactancia materna se asocia también a un mayor nivel educativo y socioeconómico de la madre, lo que dificulta la eliminación de factores de confusión no controlados en pruebas de inteligencia en estudios longitudinales.

Así, por ejemplo, el de Rodgers, un estudio prospectivo de una muestra de 5,362 bebés a quienes se les realizó un seguimiento durante quince años, y si bien en este estudio también se asoció la lactancia materna con mayores puntuaciones en pruebas de inteligencia, es difícil establecer un resultado contundente que apunte solo a la lactancia materna cuando ésta está fuertemente relacionada con la educación y el nivel socioeconómico de la madre.

También en Monterrey veo este fenómeno que no deja de sorprenderme, y es que es muy común que la práctica de la lactancia materna se abandone con facilidad en clases sociales bajas. Por supuesto que la falta de información puede jugar un papel determinante pero, dado que la leche artificial conlleva gastos extra en el cuidado de un bebé, resulta extraño que las instituciones públicas de salud no inviertan más en campañas de información y, en lugar de eso, regalen latas de leche en polvo a las madres derechohabientes. El tema amerita más investigación y da para otra entrada.

Sobre la alimentación complementaria

Debo empezar por recordar que esto que escribo es producto de mis experiencias y reflexiones personales, y que de ningún modo soy una experta en estos temas.

Justo hace un par de semanas, luego de que mi hijo -ya de trece meses- comía de todo y cada día con mayor apetito, pasó por un periodo en el que sólo quería leche materna, y no aceptaba otro alimento. Me preocupé un poco pues, inclusive en los sitios que promueven la lactancia materna en libertad, leía que, a diferencia de los primeros doce meses de vida del bebé en que la leche materna es su principal alimento, luego del año el niño debe comer más de otros alimentos. Mi preocupación terminó cuando me di cuenta que mi hijo volvía a pedirme otros alimentos, con el mismo interés y apetito que había mostrado anteriormente. Entonces me percaté que la semana en que sólo quería leche había coincidido con eventos extraordinarios: la inflamación de su encía superior por la próxima aparición de los incisivos, una pequeña irritación de garganta por el cambio de invierno a primavera y la alteración de la rutina familiar con más salidas y distracciones que de costumbre.

Esta mañana tengo a los abuelos paternos de visita. A veces me da un poco de pena que lleguen mis padres o mis suegros y vean que vivimos sin horarios, que nos levantamos un poco tarde y que tardamos horas en el desayuno. Y es que, con todo y que mi suegra o mi mamá siempre están dispuestas a ayudar, eso de desayunar y limpiar la cocina con un bebé puede tomar más tiempo de lo que se cree.

Pero hoy caí en la cuenta de lo importante que es tomarse su tiempo, y lo importante que resulta estar en casa con un bebé que apenas está conociendo el mundo y que está en un momento clave en su desarrollo en todos los sentidos.

Y es que hoy, que el desayuno se alargó más de lo acostumbrado, León comió de todo: naranja, papaya, tortilla, barbacoa, aguacate y hasta una galleta. Claro: no se comió todo de una sola sentada. Lo que sucedió es que primero nos vio comiendo fruta y se le antojó, y mientras digería esos alimentos estuvo conviviendo con todos en la mesa. Luego nos percatamos de que no había tortillas y abuela y bebé se ofrecieron a ir –caminando, pues tenemos una tortillería cercana– por ellas. A su regreso, claro, ya le había dado más hambre, y se sentó de nuevo con todos a almorzar.

Caí en la cuenta de que eso es lo que pasa cuando estamos los tres solos en casa. Mi hijo tiene la libertad pero, sobre todo, la oportunidad de que yo o su papá estemos ahí para que nos señale ya su sillita, ya los alimentos, ya el refrigerador. A su modo, nos dice que tiene hambre, y uno puede tomarse el tiempo de prepararle alimentos variados antes de que el hambre se manifieste en llantos o rabietas.

