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Algunas cosas que me ha enseñado mi hijo

En esta oportunidad deseo compartirles algunas cosas -de las tantas- que he aprendido en estos tres años y medio de la mano de mi hijo. Seguramente algunas se sentirán identificadas, y otras tengan muchos más aprendizajes que compartir. Bienvenidas a conocer estas pequeñas y grandes cosas que me ha enseñado mi hijo:

1-Me di cuenta que lo que te hayan contado nunca es  tan maravilloso como tu propia experiencia.

2-Que la  paciencia, la confianza y la tolerancia hacía sí misma, aunado a la intuición se convierten en virtudes realmente aliadas.

3- También he descubierto temores antes desconocidos, alegrías inexplicables, el valor del tiempo, la dulzura de una mirada, entre otras experiencias únicas.

4-Que mi mundo se llena de luz y me derrito  cada vez que sus bracitos me abrazan y cuando sus ojitos brillan luego de verme nuevamente (aunque la ausencia haya sido corta).

5-Que  la palabra más dulce  escuchada jamás sea: “Mamá”… Y que sus abrazos y sonrisas son capaces de borrar todo el cansancio, curar algunos males y mejorar hasta un pésimo día.

6- Que todos los días aguarda una gran aventura, y muchos aprendizajes.

7-Que  los “otros” planes  siempre,  siempre pueden esperar aunque sea un poco, y que para lograr el equilibrio es necesario aprender a organizarse.

8-He aprendido a relajarme y disfrutar de los detalles cotidianos, aunque sean imperceptibles a los ojos de los demás.

9-A valorar (y recordar) muchas cosas que mi mamá decía con la expresión: “sólo lo entenderás cuando tengas tus propios hijos”.

10-Que el amor por un hijo tiene  una dimensión incondicional y desconocida,  ya que siempre te sorprende que el “dar” viene de una fuente inagotable.

11-Que el gran orgullo también es dado por cosas pequeñas, por ejemplo cada avance, pasito, palabra nueva, gesto, sonrisa, garabato, etc.

12-Que ambos somos mucho más fuertes si estamos juntos, y que esa energía se potencia con la de papá. En otras palabras aprendemos a trabajar en equipo.

13-En fin, son tantas cosas que podría mencionar, pero finalmente puedo asegurar que cada día estoy aprendiendo a ser mejor, gracias a él y para él.

Mis tíos preferidos…

IMG00751 20120916 1236 300x225 Mis tíos preferidos...

¿Cómo se llama tu tía o tío preferido?
Comprometedora pregunta pero de seguro la respuesta vino inmediatamente con algún olor, sabor de comida o dulce favorito. Con la sensación de una cobija tibia o un abrazo protector luego de un buen regaño de mamá o papá.
Todos tenemos un tío preferido, porque aunque seamos hijos de padres que son hijos únicos siempre hay un lazo por afinidad que,  para nuestros padres, se parece mucho al amor de un hermano  o a la complicidad de una hermana y termina por ser,  inevitablemente: Un tío preferido!
El mío se llama Orangel y sigue siendo ese  tío -que no fue papá- pero tiene el aura protectora de un padre. Todavía hoy –a mis 42 años- recibo sus buenas noches o el deseo de un feliz domingo a través de un mensaje de texto.

Siendo que este blog se enfila hacia la Lactancia Materna y Crianza Natural no había pensado en este personaje, pero el amor de Manu hacia su Tío Víctor me obliga a hacerle honor.

