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¿Para qué un club de lactancia?

Esa fue la pregunta que me surgió cuando supe, en los cursos de psicoprofilaxis, que existían. En cuanto nació mi bebé comprendí para qué.

Yo nunca me había cuestionado sobre la lactancia y, como ya he dicho en entradas anteriores, no hice mucho por investigar antes de dar a luz. Sólo sabía que era lo natural, que mi madre me había amamantado, que mi hermana había amamantado a su bebé y que, vaya, así debía ser. Mi madre nos había contado que ella había batallado mucho para iniciar la lactancia con mi hermana mayor: dolores, incomodidad, parecía que a mi hermana no le gustaba la leche y además perdía peso.

Además estaban otras experiencias cercanas que me hablaban de grietas en los pezones e inflamación en los senos, otras en que no les había salido “ni una gota” o que sus bebés no se prendían al pecho, y otras más en que la madre de un momento a otro dejaba de producir leche o que les habían dicho que sus hijos eran alérgicos a la leche de su madre, con su largo peregrinaje de fórmulas y los consiguientes episodios de cólicos, estriñimiento y dolor para hijo y mamá. Estas historias las he seguido escuchando de muchas madres que, al ver que continúo amamantando a mi bebé de ya siete meses, me cuentan sus propias experiencias  y sus demonios.

A pesar de estas historias nunca me cuestioné qué haría cuando llegara mi turno. Creo que esperaba que el insinto fuese suficiente. Pero al nacer León, lo que sentía contra lo que escuchaba y contra lo que leía empezaron a hacerme regresar a la pregunta: ¿para qué un club de lactancia?

Primero estaba aquello de que León tardaba mucho en comer y comía a cada rato: “mira, no está comiendo, nomás le gusta estar ahí pegado”, “es que a lo mejor tu leche está muy delgada y por eso no se llena”. Yo no sufrí mucho con eso de las grietas, pero sí sentía la hinchazón de mis pezones luego de amamantar al bebé, y un par de veces me sangraron. Mi madre me decía que me sacara un poco de leche y me untara, pero yo no veía que me saliera nada. Lo que hacía era ponerme bálsamo y eso me bastaba. Poco a poco, tanto mi bebé como yo fuimos adquiriendo más destreza y, en una semana, ya no volví a tener ningún dolor.

Luego empezó aquello de “acostúmbralo a la teta“. Pero para ese entonces ya tenía más información sobre la lactancia, y pude constatar todos los obstáculos a las que diferentes madres se enfrentan y por los cuales, muchas veces, terminan abandonando la lactancia materna.

Entonces llegaron los tres meses y, con ellos, el despertar de mi bebé a un mundo nuevo. Sus tres meses coincidieron con visitas familiares, así que había mucho ruido en casa. Resultado: León tomaba el pecho y lo soltaba al cabo de unos segundos; luego volvía a pedírmelo y, al instante, lo dejaba y comenzaba a llorar: “No quiere, mira”, “Déjalo que llore tantito”, “A lo mejor ya no se llena con tu leche”. Pero yo sabía que sí quería comer, y sabía ya que para que exista producción de leche sólo basta que haya estímulo. Así que seguí a mi instinto y buscaba la tranquilidad de mi cuarto: ahí, mi bebé volvía a ser el mismo bebé tranquilo y comía feliz. Armada con la información que tantos grupos de apoyo han puesto al alcance de una búsqueda, supe que estaba pasando por lo que llaman “la crisis de los tres meses“.

Los siguientes meses fueron más tranquilos. Si bien pronto comenzaron los comentarios sobre la alimentación complementaria, tengo la fortuna de que, tanto mis padres como mis suegros, respetan nuestras decisiones sobre crianza. Aún así mi padre -curiosamente- fue el más insistente en que le diera agua, con todo y que le he explicaba una y otra vez sobre la composición de la leche.

Felizmente cumplimos los seis meses de lactancia materna exclusiva, pero a cada paso encontré y sigo encontrando diferentes historias de mujeres que abandonaron la lactancia materna por una u otra razón. Y veo la importancia de las Ligas de la leche y los clubs de lactancia. Ahora miro con más atención a mi alrededor y veo cuan poco común es amamantar y cuántos biberones rodean el mundo del bebé.

Apenas hace unos días salimos al centro de la ciudad y vi a otra mujer dando el pecho, ahí, frente a todos, con suma tranquilidad, mientras veía unas blusas en una tienda. Su bebita era de un mes, a lo sumo. Me dio gusto por ellas. Minutos después León pidió comer y yo hice lo propio, en la misma tienda.

Ahora, a los siete meses y ya con alimentación complementaria, veo venir el cúmulo de comentarios que me esperan en los próximos meses, y sé que se agudizarán luego del primer año. Ya empezó: “dale mejor su papilla primero para que se llene y ya no te pida leche”, “conforme vaya comiendo más alimentos ya vas a ir dejando de darle pecho, ¿no?”, …

Sé que no son comentarios que busquen dañarme a mí o a mi bebé y por eso no me molestan. Por el contrario, me evidencian la falta de difusión sobre todo lo que se sabe ya sobre la leche materna y, de nuevo, por qué son tan importantes en estos tiempos los grupos de apoyo sobre lactancia.

 

Un buen Plan

Cuando era niña y llegaban las vacaciones mi mamá solía decir que prefería que estuviéramos en casa que en la escuela. Ahora que soy mamá he revivido estas palabras guardadas en las profundidades de mis recuerdos y cuando mi hija está de vacaciones escolares nos hacemos un buen plan para disfrutar de ese tiempo extra. Afortunadamente Arturo vive de vacaciones conmigo.

El secreto de un buen plan de vacaciones es su flexibilidad en horarios actividades y deberes, lo que si debe estar claro es lo que queremos lograr: además de diversión, disfrutarnos mutuamente, hacer cosas diferentes, que experimenten que la escuela no es la vida, la vida va más allá, es más rica, compleja y diversa.