Extracción Manual y Masaje del Pecho

 

 La extracción manual es una herramienta importante entre las disponibles para la lactancia. Les acercamos este video realizado por Maya Bolman, IBCLC y Ann Witt, MD, FABM, IBCLC y traducido por Veronica Garea, MS, PhD, IBCLC . Agradecemos a Maya Bolman la oportunidad de hacer que este video esté disponible para las madres de habla hispana.

Video: todos los derechos de Maya Bolman y Ann Witt. 


“Puede usarse nuestro video con objetivos educativos y en contextos que no violen el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna de la OMS. El video no puede ser editado. Debe ser reproducido con todos los créditos tal como se muestran en el video. / You may use our video for educational purposes and not in any context that violates the WHO International Code on the Marketing of Breastmilk Substitutes.   The video should not be edited.  It should be played with full accreditation as noted in the video”

I88x31 Extracción Manual y Masaje del Pecho

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©GALM Bariloche. Permitida la reproducción sin modificaciones y citando la fuente.

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Doce meses amamantando

Hemos cumplido ya doce meses de lactancia materna y eso merece una reflexión. Van algunos apuntes.

Cosas que disfruto de amamantar a un bebé de doce meses:
– Que mi bebé me demuestre con sonrisas y ruidillos de emoción lo feliz que se siente cuando sabe que lo voy a amamantar.
– Que me acaricie mientras toma su leche.
– Que aplauda y sonría mientras toma su leche.
– Que, al terminar, chasquee su lengua en señal de “deliciosa, mamá”.
– Que balbucee “tetita” en voz muy suave mientras me busca, dormido, por las noches.
– Esa sensación de ser casi todo lo que necesita para ser feliz. Al menos por ahora y sin olvidar el sutil pero importante “casi”.
– Por supuesto, que a la fecha no sepamos ni de desvelos ni de enfermedades ni de llantos interminables.

He aprendido en estos doce meses: a amamantar en libertad, sin horarios ni relojes.

Recuerdo que al inicio me estresaba mucho ver que ya eran las once de la mañana y yo apenas había podido preparar el desayuno y desayunar, ya no se diga bañarme y limpiar la cocina y tender la cama y, ¡uf!, mientras más pensaba en la lista de cosas no hechas más me estresaba. Recuerdo que, aunque disfrutaba amamantar a mi hijo, no podía evitar mirar el reloj cada cinco minutos y preguntarme cuándo me soltaría para poder hacer esto y lo otro y aquello…
Hasta que leí que, para amamantar felizmente, había que olvidarse del reloj.

Es un lujo, lo sé. Pero de pronto caí en la cuenta de que yo podía darme ese lujo. Y aun más, que ese lujo en realidad es un acto de amor que repercute en lo que más me importa: mi familia.

Y, poco a poco, me fui olvidando de los horarios para todo.

Eso es lo que más disfruto de trabajar desde casa: no tengo por qué exigirme horarios rígidos.

A veces nos levantamos más temprano y a veces nos dormimos más tarde. A veces mi hijo toma siestas y a veces no. A veces comemos a unas horas y a veces a otras. A veces limpiamos la casa por las mañanas y a veces por las tardes. Hay días que avanzo mucho en los trabajos remunerados que me encargan y otros días simplemente no puedo ni acercarme a la computadora. Hay días en que bañamos a nuestro hijo al despertar, otros al medio día y otros antes de acostarnos. Hay días que preparo la comida y otros compramos comida hecha. Y lo curioso es que ahora la casa tiene más orden y está más limpia.

Jamás me imaginé una maternidad así.

Sé que eventualmente tendremos que tener horarios más rígidos.

Pero qué felices somos por ahora.

Cómo atenuar el estrés en el hogar bajo situaciones de crisis

Para nadie es un secreto que nuestro país vive momentos de estrés constante debido a la delicada situación política y social. Como familia lo primordial es garantizarnos un clima de bienestar y seguridad emocional, sobre a todo cuando tenemos niños pequeños en casa, y como ciudadanos promover el diálogo, la reconciliación y la paz, sea cual sea su tendencia o ideología.

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Aquí algunos consejos generales basados en las Recomendaciones de la Red de Apoyo Psicológico UCV (07/10/2012).

