Archivo por meses: septiembre 2013

El tiempo y la Maternidad

20130929 221908 El tiempo y la Maternidad

Se me ha revelado, no se la razón de no haberlo visto antes… No es que el mundo vaya más lento para nosotras, las madres, es que nosotras flotamos cuando nos dejamos llevar y empezamos a vivir la segunda infancia que nos dan los hijos. He tenido unos días con menos estrés, trabajo y preocupaciones. Cada vez que jugaba o que me dedicaba sólo 100% a los niños me sentía mejor y mi tiempo, si, mi tiempo de adulto; no el de los niños, se detenía.

Entraba en el mundo de ellos, donde las princesas voladoras y los Buzz con moto son posibles, donde no importa que se te caigan los proyectos o que clientes, proveedores y hasta amigos no entiendan que tienes que trabajar en equipo o nada y que además les importe un pepino que sólo puedas llamar a mediodía y enviar correos de madrugada. Eso ya no importa, porque me convierto en la que persigue para comer pancitas con cosquillas y la que vuela en el pasillo de su casa “al infinito y más allá”.

Mi carrera es importante, al igual que mis clientes, pero mis hijos serán pequeños una sola vez… Ellos crecerán y harán su vida y yo podré hacer la maestría que no he terminado, el doctorado que me gusta y dar o asistir a miles de charlas, talleres o congresos. Tendré mucho que hacer en la vejez jajajaja.

Muchos andan apurados, yo fui una… pero descubrí que flotar en el tiempo de mis hijos es mucho más divertido y lamento que algunos no lo entiendan y crean que a nosotras, por ser madres, nos dejó el tren de la modernidad. La cosa es que nosotras no vamos en tren, nuestro tiempo es un gran globo de colores, que va como los que dependen del viento, a veces rápido o a veces lento… Lo que si es seguro es que flota.

¡El tiempo de las madres flota!

¿Para qué un club de lactancia?

Esa fue la pregunta que me surgió cuando supe, en los cursos de psicoprofilaxis, que existían. En cuanto nació mi bebé comprendí para qué.

Yo nunca me había cuestionado sobre la lactancia y, como ya he dicho en entradas anteriores, no hice mucho por investigar antes de dar a luz. Sólo sabía que era lo natural, que mi madre me había amamantado, que mi hermana había amamantado a su bebé y que, vaya, así debía ser. Mi madre nos había contado que ella había batallado mucho para iniciar la lactancia con mi hermana mayor: dolores, incomodidad, parecía que a mi hermana no le gustaba la leche y además perdía peso.

Además estaban otras experiencias cercanas que me hablaban de grietas en los pezones e inflamación en los senos, otras en que no les había salido “ni una gota” o que sus bebés no se prendían al pecho, y otras más en que la madre de un momento a otro dejaba de producir leche o que les habían dicho que sus hijos eran alérgicos a la leche de su madre, con su largo peregrinaje de fórmulas y los consiguientes episodios de cólicos, estriñimiento y dolor para hijo y mamá. Estas historias las he seguido escuchando de muchas madres que, al ver que continúo amamantando a mi bebé de ya siete meses, me cuentan sus propias experiencias  y sus demonios.

A pesar de estas historias nunca me cuestioné qué haría cuando llegara mi turno. Creo que esperaba que el insinto fuese suficiente. Pero al nacer León, lo que sentía contra lo que escuchaba y contra lo que leía empezaron a hacerme regresar a la pregunta: ¿para qué un club de lactancia?

Primero estaba aquello de que León tardaba mucho en comer y comía a cada rato: “mira, no está comiendo, nomás le gusta estar ahí pegado”, “es que a lo mejor tu leche está muy delgada y por eso no se llena”. Yo no sufrí mucho con eso de las grietas, pero sí sentía la hinchazón de mis pezones luego de amamantar al bebé, y un par de veces me sangraron. Mi madre me decía que me sacara un poco de leche y me untara, pero yo no veía que me saliera nada. Lo que hacía era ponerme bálsamo y eso me bastaba. Poco a poco, tanto mi bebé como yo fuimos adquiriendo más destreza y, en una semana, ya no volví a tener ningún dolor.

Luego empezó aquello de “acostúmbralo a la teta“. Pero para ese entonces ya tenía más información sobre la lactancia, y pude constatar todos los obstáculos a las que diferentes madres se enfrentan y por los cuales, muchas veces, terminan abandonando la lactancia materna.