Solemos llamarle Plan Vacacional Izarra Rodríguez IMG 20130828 163000 150x150 Un buen Planincluye actividades  en la ciudad: parques con columpios, museos, picnic, granjas, fiestas, jardines, plazas, cine, teatro, comer helados, bibliotecas, visitar amistades y familia.

DSC02340 150x150 Un buen PlanTambién unos días fuera de la ciudad, playa o montaña, preferiblemente con papá (si el trabajo lo permite), además destinamos una semana para alguna actividad mas formal o dirigida. Este año, Alicia realizó un taller de videocreaciónIMG 20130902 112223 150x150 Un buen Plan http://vimeo.com/album/2536187 no pudo cubrir todo el contenido por causa de una fuerte alergia pero igual lo disfruto.

Los paseos fuera de casa se equilibran con días muy relajados en casa, así IMG 20130804 123427 1 219x300 Un buen Planrecobramos fuerzas, en casa hacemos manualidades, jugamos, vemos películas, pasamos tiempo con los perros y gatos, preparamos postres, comidas, hacemos vídeos, piscinadas, leemos cuentos, nos disfrazamos, hacemos teatro, bailamos, dibujamos y pare usted de contar.

El eje que entreteje el Plan Vacacional Izarra Rodríguez es la libertad y el respeto, todas y cada una de estas actividades se hacen con plena consulta y participación de los niños, muchas veces un “buen plan” fuera de casa es cambiado por un día en casa, respetando sus gustos, sus tiempos y necesidades, tratando de conciliar lo que gusta a una una niña y a un niño que se llevan 5 años de diferencia y sin que nadie se sienta atropellado u obligado.

Se trata de estar disponible, atenta y dispuesta, son vacaciones largas, así que lo que no se hace hoy, se hace después. A aveces, mamá inventa, propone y ellos mejoran, acomodan y proponen lo que les provoca. Entre las actividades incluimos “no hacer nada, IMG 20130821 111201 150x150 Un buen Planese tiempo precioso para la creatividad, porque cuando no hay nada que hacer se inventa de lo lindo. Respetar los gustos, necesidades y ritmos, también, supone tiempo para cada quien, el juego espontáneo e individual, para fantasear, dejar que el jardín interno florezca.

Adoro las vocecitas de mis hijos con sus tonos distintos para cada personaje, esas historias con las que reconstruyen lo vivido y recrean emociones. Durante estas vacaciones, Arturo se estrenó en esta forma de jugar, fue para mi un descubrimiento maravilloso, identificar el momento exacto en que comenzó a pasar. Alicia, la pionera, es una experta en estos juego que también han estado cambiando, ahora dedica más tiempo para adornar y embellecer a sus personajes.

Lo más difícil es conciliar las necesidades y gustos entre la hermana y el hermano, no siempre coinciden, DSC02650 150x150 Un buen Planla diferencia de edad puede llegar a ser un reto, por eso, cuando papá participa, sentimos como engrana la rueda, nos damos banquete jugando con los hijos a su altura.

Durante el juego con nuestros hijos observé como, por lo general, los adultos van por un lado y los niños por otro, jugar con los hijos es un imán para los otros niños que nos miran como quien mira un misterio o una cosa rara, algunos se acercaban para sumarse al juego. IMG 20130829 152912 150x150 Un buen PlanSin embargo, el juego entre pares también es una necesidad y un placer, especialmente para Ali, por eso intentamos que en algunos de éstos IMG 20130829 170628 150x150 Un buen Planpaseos nos acompañen amigas de la familia (no tan niñas), Matthias y la Tity y, por supuesto, amigas de Alicia, disfrutamos con Gabriela, Rebeca, Valentina, Angela, Allan, Shantal, Cony, Deris, Gisel, Pascal, Mariana y Jesús Ignacio.

Por mi parte doy gracias a Dios por las etapas que me brida la maternidad, hasta hace poco yo llevaba a mis bebes donde yo quería ir, ahora son ellos los que me invitan a su mundo y me doy el chance de conectarme con mi niñez con sus luces y sombras, también voy creciendo.

Alicia cierra las vacaciones diciendo algo así: lo que mas me gustó fue ir a la playa, el taller de video, (que rabia que no lo hice completo), encontrarme con mis amigas, levantarme tarde y acostarme más tarde y hacer cosas diferentes, todo lo demás no me gustó. Me encanta cuando deja el plato vacío y dice: no quiero más.

 

 

 

Amamantar: tiempo para pensar

Estoy en la recta final para entregar mi tesis doctoral y lograr titularme en diciembre. Todavía no sé si lo voy a lograr pero estoy poniendo todo mi empeño.

Al principio –y todavía hay días así– me preocupaba mucho esos días en que mi bebé parece no querer soltarme, y sentía que no lo iba a lograr. Hoy fui a una asesoría de tesis y mi directora me felicitó por lo mucho que he avanzado con todo y el bebé. Fui también a una junta de mis compañeras de Fractal Editores, una editorial de la cual soy socia fundadora, pero de cuyas actividades me dado auto-licencia por maternidad y tesis.

Eso me hizo pensar que en todo el tiempo que me toma amamantar a mi bebé y el tiempo que le dedico cuando está despierto. Si antes me estresaba mucho, luego descubrí que vale más estar con él mientras está despierto, jugar y explorar el mundo juntos, porque así, cuando tiene hambre, se distrae menos, y su sueño es más profundo, lo que me permite avanzar más en mi trabajo. También descubrí otra cosa cuando me relajé con respecto al tiempo: y es que descubrí que, mientras amamanto a mi bebé, puedo pensar.

