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MAMÁ + AMAR = AMAMANTAR

Amamantar es un acto natural, instintivo, fisiológico, desde tiempos ancestrales que todas las mujeres podemos brindar a nuestros hijos. La perfección de la naturaleza, la perfección de la madre tierra, la perfección de nuestro cuerpo que va cambiando, creciendo y activando hormonas para producir en el momento indicado ese oro de vida, ese néctar de amor, esa primera vacuna, esas gotas de sangre blanca para inmunizar y generar el primer contacto entre mamá y bebé, como lo es la lactancia materna.

Somos mamíferos y como tales amamantar no es lo recomendable es lo natural, amamantar no tiene tiempo, para producir leche materna solo se necesita del estimulo de la succión, la leche que sale de nuestros pechos una vez que bebé nace, no es solo rica en nutrición, sino es rica en amor, la leche materna no tiene precio es gratis, la leche materna esta disponible las 24 horas del día para cuando mi bebé requiera de ella.

Hay quienes creen que la lactancia debe durar solo 6 meses porque después de allí no hace nada,  no alimenta o es solo un agua. Pues a quienes aun están desinformados en relación a la lactancia amamantar por 6 meses es solo disfrutar de una lactancia exclusiva llena de agua, de proteína y de grasa; osea como diría yo ” sopa, seco y postre” y a partir de allí la lactancia sigue siendo el plato principal acompañado de una nueva etapa del bebé, degustar, explorar, tocar, oler y observar una variedad de alimentos. Y luego del primer año de vida la lactancia toma otro rumbo es mamá detrás de la teta, es consuelo, es caricia, es seguridad, es compañía, es cercanía, es sonrisa, es apego, es comunicarse, es proteger, es alimento, es dar vida, es el más grande Amor que le podemos brindar a nuestros hijos.

Hoy soy feliz de haber creído en mi, en mis rayitos y de lo maravilloso que ha sido y es cada una de las experiencias vividas en relación a la Lactancia Materna.

mis rayitos 300x202 MAMÁ + AMAR = AMAMANTAR

Que viva la Teta!

 

El Desamparo materno

No encontré un título más adecuado para el post que este, y además para escribirlo esperé a que ese sentimiento o situación desapareciera para poder contarles, ya desde afuera, lo que se siente.

Un día de lluvia, como el de hoy en el que escribo el post, puede desatar el más profundo sentimiento de desamparo. Ustedes dirán que puede ser por el día gris o porque a veces uno se pone melancólico, pero no, es por algo mucho más práctico aunque suene descabellado.

Yo no manejo, o procuro no hacerlo. No me gusta manejar, soy torpe y nerviosa; me estreso y en un carro sincrónico eso no es bueno. Una vez se me apago en medio de un cruce, entre el corneteo y la lluvia me costó casi 20 minutos prenderlo, por eso manejo lo mínimo.

Aclarado lo anterior, he tratado de que todo me quede cerca (colegio, trabajo, supermercados, panaderías…), hasta ahora lo he logrado, el problema es cuando llueve. Yo a pie con dos niños y un palo de agua (chaparrón) no es buena combinación.

¿Y el desamparo? Esto es un ejemplo pequeñito, pues al no contar con una tribu ha convertido los días de lluvia en mis enemigos. Mi esposo trabajando y sin mis vecinas, que son las únicas que me echan una mano, termino emparamada y a veces con mis hijos mojados.

Aunque el sentimiento de desamparo va más allá… Guille se me enfermó un fin de año con fiebre de 40 y los cohetes sonaban y todo el mundo estaba de fiesta, mientras mi esposo y yo bañábamos al niño con compresas y lo abrazábamos para que se sintiera mejor. Ahí el desamparo fue familiar porque allí papá me entendió.

En estos tiempos modernos cada quien vive su vida, el mundo gira y gira hasta que te conviertes en madre o padre. Se ha arraigado la creencia que la maternidad es un asunto doméstico y no, la maternidad tiene implicaciones sociales profundas. ¡Alguien tiene que parir, criar y alimentar a los ciudadanos y trabajadores! Y quien más sino mamá.

El problema no es aprender a pedir ayuda, eso lo superé, ahora hasta soy capaz de gritar AUXILIO, el problema es que nadie acude, nadie viene. Todos ven desde afuera sin intenciones de involucrarse. No hay sustento emocional para las familias y mucho menos para los padres, pero si son capaces de criticar el desempeño de los hijos o de sus familias.

Critican a las madres solas si les dejan los bebés a los abuelos o a otras familias, criticamos si los niños tienen berrinches o si están brincando o “molestando” en espacios públicos… Pero son incapaces de preguntar “¿Señora mamá, señor papá necesita ayuda?”

Ya no nos emplean, y es que hasta la legislación y el Estado nos embromó y así me quieren convencer que la maternidad es sólo una cuestión privada. Obvio que empieza con una decisión personal, uno decide si quiere o no ser madre pero luego, el día que ese bebé llega empieza el entramado social que envuelve todo el asunto. No puedo criar a mis hijos y complementar el sustento de mi familia sin que la legislación, mínimo, no me estorbe.

El desamparo va más allá de lo económico, las “ayudas” o misiones no han frenado el embarazo adolescente ni la paternidad irresponsable. Las cifras del último censo lo demuestran.

Además, las mujeres perdieron la empatía y el sentido común, el estar en tribu nos hace las cosas más fáciles. Pero optamos por repetirnos que “somos fuertes y podemos solas” y así demostrarle al mundo que somos unas guerreras mientras lloramos todas las noches del cansancio junto a nuestros esposos o solas porque no hay quien nos releve en la rutina, sobre todo si llueve.