Entonces llegaron los tres meses y, con ellos, el despertar de mi bebé a un mundo nuevo. Sus tres meses coincidieron con visitas familiares, así que había mucho ruido en casa. Resultado: León tomaba el pecho y lo soltaba al cabo de unos segundos; luego volvía a pedírmelo y, al instante, lo dejaba y comenzaba a llorar: “No quiere, mira”, “Déjalo que llore tantito”, “A lo mejor ya no se llena con tu leche”. Pero yo sabía que sí quería comer, y sabía ya que para que exista producción de leche sólo basta que haya estímulo. Así que seguí a mi instinto y buscaba la tranquilidad de mi cuarto: ahí, mi bebé volvía a ser el mismo bebé tranquilo y comía feliz. Armada con la información que tantos grupos de apoyo han puesto al alcance de una búsqueda, supe que estaba pasando por lo que llaman “la crisis de los tres meses“.

Los siguientes meses fueron más tranquilos. Si bien pronto comenzaron los comentarios sobre la alimentación complementaria, tengo la fortuna de que, tanto mis padres como mis suegros, respetan nuestras decisiones sobre crianza. Aún así mi padre -curiosamente- fue el más insistente en que le diera agua, con todo y que le he explicaba una y otra vez sobre la composición de la leche.

Felizmente cumplimos los seis meses de lactancia materna exclusiva, pero a cada paso encontré y sigo encontrando diferentes historias de mujeres que abandonaron la lactancia materna por una u otra razón. Y veo la importancia de las Ligas de la leche y los clubs de lactancia. Ahora miro con más atención a mi alrededor y veo cuan poco común es amamantar y cuántos biberones rodean el mundo del bebé.

Apenas hace unos días salimos al centro de la ciudad y vi a otra mujer dando el pecho, ahí, frente a todos, con suma tranquilidad, mientras veía unas blusas en una tienda. Su bebita era de un mes, a lo sumo. Me dio gusto por ellas. Minutos después León pidió comer y yo hice lo propio, en la misma tienda.

Ahora, a los siete meses y ya con alimentación complementaria, veo venir el cúmulo de comentarios que me esperan en los próximos meses, y sé que se agudizarán luego del primer año. Ya empezó: “dale mejor su papilla primero para que se llene y ya no te pida leche”, “conforme vaya comiendo más alimentos ya vas a ir dejando de darle pecho, ¿no?”, …

Sé que no son comentarios que busquen dañarme a mí o a mi bebé y por eso no me molestan. Por el contrario, me evidencian la falta de difusión sobre todo lo que se sabe ya sobre la leche materna y, de nuevo, por qué son tan importantes en estos tiempos los grupos de apoyo sobre lactancia.

 

Un buen Plan

Cuando era niña y llegaban las vacaciones mi mamá solía decir que prefería que estuviéramos en casa que en la escuela. Ahora que soy mamá he revivido estas palabras guardadas en las profundidades de mis recuerdos y cuando mi hija está de vacaciones escolares nos hacemos un buen plan para disfrutar de ese tiempo extra. Afortunadamente Arturo vive de vacaciones conmigo.

El secreto de un buen plan de vacaciones es su flexibilidad en horarios actividades y deberes, lo que si debe estar claro es lo que queremos lograr: además de diversión, disfrutarnos mutuamente, hacer cosas diferentes, que experimenten que la escuela no es la vida, la vida va más allá, es más rica, compleja y diversa.

Solemos llamarle Plan Vacacional Izarra Rodríguez IMG 20130828 163000 150x150 Un buen Planincluye actividades  en la ciudad: parques con columpios, museos, picnic, granjas, fiestas, jardines, plazas, cine, teatro, comer helados, bibliotecas, visitar amistades y familia.

DSC02340 150x150 Un buen PlanTambién unos días fuera de la ciudad, playa o montaña, preferiblemente con papá (si el trabajo lo permite), además destinamos una semana para alguna actividad mas formal o dirigida. Este año, Alicia realizó un taller de videocreaciónIMG 20130902 112223 150x150 Un buen Plan http://vimeo.com/album/2536187 no pudo cubrir todo el contenido por causa de una fuerte alergia pero igual lo disfruto.

Los paseos fuera de casa se equilibran con días muy relajados en casa, así IMG 20130804 123427 1 219x300 Un buen Planrecobramos fuerzas, en casa hacemos manualidades, jugamos, vemos películas, pasamos tiempo con los perros y gatos, preparamos postres, comidas, hacemos vídeos, piscinadas, leemos cuentos, nos disfrazamos, hacemos teatro, bailamos, dibujamos y pare usted de contar.

El eje que entreteje el Plan Vacacional Izarra Rodríguez es la libertad y el respeto, todas y cada una de estas actividades se hacen con plena consulta y participación de los niños, muchas veces un “buen plan” fuera de casa es cambiado por un día en casa, respetando sus gustos, sus tiempos y necesidades, tratando de conciliar lo que gusta a una una niña y a un niño que se llevan 5 años de diferencia y sin que nadie se sienta atropellado u obligado.