Parece cualquier cosa, pero ya desde antes de ser madre había platicado con varios amigos sobre el poco tiempo que, en el ajetrero de la vida diaria, nos damos para pensar, sólo para pensar. Antes de la llegada de mi bebé yo estaba involucrada en muchos proyectos. Por más que intentaba simplificar mi vida, y que periódicamente hacía una revisión para no saturarme, lo cierto es que seguía con muchas ocupaciones. Así que, en términos netos, el tiempo que le estoy dedicando a mi tesis sigue siendo el mismo, o inclusive hasta más, del que le dedicaba antes de que naciera León. Y definitivamente tengo muchísimo más tiempo para pensar.

Pienso en muchas cosas mientras amamanto: en mi bebé, por supuesto, en mi esposo, en mi madre, en mí, en la lactancia. Pienso en mi próxima novela, en un futuro ensayo sobre el miedo al cuerpo, en las investigaciones que quiero hacer luego de la tesis… Pienso en el ser, en la existencia humana. Sobre todo eso: pienso en el ser.

Acostúmbralo a la teta… (parte 2)

Uno de las presiones para usar teta artificial proviene, para mi asombro, de mi sobrina de cuatro años. Desde que nació su primo, me cuestiona una y otra vez cuándo tomará “su tetita”. También a ella le digo que mi seno es su tetita, pero ella replica: “No, pero la otra tetita. Los bebés tienen que tomar en teta.” Por eso, repito yo, esta es su teta.

Mi sobrina también me presiona para usar la carreola y la cuna.

Si lo pienso un poco, es comprensible su concepto de bebé. Para empezar, muchos bebés de juguete traen todo ese equipo: carreolitas, cunitas, mamilitas… De hecho, yo misma, antes de que naciera mi hijo, cuando pensaba en bebé tenía la asociación mental de esas mismas imágenes. Como los papeles y las bolsas para envolver regalos para bebés. En cambio, difícilmente una palabra como rebozo se me aparecía como primera opción. Y eso que mi madre nos amamantó y nos cargó en rebozo y canguro a mis dos hermanos y a mí. Y eso que mientra más veía a padres batallando con las carreolas en pasillos estrechos, elevadores, al subir o bajar del carro, más mi esposo y yo nos convencíamos de que no queríamos usar carreola.

Entonces veo que la presión viene desde que somos niñas.

Mi sobrina refleja también otra de las cosas que he observado, y es la contradicción entre lo que te dicen que debe hacerse y lo que se hace. Es decir, por un lado parece que lo que debe hacerse es no cargar tanto al bebé, pero por el otro todos quieren cargar a los bebés apenas ven a uno.

“Acostúmbralo a la teta, me dicen, así me lo puedes dejar.” Pero, ¿por qué voy a querer dejar a mi bebé? Precisamente, una de las enormes ventajas de dar el pecho, es que puedo llevarlo conmigo a todas partes, y estar segura de que siempre habrá alimento suficiente y listo para tomarse.

Así y todo hay ocasiones en que tengo que dejar a mi bebé. Aunque trabajo desde casa, a veces tengo que ir a reportar avances de mi investigación a la universidad, y si bien antes era sencillo llevar a mi bebé en el rebozo porque sólo dormía y comía, cada vez fue un poco más difícil.

Cuando ha sido necesario, me he extraído leche y la he dejado en diferentes biberones, algunos que prometen simular el seno materno, pero nada: León sigue prefiriendo aguantarse el hambre hasta que llegue yo. No sé si es que hemos errado en la temperatura de la leche o si es el biberón en sí, el caso es que no ha funcionado.

“Acostúmbralo a la teta”, vuelvo a escuchar. Pero, ¿tiene sentido?, me pregunto yo. ¿Para qué acostumbrarlo con diferentes técnicas a algo que no siempre tenemos necesidad de usar –unas tres veces en lo que va de sus seis meses? Además, he visto de cerca lo difícil que es quitarle el biberón a un niño a la fuerza, cuando ya empieza a afectar su salud bucal.

Elegí no hacerlo. El pediatra me sugirió otros métodos: un vasito entrenador, pequeñas cucharadas. El vasito funcionó mejor; además, mi bebé aprendió rápido que, mientras que al vasito sí lo puede morder y calmar su comezón, a mí no me gusta que me muerda.

Acostúmbralo a la teta… (parte 2)

Uno de las presiones para usar teta artificial proviene, para mi asombro, de mi sobrina de cuatro años. Desde que nació su primo, me cuestiona una y otra vez cuándo tomará “su tetita”. También a ella le digo que mi seno es su tetita, pero ella replica: “No, pero la otra tetita. Los bebés tienen que tomar en teta.” Por eso, repito yo, esta es su teta.

Mi sobrina también me presiona para usar la carreola y la cuna.

Si lo pienso un poco, es comprensible su concepto de bebé. Para empezar, muchos bebés de juguete traen todo ese equipo: carreolitas, cunitas, mamilitas… De hecho, yo misma, antes de que naciera mi hijo, cuando pensaba en bebé tenía la asociación mental de esas mismas imágenes. Como los papeles y las bolsas para envolver regalos para bebés. En cambio, difícilmente una palabra como rebozo se me aparecía como primera opción. Y eso que mi madre nos amamantó y nos cargó en rebozo y canguro a mis dos hermanos y a mí. Y eso que mientra más veía a padres batallando con las carreolas en pasillos estrechos, elevadores, al subir o bajar del carro, más mi esposo y yo nos convencíamos de que no queríamos usar carreola.

Entonces veo que la presión viene desde que somos niñas.

Mi sobrina refleja también otra de las cosas que he observado, y es la contradicción entre lo que te dicen que debe hacerse y lo que se hace. Es decir, por un lado parece que lo que debe hacerse es no cargar tanto al bebé, pero por el otro todos quieren cargar a los bebés apenas ven a uno.