  • La violencia genera violencia. Evítela.
  • Propicie el diálogo y evite la confrontación.
  • Controle las expresiones de miedo o rabia. Trate de mantener la calma.
  • Cuide espacios de convivencia y participación, tales como la familia, la escuela, la comunidad.
  • Trate de no exponer a los menores a expresiones de violencia. No lleve niños a marchas y manifestaciones.
  • Proteja la integridad física y psicológica de los niños, adolescentes, ancianos, enfermos y personas con discapacidad.
  • Trate de mantener los hábitos y rutinas de los niños en el hogar y la escuela.
  • Diga a los niños sólo los detalles concretos y básicos de las situaciones políticas, de forma que ellos los puedan entender. Déles la oportunidad para dibujar y jugar, y aproveche esas experiencias creativas para invitarlos a contar sus historias sobre lo que ven y sienten con lo que ocurre.
  • Genere o fortalezca redes de apoyo que ofrezcan espacios de intercambio y seguridad afectiva.
  • Esté atento a sus reacciones emotivas y evite descargar expresiones de miedo, rabia o impotencia en los más cercanos  (pareja, familiares, amigos, vecinos o colegas).
  • Realice actividades de índole física, social o espiritual, que propicien el encuentro de un lugar de paz dentro de sí mismo y/o de comunión con otros. Facilite el equilibrio de los procesos de alimentación y descanso.
  • Antes de seguir o hacer circular un rumor (via email, mensaje de texto o Twitter), verifique la fuente y veracidad del mismo.
  •  La transmisión de rumores alarmistas puede generar situaciones de pánico, violencia, etc. Sea responsable de la información que transmita.
  • Evite hacerse eco de rumores de desabastecimiento y realizar compras nerviosas.
  • Rechace convocatorias personales o colectivas a actos de violencia. 
  •  Evite el aislamiento. Mantenga la comunicación y el intercambio de opiniones que ofrezcan distintas miradas y la búsqueda de alternativas.
  • Mantenga hábitos saludables en su rutina diaria y evite el uso de alcohol y drogas como medidas de manejo del estrés. 
  • Procure filtrar la información de programas de radio y televisión que induzcan –explícita o implícitamente– a la discriminación y a la violencia, o que provoquen miedo, rabia o inciten a incurrir en acciones de retaliación o venganza.
  • Diversifique las fuentes y contenidos reales o virtuales de información política y, en la medida de lo posible, observe programas o videos de otros contenidos.
  • Intente mantener el humor –constructivamente– y la serenidad y busque un tiempo para la recreación y el entretenimiento.
  •  Participe y organícese para defender sus derechos sin violencia. Confíe en las potencialidades de la acción colectiva.
  • Recuerde y confíe en la apuesta a la paz y a la democracia de la población venezolana.

 

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Ante tanta polarización y extremismos en las ideas, debemos tener presente:

  1. Reconocer al otro como persona: no es un enfermo, ni alguien sin capacidad de razonamiento o sin sentimientos, es una persona que piensa distinto a mí.
  2. Eliminar descalificativos que agudizan la polarización.
  3. Reconocer los intereses que nos diferencian, pero también los que nos unen como venezolanos.
  4. Reconocer los distintos tipos de conflicto y manejarlos pacifica y democráticamente.
  5. Negociar las diferencias no es eliminar las diferencias.
  6. Educar en valores y cultura de paz.
  7. Difundir información sobre el manejo constructivo y pacífico de conflictos.
  8. Respetar el punto de vista de su interlocutor y exponer sus ideas sin intentar hacer cambiar al otro de opinión.
  9. Explore la posibilidad de encontrar puntos comunes con quien defienda posiciones distintas a las suyas.

Cuando sea grande quiero SER FELIZ

Mark Twain Inspirational Quotes 14 Cuando sea grande quiero SER FELIZ

Más de una vez insistimos a nuestros hijos con la pregunta: “qué desean ser cuando sean grandes”…. tomando en consideración la misma,  les comparto una historia de un niño que responde a esa pregunta de una manera muy ejemplar. En mi caso particular me ha dejado muchas cosas sobre las cuáles pensar y para replantearnos como padres.