Se trata de estar disponible, atenta y dispuesta, son vacaciones largas, así que lo que no se hace hoy, se hace después. A aveces, mamá inventa, propone y ellos mejoran, acomodan y proponen lo que les provoca. Entre las actividades incluimos “no hacer nada, IMG 20130821 111201 150x150 Un buen Planese tiempo precioso para la creatividad, porque cuando no hay nada que hacer se inventa de lo lindo. Respetar los gustos, necesidades y ritmos, también, supone tiempo para cada quien, el juego espontáneo e individual, para fantasear, dejar que el jardín interno florezca.

Adoro las vocecitas de mis hijos con sus tonos distintos para cada personaje, esas historias con las que reconstruyen lo vivido y recrean emociones. Durante estas vacaciones, Arturo se estrenó en esta forma de jugar, fue para mi un descubrimiento maravilloso, identificar el momento exacto en que comenzó a pasar. Alicia, la pionera, es una experta en estos juego que también han estado cambiando, ahora dedica más tiempo para adornar y embellecer a sus personajes.

Lo más difícil es conciliar las necesidades y gustos entre la hermana y el hermano, no siempre coinciden, DSC02650 150x150 Un buen Planla diferencia de edad puede llegar a ser un reto, por eso, cuando papá participa, sentimos como engrana la rueda, nos damos banquete jugando con los hijos a su altura.

Durante el juego con nuestros hijos observé como, por lo general, los adultos van por un lado y los niños por otro, jugar con los hijos es un imán para los otros niños que nos miran como quien mira un misterio o una cosa rara, algunos se acercaban para sumarse al juego. IMG 20130829 152912 150x150 Un buen PlanSin embargo, el juego entre pares también es una necesidad y un placer, especialmente para Ali, por eso intentamos que en algunos de éstos IMG 20130829 170628 150x150 Un buen Planpaseos nos acompañen amigas de la familia (no tan niñas), Matthias y la Tity y, por supuesto, amigas de Alicia, disfrutamos con Gabriela, Rebeca, Valentina, Angela, Allan, Shantal, Cony, Deris, Gisel, Pascal, Mariana y Jesús Ignacio.

Por mi parte doy gracias a Dios por las etapas que me brida la maternidad, hasta hace poco yo llevaba a mis bebes donde yo quería ir, ahora son ellos los que me invitan a su mundo y me doy el chance de conectarme con mi niñez con sus luces y sombras, también voy creciendo.

Alicia cierra las vacaciones diciendo algo así: lo que mas me gustó fue ir a la playa, el taller de video, (que rabia que no lo hice completo), encontrarme con mis amigas, levantarme tarde y acostarme más tarde y hacer cosas diferentes, todo lo demás no me gustó. Me encanta cuando deja el plato vacío y dice: no quiero más.

 

 

 

Amamantar: tiempo para pensar

Estoy en la recta final para entregar mi tesis doctoral y lograr titularme en diciembre. Todavía no sé si lo voy a lograr pero estoy poniendo todo mi empeño.

Al principio –y todavía hay días así– me preocupaba mucho esos días en que mi bebé parece no querer soltarme, y sentía que no lo iba a lograr. Hoy fui a una asesoría de tesis y mi directora me felicitó por lo mucho que he avanzado con todo y el bebé. Fui también a una junta de mis compañeras de Fractal Editores, una editorial de la cual soy socia fundadora, pero de cuyas actividades me dado auto-licencia por maternidad y tesis.

Eso me hizo pensar que en todo el tiempo que me toma amamantar a mi bebé y el tiempo que le dedico cuando está despierto. Si antes me estresaba mucho, luego descubrí que vale más estar con él mientras está despierto, jugar y explorar el mundo juntos, porque así, cuando tiene hambre, se distrae menos, y su sueño es más profundo, lo que me permite avanzar más en mi trabajo. También descubrí otra cosa cuando me relajé con respecto al tiempo: y es que descubrí que, mientras amamanto a mi bebé, puedo pensar.

Parece cualquier cosa, pero ya desde antes de ser madre había platicado con varios amigos sobre el poco tiempo que, en el ajetrero de la vida diaria, nos damos para pensar, sólo para pensar. Antes de la llegada de mi bebé yo estaba involucrada en muchos proyectos. Por más que intentaba simplificar mi vida, y que periódicamente hacía una revisión para no saturarme, lo cierto es que seguía con muchas ocupaciones. Así que, en términos netos, el tiempo que le estoy dedicando a mi tesis sigue siendo el mismo, o inclusive hasta más, del que le dedicaba antes de que naciera León. Y definitivamente tengo muchísimo más tiempo para pensar.

Pienso en muchas cosas mientras amamanto: en mi bebé, por supuesto, en mi esposo, en mi madre, en mí, en la lactancia. Pienso en mi próxima novela, en un futuro ensayo sobre el miedo al cuerpo, en las investigaciones que quiero hacer luego de la tesis… Pienso en el ser, en la existencia humana. Sobre todo eso: pienso en el ser.