“Acostúmbralo a la teta, me dicen, así me lo puedes dejar.” Pero, ¿por qué voy a querer dejar a mi bebé? Precisamente, una de las enormes ventajas de dar el pecho, es que puedo llevarlo conmigo a todas partes, y estar segura de que siempre habrá alimento suficiente y listo para tomarse.

Así y todo hay ocasiones en que tengo que dejar a mi bebé. Aunque trabajo desde casa, a veces tengo que ir a reportar avances de mi investigación a la universidad, y si bien antes era sencillo llevar a mi bebé en el rebozo porque sólo dormía y comía, cada vez fue un poco más difícil.

Cuando ha sido necesario, me he extraído leche y la he dejado en diferentes biberones, algunos que prometen simular el seno materno, pero nada: León sigue prefiriendo aguantarse el hambre hasta que llegue yo. No sé si es que hemos errado en la temperatura de la leche o si es el biberón en sí, el caso es que no ha funcionado.

“Acostúmbralo a la teta”, vuelvo a escuchar. Pero, ¿tiene sentido?, me pregunto yo. ¿Para qué acostumbrarlo con diferentes técnicas a algo que no siempre tenemos necesidad de usar –unas tres veces en lo que va de sus seis meses? Además, he visto de cerca lo difícil que es quitarle el biberón a un niño a la fuerza, cuando ya empieza a afectar su salud bucal.

Elegí no hacerlo. El pediatra me sugirió otros métodos: un vasito entrenador, pequeñas cucharadas. El vasito funcionó mejor; además, mi bebé aprendió rápido que, mientras que al vasito sí lo puede morder y calmar su comezón, a mí no me gusta que me muerda.

¡Mamá está cansada!

Escribo esto agotada y con lágrimas en los ojos, no sólo porque estoy cansada sino porque el motivo es mi hijo Guillermo que ya tiene más de 24 horas con fiebre, vómito y diarrea producto de un virus.

Mientras él duerme y le cuido el sueño, para mantener a ralla la temperatura de su cuerpito de cuatro años y antes de empezar a escribir esto, estaba desde el celular leyendo mi TL en Twitter.

Mientras hacía lo anterior leí un tweet de una mamá famosa que dice textualmente: “Ser mamá y trabajar en casa no implica descuidar tu apariencia! Piensa siempre en ti, haz ejercicio”.

Sinceramente cuando leí el tweet anterior me dio mucha rabia; luego me sentí culpable y desamparada y en estos momentos estoy muy triste.

Cuando sentí rabia me dije “qué bríos, debe ser que tiene un séquito de niñeras”. Cuando me sentí culpable me dije “Ella no tiene la culpa de tener la tribu que yo no tengo”. Y ahora que estoy triste me digo que deberíamos ser más cuidadosas con lo que le decimos a otras mamis. Que nuestras situaciones varían y que no sabemos por qué esa madre no va a la peluquería o al gimnasio. Uno no “descuida” la apariencia porque nos da la gana, a veces preferimos descansar a hacer cualquier otra cosa.

Hace unos días vi un video del doctor de “ni una dieta más” donde daba los secretos para bajar de peso y lo primero era dormir bien, y si era posible 8 horas. Nada más con esa estoy raspada.

La única cosa que hago bien, según las recomendaciones del doc, es desayunar y desayunar bien. Y bueno lo que no hago es bastante y entre esas cosas está que tengo más de un año sin ir a la peluquería, más de dos sin ir a un spa de pies y manos y que llevo 12 meses subiendo de peso entre mi desordenada alimentación y el estrés.

No tengo excusa, lo se, soy yo y nada más yo la responsable, pero no tienen idea de lo cansada que estoy. Mis hijos son lo mejor que me ha pasado en la vida, pero sacar tiempo para mi sin poder contar con un relevo no es fácil y no he encontrado la forma de hacerlo.

Eso si, si quieren compartir sus tips se pueden ahorrar el hacerme sentir culpable que eso, yo, ya lo hago bastante bien.

Descubrirme madre…

Como he contado en otros espacios, lo cierto es que muy pocas veces en mi vida me había imaginado como madre y, en cambio, mis planes para el futuro siempre eran a partir de una visión de mí misma desde una perspectiva laboral. Por eso, no deja de sorprenderme cuánto disfruto ahora ser madre, no sólo por tener un hijo, sino cuánto disfruto estar las veinticuatro horas del día con mi bebé, y cómo me parece ahora natural este hecho.

No es que esté en contra de las guarderías o que me sienta aprensiva por dejar que alguien más esté con él. Mi madre impulsó la primera guardería en mi pueblo natal porque veía que muchas madres tenían una verdadera necesidad por salir a trabajar y no tenían con quién dejar a sus hijos.  Y  en esa lucha yo misma fui una de las primeras niñas de esa guardería, y lo recuerdo como una experiencia grata. Es más: hasta me acuerdo de los almuerzos que me preparaban ahí y de cuánto me gustaban.

Pero es necesario hacer una aclaración: yo fui a esa guardería hasta que tenía entre dos y tres años, y sólo estaba ahí un par de horas al día. A lo sumo cuatro. Antes de ir a la guardería yo conocí la hermosa experiencia de pasar mis primeros días de vida pegada al seno de mi madre, y mi madre me llevaba con ella a todos lados en su rebozo. Y cuando mi madre llegaba por mí, yo sabía que ella estaría conmigo y con mis hermanos el resto del día.  Ir a la guardería fue para entonces una aventura. Un paso intermedio que me hacía sentir que estaba creciendo y que pronto, como mis hermanos, iría a la escuela. Una emoción positiva, pues.

Veo que algunos se sorprenden de verme tan pegada a mi bebé, como antes se sorprendieron de verme tan cercana a mi esposo. ¿Por qué iba a casarme con alguien con quien no me gusta estar?, me preguntaba yo. Si me casé con él es porque nos gusta estar juntos. Ahora me pasa otro tanto: si quisimos ser padres fue para estar con nuestro hijo. Para educarlo nosotros.