No voy a hondar –solo para no extenderme-  les diré qué hace especial al tío Víctor: Víctor, mi segundo hermano, es la primera figura paterna para Manu. Un modelo  que ni bordado: es alto, guapo, practica deportes, es trabajador, tiene buen carácter, sonríe, sonríe y sonríe. Ve todas las películas y sabe el nombre de todas “Las Princesas”. Su cama es: casita, cohete, cueva, palacio y lo que a Manu se le ocurre. Le presta sus libros, colores, piecitas de maquetas, todo sin chistar y además, dibuja una Minnie Mouse más linda que la de Disney –a estimar por la cara fascinada de mi hija- y para concluir esta confesión, les diré que para mí, fue una importante sensación de tranquilidad cuando andaba en la locura de cuadrar horarios de trabajo y lactancia. Y les cuento: un día me retrase un  poco para salir del trabajo  y al llegar a casa  lo encontré dando un teterito con mi leche a mi pequeña y desconsolada Manu.  Aquella humanidad de 1.76m, inexperta en el trato con bebes,  fue el único que pudo calmar el llanto desconsolado de mi hija.  Para los que me conocen no tengo ni que mencionar que lloré por ternura, por culpa, por agradecimiento y  porque si. Veía a mi hermano con el que jugué, pelié, estudié, bailé y comparto día a día, igual a mi tío Orangel:  sin hijos, sin experiencia y  lo más fascinante para mí, sin temor a ser la razón y el consuelo que, desde ese día, pone  fin a las lágrimas de mi hija.

Todos tenemos un tío preferido, que ha influido en nuestros gustos, que ha determinado la toma de alguna decisión cuando faltan nuestros padres o cuando no tenemos toda la confianza para confesarles nuestros inconfesables. Conozco la anécdota de un prestigioso locutor (al que admiro y quiero mucho) que escuchaba, por allá por los 60¨s, a los famosos The Beatles y uno de sus tíos le decía: “deja de escuchar eso, esto si es música, la música del caribe”. Hoy en día es el autor de “El Libro de la Salsa”, el mejor libro de crónicas del caribe urbano que se haya publicado.

A algunos nos ha tocado ser ese tío (a) preferido (a). Hice entrevistas para redactar este post y encontré experiencias maravillosas contadas con orgullo, sentimiento y una emotividad tan de tía y tío que no puedo creer que este personaje no tenga su día.

Así como existe el Día del Padre, de la Madre, del Niño, del Aire, del Agua, de esa enfermedad terrible,  también debe existir un Día del TIO (A). No les parece?

Espero sus comentarios y quién quita, que al final, se logre. Muchas gracias!

De todo un poco 327 300x200 Mis tíos preferidos...

“Cada niño, una etiqueta”

“Ese niño tiene cara de tremendo” Así dijo un señor, señalando a mi hijo, incluso así me he referido yo a él en mas de una ocasión, solemos poner etiquetas a nuestros hijos, así como alguna vez nos pusieron a nosotros, hemos crecidos con ellas y algunas pesan más que otras, pero todas pesan. Parafraseando a Laura Gutman esta etiqueta que ponemos a los niños y niñas va dando vida a un personaje que deja poco espacio al libre desarrollo de la personalidad, limita la experiencia compleja de la vida, con un personaje impuesto.

Pero ¿Cómo hacemos para no caer en esa mala costumbre?. Laura Gutman ofrece una respuesta corta en “Mujeres visibles, madres invisibles”:

“Estar atentos a no encasillarlos en sus habilidades, será más fácil si miramos a todos nuestros hijos en conjunto. Y si tratamos de reconocer la tendencia que tenemos de mirar a unos bajo un cristal y a otros bajo otros cristales, es decir, teñidos de nuestras suposiciones preestablecidas. Entonces, para sustraernos del desliz de mirar solo el personaje, seria ideal conversar con ellos, saber qué es lo les pasa, qué sienten, qué dificultades tienen, qué necesitan de nosotros, en lugar de que ellos nos escuchen hablar -refiriéndonos a ellos- con otras personas desde los personajes que ya hemos construido y determinado para cada uno. Si conversamos y dialogamos con ellos, sabremos que cada momento es diferente, cada instante trae una nueva versión de los acontecimientos, por lo tanto, no hay lugar para los encasillamientos, sino para el genuino interés sobre cada niño. Entonces ellos podrán ser niños completos, que aveces ríen, otras veces se divierten, otras veces estudian, otras veces se portan muy mal y otras veces son cariñosos. Es decir, podrán vivir la complejidad que atañe a todo ser humano” (Gutman, 2009, p. 127).

DSC02291 Cada niño, una etiqueta

Autorretrato y efecto: Alicia Izarra “como un dibujo con los pelos volando”