En el video que está más abajo (en el link), Logan Laplante, un chico de 13 años, nos muestra lo que realmente es importante aprender para la vida. Desde los 9 años sus padres lo sacaron de la educación tradicional para aprender desde casa, y es muy interesante escuchar sus planteamientos.

El chico dice que los niños desean ser siempre felices, saludables y creativos, pero que el sistema educativo no considera estos elementos. Por lo tanto, según él ser feliz se reduce a la práctica de estas 8 cosas:

  • Ejercicio
  • Dieta y Nutrición
  • Tiempo en la Naturaleza
  • Contribución y Servicios
  • Relaciones
  • Recreación
  • Relajación y Manejo del Estrés
  • Participación Espiritual o Religiosa

Además, propone un “HackShooling” o “Hackear la educación” y lo que se aprende, en el buen sentido de la palabra, ya que según él todo puede ser hackeado, es decir desconfigurado, explorado, mejorado e innovado.

Vale la pena verlo, no tiene desperdicio!
Link del video en YouTube Cuando Sea Grande Quiero Ser Feliz – Logan Laplante

La maternidad y sus demonios

Creo que todas las madres tenemos nuestros propios demonios.

El mío, por ejemplo, es esa sensación de parto robado, una mezcla de emociones por no haber dado a luz a mi hijo solo con mi cuerpo y haber terminado en cesárea, cesárea respetuosa quizá pero cesárea al fin, un no sé qué que no termino de aceptar y procesar a ya un año de distancia.

Parte de esa mezcla de emociones incluye: me faltó valentía para confiar en mi cuerpo, me faltó tener a la mano más información para saber si realmente era mi mejor opción, siento que ganó el miedo de hacer algo que pusiera en riesgo a mi bebé y no la seguridad de hacer lo mejor.

Para otras madres y padres, esos demonios pueden incluir no haber podido amamantar, no haber cargado tanto a sus hijos por temor a malcriarlos, dejar sus hijos al cuidado de otras personas, en fin.

En cambio, con el tema de la crianza con apego yo he gozado de mucho apoyo de muchos frentes. Me siento afortunada y eso me permite vivir una maternidad plena y feliz.

Por eso, siento una especie de responsabilidad de compartir mis experiencias, de compartir la información que tengo a la mano y que, pienso, pueden ayudar a otros padres y a otras madres a disfrutar plenamente esta experiencia. Pero nunca con el ánimo de juzgar.

Al contrario. En todos estos temas me duele pensar en lo difícil que fue para mi madre su propia maternidad. No puedo regresar el tiempo y cambiar su historia, pero con suerte puedo ayudar a que su historia no se repita en otras mujeres y en otros bebés.

Estoy de acuerdo con la iniciativa de la paz entre las madres sin importar su propio estilo y sus propias decisiones, pero también creo que, si tuvieran el apoyo adecuado para enfrentar las dificultades de la maternidad y la información sobre los enormes beneficios del parto natural, de la crianza en brazos y de la lactancia materna, así como de los riegos que conllevan las cesáreas, la lactancia artificial y el forzar la independencia de los bebés, muchísimas más madres se animarían a confiar en sus cuerpos y en sus instintos.

Estoy segura de que, si así fuera, el porcentaje de madres que amamantan más de seis meses contra las que dejan de amamantar sería exactamente el opuesto al que es ahora.

No se trata de buscar una maternidad perfecta. Como escribí cuando estaba embarazada, me parece que de lo único que se puede estar seguros al momento de ser padres es que cometeremos muchos errores. Somos humanos. Y nuestros hijos también.

Es cierto que no podemos regresar el tiempo, pero sí podemos hacer cosas ahora para preparar un mejor mañana para otros hijos futuros o para futuros nietos. Me ha dado mucho gusto conocer a mujeres que no pudieron amamantar a sus bebés y que ahora llevan a sus hijas embarazadas a las reuniones de la Liga de la Leche para que ellas tengan más apoyo.

Me gusta pensar que con esto que escribo puedo contribuir a la tranquilidad y la felicidad de otros bebés y de otros padres.