A veces pienso que los niños se confunden al tener tantas figuras de autoridad. Si en una empresa eso se convierte en un problema, ¿cómo no lo va a ser para un niño que apenas está descubriendo el mundo?

Por eso me siento tan triste hoy. Porque esta semana mis dos planes para seguir trabajando desde casa el próximo año se han esfumado. Y ahora no sé muy bien qué vaya a pasar.

Acostúmbralo a la teta… (parte 1)

Ya en el último mes de embarazo, mi madre llegó para estar conmigo en el gran momento, y ayudarme a preparar todo aquello que pudiera hacerme falta. Enseguida notó que no había comprado mamilas y me lo hizo notar. ¿Para qué?, respondí yo. Preparé todo para trabajar desde casa, así que no tengo necesidad de comprar mamilas si puedo amamantarlo yo misma. Días después llegó León.

En ese entonces no había investigado nada sobre lactancia materna, confiaba en mi instinto y en el apoyo de mi madre. No sabía, por ejemplo, que hay que pedir que no le den suero al bebé cuando nace. No me lo dijeron, pero supongo –más porque mi bebé nació por cesárea–, que le dieron al menos una mamila luego de nacer. Para fortuna nuestra, en cuanto me llevaron al bebé a la habitación, mi madre me lo acercó y me dio consejos sobre cómo iniciar la lactancia. León se prendió enseguida, y enseguida pareció preferir mi seno a la mamila. Aún así todavía tomó algunas más.

En cuanto empezamos a tener contacto con el mundo, el torrente de comentarios, consejos y sugerencias que todas las madres experimentamos –y, también, que todas las madres hacemos luego– no se hizo esperar. Los comentarios venían en dos tipos, generalmente: aquellos que me decían que no lo cargara mucho, y aquellos que me decían que lo cargara mucho porque luego ya no podría hacerlo, por ejemplo, y aquellos que me alentaban y me felicitaban por darle pecho, y aquellos que, primero sutilmente, y luego con mayor claridad, me decían que tenía que acostumbrarlo a “la teta”. Lo curioso es que, al menos en el norte de México, por “teta” se refieren a la mamila, es decir, a la teta artificial. No deja de parecerme gracioso y aprovecho cuando puedo la oportunidad para decirles que él siempre ha tomado teta, la original: la única.

Hay varios argumentos al respecto. Uno de ellos ha sido que es bueno que descanse del bebé de vez en cuando. Pues bien, la primera vez que acepté la oferta –todavía antes de investigar sobre lactancia–, dejé al bebé confiada en que, si tenía hambre, podíamos usar la fórmula que le habían dado en el hospital. El resultado fue desastroso: yo llegué a casa con dolor en los senos de tan duros. León, quien había tomado leche artificial ante el hambre, me pidió pecho en cuanto llegué a pesar de haber tomado la fórmula. En el transcurso del día se me fue aliviando el malestar en los senos: cada vez que mi bebé me pedía pecho yo lo agradecía sinceramente. Por fin, en la noche, nos fuimos a dormir los tres en nuestra cama: papá, mamá, bebé. Pero en un par de horas comenzó un llanto que no le conocíamos a nuestro hijo. Parecía querer comer, pero algo se lo impedía. De tanto buscar qué lo tenía tan molesto, su padre recordó la mamila de fórmula de la tarde, y descubrió que tenía inflamada su pancita. Entonces me dispuse a darle suaves masajes y a doblar sus piernitas, y así continuamos hasta que el bebé pareció encontrar alivio en ello. Dedujimos que esos son los famosos cólicos. Ha sido la única noche de desvelo y llanto en nuestra corta historia como papás.

Aprendimos la lección.

Viajar con un bebé

Hemos hecho dos viajes con León, uno en auto y otro en avión. En ambos hemos visto lo práctico que resulta viajar con un bebé que sólo toma pecho.

Esta última ocasión hicimos el viaje en avión, y las diferencias saltaban a la vista. Es claro que cada familia elige lo que les resulta mejor, y a nosotros cada vez más nos gusta nuestro método. En el aeropuerto vimos muchas familias que viajaban con carreolas, mamilas y recipientes para guardar leche. Recuerdo particularmente un bebé que lloraba desesperado mientras esperábamos subir al avión. A mí me parecía que tenía hambre. El padre tuvo que tomarlo en brazos para tranquilizarlo, pero el bebé continuaba llorando. El llanto continuó hasta que la familia se instaló en su asiento, y la mamá pudo preparar una mamila, e incluso así tardaron un poco para tranquilizar por completo al bebé. Nosotros preferimos usar canguros o rebozos con aros. Y a León parece gustarle mucho, pues se siente protegido y puede ver todo desde nuestra altura. Y así, si nuestro bebé tiene hambre, sólo tengo que acomodarlo en el rebozo para poder amamantarlo, inclusive en movimiento.

Al llegar a nuestro destino, acomodamos nuevamente a León, y caminamos por el pasillo, mientras las otras familias esperaban a que llegara su carreola, con el tráfico que suele producirse cuando hay gran cantidad de cualquier tipo de vehículos.

Luego están los restaurantes: como a mis padres les encanta invitarnos a comer, visitamos varios durante la estancia con los abuelos. En estos casos preferimos el rebozo, pues así es fácil amamantar en público, el bebé suele arrullarse y se queda dormido. Si llega a despertar, no se asusta, pues está pegadito ya sea conmigo o con su padre, y siempre nos queda una o hasta dos manos libres para comer. Algunos me han dicho que hay lugares en los que no permiten carreola, pero con el rebozo eso no es problema.

He notado que llamamos mucho la atención a donde vamos. He notado también que algunos padres ven lo práctico de nuestro sistema, pero siguen prefiriendo las carreolas y las mamilas. Muchos me siguen preguntando si no me canso de amamantar y de cargarlo. Y pues sí, claro que hay momentos en que me siento cansada, pero creo que todos los padres se sienten cansados en algún momento. Y, como dije en una entrada anterior, basta observar un poco para darse cuenta que todos los padres terminan tomando a sus hijos en brazos eventualmente.

Cargar a un bebé con la ayuda de un aditamento es tan efectivo, que es posible recorrer todo Teotihuacán: Mi esposo no cabía en sí del gusto que tenía de haber subido a la Pirámide del Sol, a la de la Luna y al templo de Quetzalcóatl con un bebé de brazos.

Amamantar en público

Debo confesar que al principio me daba un poco de pena amamantar en público, así que agradecí mucho que mi madre me hiciera un rebozo tipo sling de manta lo suficientemente grande como para hacer una cuna portátil para mi bebé, que además me permitía amamantarlo bien cubiertos los dos. Pero luego mi bebé fue creciendo y, como a muchos bebés, ya no le fue grato sentir tanta tela encima, y además empezó a tener el reflejo de patear y patear en cuanto sentía algo en sus pies, así que amamantarlo en esa cunita ya no era tarea sencilla.

Aunado a eso, a mis sobrinos les daba –y les da todavía– una curiosidad tal el hecho de que su primo no tome en mamila sino directamente de mi pecho, que el cubrirme aumentaba más esa curiosidad en lugar de disminuir su interés. Como resultado: apenas veían que me acomodaba para alimentar al bebé, y ya los tenía encaramados sobre nosotros para ver el gran acontecimiento.

Llegados a ese punto, lo cierto es que yo ya me había acostumbrado tanto a amamantar a León, que empecé a verlo justamente como lo que es: algo natural de lo cual no debía avergonzarme. Sin embargo, notaba que no todas las personas se sentían cómodas con el asunto, conocidas o no conocidas, sobre todo si había hombres presentes, aunque fueran de la familia, y aunque esos hombres fueran todavía unos niños.

Intenté cubrirme con una manta, pero el resultado fue el mismo. Ante la preocupación del padre, que tampoco quería que me descubriera en público, mi bebé movía todo su cuerpo para deshacerse de la incómoda mantita que lo privaba de algo que los dos disfrutamos cuando le doy pecho: vernos y sonreírnos.

Luego de batallar unos días con las pequeñas rabietas que armaba León en su protesta por la censura, decidí que, más que las opiniones de los demás, lo que más me importaba era alimentar a mi bebé.

Lo cierto es que tampoco he llegado al punto de otras mujeres de sacar su pecho así como así. Más bien procuro usar blusas que me faciliten amamantar con cierta sutileza, y recientemente he encontrado otro sling mucho más pequeño que facilita alimentar a León sin que él sienta ningún estorbo en los pies y sin que se sienta encerrado.

Cuando empecé a leer más sobre lactancia materna, empecé a darme cuenta que mi pena y la curiosidad de mis sobrinos tiene un mismo origen: que cada vez es menos frecuente ver a madres amamantando en público. Entonces empecé a darme cuenta que no sólo se trataba de alimentar a León, y de ofrecerle el mejor alimento posible y lo mejor de mí misma, sino de la difusión y la promoción misma de la lactancia materna. Y parece que mi pareja también ha llegado a lo mismo porque ha dejado de cubrirme como a una monja.

Al amamantar en público invito a que otras madres se animen a hacerlo, les recuerdo que en realidad es mucho más sencillo dar el pecho, con la leche siempre en su punto y lista para el bebé, que andar cargando con mamilas y recipientes para guardar ya sea leche en polvo o leche materna extraída. Como consecuencia, madres que ahora son abuelas se acercan a felicitarme y a contarme que su hija o su nuera no pudieron dar pecho, y mujeres que no son madres aún me preguntan si yo no batallé. Eso refuerza mi convicción de seguir amamantando en público.