Con todo mi amor.

Lactancia materna, colecho y cognición (parte 1)

En las últimas décadas, el desarrollo de las ciencias cognitivas ha permitido estudiar con mayor profundidad cómo funciona la mente humana en toda su complejidad. Entre otras cosas, por ejemplo, han disipado la división mente-cuerpo, y han demostrado la estrecha relación que tienen nuestras experiencias corporales, nuestras emociones y nuestras capacidades cognitivas.

Pues bien, uno de estos hallazgos es el efecto que tiene el cortisol, la hormona del estrés, en el hipocampo, la zona del cerebro dedicada al aprendizaje y la memoria. Mientras mayor es el sometimiento de estrés, mayor es el impacto en las células cerebrales.

En junio de 2013, la revista Clinical Lactation dedicó un número para hablar de diversos estudios que han encontrado que muchas de las técnicas para enseñar a un bebé a dormir solo o a ser independiente elevan sus niveles de cortisol. Específicamente, dejar llorar a un bebé para que duerma solo, para que no se acostumbre a los brazos o para que establezca un horario de alimentación, impacta directamente en su cerebro. El bebé o el niño puede dejar de llorar luego de unos días, pero los altos niveles de cortisol siguen ahí.

Como señala Kathleen Kendall-Tackett en el mismo número, los efectos parecen no ser tan dañinos a largo plazo si estas técnicas se acompañan de una paternidad responsable pero, ante esta evidencia, ¿cómo no promover que los padres abandonen este tipo de técnicas y, por el contrario, animarlos a amamantar en libertad, a compartir su lecho con sus bebés y a darles seguridad y cariño siempre que lo necesiten?

Dejando de lado un poco la evidencia científica, lo cierto es que el lecho se comparte con el bebé desde el embarazo, y desde entonces nos despertamos con sus movimientos y empezamos a adoptar otras posiciones para dormir. Un bebé está acostumbrado a nosotros desde el vientre. Por eso, en los casos donde no es posible practicar el colecho (si los padres son fumadores, por ejemplo), se recomienda atender, consolar y alimentar al bebé siempre que se despierte por las noches.

No por nada es tan común escuchar a muchas mujeres decir que, cuando escuchan el llanto de un bebé, sienten una urgencia por tomarlo en brazos y consolarlo.

Si quieren saber más pueden consultar el volumen 4, número 2 de Clinical Lactation aquí: http://www.clinicallactation.org/

Madres capaces

Escribo estas lineas a mis amigas madres que están criando con respeto a sus hijos e hijas cada una con su estilo propio y mucho amor, con sus altas y bajas, aciertos y aprendizajes.

Quiero compartir con ustedes una emoción, estoy feliz pero muy feliz pues me apunté a un curso en linea de 4 meses que se titula “Madres Capaces”, nada más el titulo ya es un acierto. La mujer que lo dirige es genial, se llama María Pilar Gómez San Miguel, tal vez algunas de ustedes ya la siguen por las redes sociales, de lo contrario, la pueden ubicar en Facebook como Crianza en Familia y su blog es Crianza en Familia

María Pilar está en España y la vengo siguiendo desde hace tiempo, me encanta lo que escribe, es una persona muy sencilla y cercana, en varias oportunidades le he escrito para consultar dudas y compartir ideas y ha contestado con unas recomendaciones muy sinceras y certeras. Otro atributo que la distingue es que, además de ser maestra y mediadora familiar, es madre de tres, y no tiene miedo de compartir su testimonio de vida con sus luces y sombras, desde ahí nace su visión de mundo y su deseo de acompañar a otras madres.

Aquí les dejo la información del taller Madres Capaces  1779710 691609187528169 881239501 n 300x159 Madres capacesLas invito a que se apunten, la propuesta es genial y tentadora. María Pilar ha manifestado que esta dispuesta a llegar a convenios con las madres venezolanas por aquello de la poca disponibilidad de divisas extranjeras, así que anímense, así la alegría será nuestra.

Claudia Rodríguez Gilly                                                                  @claudirg