lactancia salvaje

La lactancia salvaje por Laura Gutman

salvaje lactancia salvaje
La mayoría de las madres que consultamos por dificultades en la lactancia estamos preocupadas por saber cómo hacer las cosas correctamente, en lugar de buscar el silencio interior, las raíces profundas, los vestigios de femineidad y apoyo efectivo por parte de los individuos o las comunidades que favorezcan el encuentro con su esencia personal.
La lactancia es manifestación pura de nuestros aspectos más terrenales y salvajes que responden a la memoria filogenética de nuestra especie. Para dar de mamar sólo necesitamos pasar casi todo el tiempo desnudas, sin largar a nuestra cría, inmersas en un tiempo fuera del tiempo, sin intelecto ni elaboración de pensamientos, sin necesidad de defenderse de nada ni de nadie, sino solamente sumergidas en un espacio imaginario e invisible para los demás.
Eso es dar de mamar. Es dejar aflorar nuestros rincones ancestralemente olvidados o negados, nuestros instintos animales que surgen sin imaginar que anidaban en nuestro interior. Es dejarse llevar por la sorpresa de vernos lamer a nuestros bebés, de oler la frescura de su sangre, de chorrear entre un cuerpo y otro, de convertirse en cuerpo y fluidos danzantes.
Dar de mamar es despojarse de las mentiras que nos hemos contado toda la vida sobre quienes somos o quienes deberíamos ser. Es estar desprolijas, poderosas, hambrientas, como lobas, como leonas, como tigresas, como canguras, como gatas. Muy relacionadas con las mamíferas de otras especies en su total apego hacia la cría, descuidando al resto de la comunidad, pero milimétricamente atentas a las necesidades del recién nacido.
Deleitadas con el milagro, tratando de reconocer que fuimos nosotras las que lo hicimos posible, y reencontrándonos con lo que haya de sublime. Es una experiencia mística si nos permitimos que así sea.
Esto es todo lo que necesitamos para poder dar de mamar a un hijo. Ni métodos, ni horarios, ni consejos, ni relojes, ni cursos. Pero sí apoyo, contención y confianza de otros (marido, red de mujeres, sociedad, ámbito social) para ser sí misma más que nunca. Sólo permiso para ser lo que queremos, hacer lo que queremos, y dejarse llevar por la locura de lo salvaje.
Esto es posible si se comprende que la psicología femenina incluye este profundo arraigo a la madre-tierra, que el ser una con la naturaleza es intrínseco al ser esencial de la mujer, y que si este aspecto no se pone de manifiesto, la lactancia simplemente no fluye. No somos tan diferentes a los ríos, a los volcanes, a los bosques. Sólo es necesario preservarlos de los ataques.
Las mujeres que deseamos amamantar tenemos el desafío de no alejarnos desmedidamente de nuestros instintos salvajes. Lamentablemente solemos razonar y leer libros de puericultura, y de esta manera perdemos el eje entre tantos consejos supuestamente “profesionales”.
La insistencia social y en algunos casos las sugerencias médicas y psicológicas que insisten en que las madres nos separemos de los bebés, desactiva la animalidad de la lactancia. Posiblemente la situación que más depreda y devasta la confianza que las madres tenemos en nuestros propios recursos internos, es esta creencia de que los bebés se van a malacostrumbrar si pasan demasiado tiempo en nuestros brazos. La separación física a la que nos sometemos como díada entorpece la fluidez de la lactancia. Los bebés occidentales duermen en los moisés o en los cochecitos o en sus cunas demasiadas horas. Esta conducta sencillamente atenta contra la lactancia. Porque dar de mamar es una actividad corporal y energética constante. Es como un río que no puede parar de fluir: si lo bloqueamos, desvía su caudal.
Contrariamente a lo que se supone, los bebés deberían ser cargados por sus madres todo el tiempo, incluso y sobre todo cuando duermen. Porque se alimentan también de calor, brazos, ternura, contacto corporal, olor, ritmo cardíaco, transpiración y perfume. La leche fluye si el cuerpo está permanentemente disponible. La lactancia no es un tema aparte. O estamos madre y bebé compenetrados, fusionados y entremezclados, o no lo estamos. Por eso, dar de mamar equivale a tener al bebé a upa, todo el tiempo que sea posible. No hay motivos para separar al bebé de nuestro cuerpo, salvo para cumplir con poquísimas necesidades personales. La lactancia es cuerpo, es silencio, es conexión con el submundo invisible, es fusión emocional, es entrega.
Dar de mamar es posible si dejamos de atender las reglas, los horarios, las indicaciones lógicas y si estamos dispuestas a sumergirnos en este tiempo sin tiempo ni formas ni bordes.También si nos despojamos de tantas sillitas, cochecitos y mueblería infantil, ya que un pañuelo atado a nuestro cuerpo es suficiente para ayudar a los brazos y las espaldas cansadas. Incluso si trabajamos, incluso si hay horas durante el día en que no tenemos la opción de permanecer con nuestros bebés, tenemos la posibilidad de cargarlos en brazos todo el tiempo que estemos en contacto con ellos.
Es verdad que hay que volverse un poco loca para maternar. Esa locura nos habilita para entrar en contacto con los aspectos más genuinos, inabordables, despojados, salvajes, impresentables, sangrantes de nuestro ser femenino. Así las cosas, que nos acompañe quien quiera y quien sea capaz de no asustarse de la potencia animal que ruge desde nuestras entrañas.

Una vida en manada

Una manada es un conjunto de animales de una misma especie que andan reunidos, y nada mejor para describir mi situación actual.

Dado que mi esposo y yo tenemos la posibilidad de trabajar desde casa, eso hemos hecho desde que estábamos esperando la llegada de nuestro hijo, y con mayor razón ahora que ya lo tenemos en casa. Compartimos hogar con Odín, un pastor holandés.

Así que mi vida es una vida en manada. No somos animales de una misma especie, pero sí que vivimos juntos y solemos ir juntos siempre que se puede.

Creo además que refleja la postura que he tenido siempre: que los seres humanos somos animales. Por supuesto que ninguna especie es igual a otra, pero por muy diferentes que podamos ser no dejamos de ser animales. Me encantan, pues, aquellos estudios que parten de esa premisa. Por eso, supongo, ahora que soy madre lo de la lactancia materna, la crianza en brazos y el colecho se dieron como algo natural.

Si pudiera retroceder el tiempo

La primera vez que tuve la dicha de ser madre fue hace quince años, para mí es como si hubiera sido ayer porque el tiempo pasa muy rápido, mi hijo era un niño hace tan poco! Cuando el nacio yo entendía debía amamantarlo pero sin el conocimiento de los beneficios que traería esto a lo largo de su vida, creo que era para mi quizas algo que veía se hacía y ya, aun asi lo intenté, pero por lo dicho anteriormente, desconocimiento falta de orientación, no lo supe hacer, me desespere y mori en el intento, cuanto lamento esto hoy dia!!
Gracias a Dios volví a ser madre catorce años después y como comprenderan es un nuevo comenzar ya no me acordaba de nada! Y llego a mi vida otro regalo precioso, en ese momento tenía el conocimiento de lo que representaba amamantar a un bebé, debo confesar no fue tan fácil para mí, no habia tenido la experienciencia pero, lo que si estaba claro y tenía fijo en mi cabeza era que no me rendiría, en el proceso para que bajara la leche tarde unos dias, cada dia me decía falta menos, tranquila lo vas a lograr, asi fue, llego el gran dia bajo la leche!! Que emoción senti en ese instante, después de un poco de dolor, que valió la pena, porque hoy Diego tiene 17 meses y lo sigo amamantando y me siento tan feliz de hacerlo!!

La primera entrada

Hace ya varios días que traía la cosquilla de abrir esta bitácora, y no deja de ser curioso que la empiece hoy: uno de esos días que siento que todo lo que he hecho es alimentar, cambiar pañales y arrullar a León, mi hijo.

Trabajar desde casa para poder amamantar a libre demanda no siempre es fácil, pero hay días mejores que otros. Hoy no fue uno fácil.

Hoy ha sido uno de esos días en que parece que no puedo soltar ni cinco minutos a León porque siente mi ausencia y me pide otra vez que lo alimente. No sé si será que está dando otro estirón, o simplemente me requiere ahí, pegaditos los dos piel con piel. Por lo tanto, no he podido avanzar prácticamente nada en mi tesis doctoral, y aunque disfruto mucho estar con mi hijo, me comen los nervios al ver que ya sólo me quedan dos meses y medio para terminar un borrador de la tesis si quiero graduarme, como debería, en diciembre. De hecho estoy escribiendo esta entrada con mi hijo entre los brazos.

Al borde de la angustia, las bitácoras de otros en esta red de apoyo a la lactancia materna me hicieron sentir mejor. Así que me decidí a iniciar mi propia bitácora. Quizá a alguien en el mundo le sirva en algún momento leer una entrada mía, así como leer entradas de otros me ha hecho bien a mí. Además, en las brevísimas siestas de León, no he podido dejar de pensar en esto, y mucho menos me concentro en las lectoras de la tesis.

Así que comenzamos mundo: seguro que ya vieron que aquí se hablará tanto de la dichosa tesis como de mis días como vaca lechera.

Eso sí, diría mi compañero: no una vaca cualquiera.

¡Hola mundo!

El Símbolo Internacional de la Lactancia fue creado por Matt Daigle, artista y padre, para un concurso y  firmó un contrato en 2006 para hacer el símbolo parte del dominio público.El símbolo fue diseñado como otros símbolos tipo AIGA vistos comunmente en lugares públicos. Estos símbolos deben ser diseñados con cuidado porque tienen que ser entendidos con un simple vistazo sin explicación escrita sobre su significado.

lactivistastuiter 250x250 ¡Hola mundo!

Símbolo Internacional de Lactancia

El Símbolo Internacional de la Lactancia fue creado específicamente para enfrentar el problema de no tener un símbolo de lactancia universalmente aceptado para indicar que amamantar es aceptable en lugares públicos. Muchas veces, cuartos designados para amamantar en lugares públicos llevan el símbolo de biberón en vez de la imagen de una madre amamantando a su hijo. Antes de la creación del nuevo Símbolo Internacional de la Lactancia, varias madres lactantes sintieron que el símbolo del biberón no era apropiado para designar un cuarto de amamantar.

Si deseas ampliar informacion sobre el simbolo, ingresa en su sitio web : http://www.breastfeedingsymbol.org/

 

Tomado de wikipedia

 

¡Hola mundo!

El Símbolo Internacional de la Lactancia fue creado por Matt Daigle, artista y padre, para un concurso y  firmó un contrato en 2006 para hacer el símbolo parte del dominio público.El símbolo fue diseñado como otros símbolos tipo AIGA vistos comunmente en lugares públicos. Estos símbolos deben ser diseñados con cuidado porque tienen que ser entendidos con un simple vistazo sin explicación escrita sobre su significado.

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Símbolo Internacional de Lactancia

El Símbolo Internacional de la Lactancia fue creado específicamente para enfrentar el problema de no tener un símbolo de lactancia universalmente aceptado para indicar que amamantar es aceptable en lugares públicos. Muchas veces, cuartos designados para amamantar en lugares públicos llevan el símbolo de biberón en vez de la imagen de una madre amamantando a su hijo. Antes de la creación del nuevo Símbolo Internacional de la Lactancia, varias madres lactantes sintieron que el símbolo del biberón no era apropiado para designar un cuarto de amamantar.

Si deseas ampliar informacion sobre el simbolo, ingresa en su sitio web : http://www.breastfeedingsymbol.org/

 

Tomado de wikipedia

 

Cuando es papá quien se queda en casa

papanino 300x225 Cuando es papá quien se queda en casa

A menudo leemos opiniones a favor y en contra de las decisiones de mamás profesionales que han tomado como prioridad la crianza de sus hijos, postergar sus carreras o incluso emprender en otras áreas que les permita laborar desde el hogar.

Pero, qué sucede cuando es papá quien se queda en casa, mientras mamá trabaja. Hasta ahora muy poco he escuchado alguna crítica, pues esta situación no es la más común al parecer. Sin embargo, esta consideración la hago pues ya conozco dos caballeros (profesionales) inmersos en estos menesteres, jugar, preparar comidas, meriendas, dar teteros, cambiar pañales,  administrar medicinas, jugar, cantar, contener, acariciar, acurrucar,  y pare de contar ese sinfín de actividades diarias que por lo general nos toca a las mamás o cuidadoras de bebés (quienes casi siempre son mujeres).

Claro, debo resaltar que aunque uno de ellos está full time con su crío, el otro tiene una ocupación muy flexible de horario que le permite cuidar de su bebito mientras mami vuelve del trabajo.

Pero, independientemente de los detalles de sus situaciones particulares y del por qué llegaron a ese acuerdo, el caso es que como papás se han empoderado de responsabilidades que antes sólo parecían cosas de mujeres, han desmitificado esas teorías que “debe ser el sólo hombre” quien asuma la responsabilidad de cubrir las necesidades básicas y monetarias de la familia. También, están dando un paso adelante en una crianza respetuosa con sus bebés, que siempre estarán mejor al cuidado de papá que en una guardería, por lo menos mientras estén tan chiquitos. Por otro lado, considero que se necesita de un alto grado de compromiso familiar y de pareja, desapego profesional, responsabilidad y sobre todo la gran voluntad y amor que se requieren para cuidar de un bebé en casa.

 Cosa de dos!!

  • A veces cuando es la madre quien se encarga de “todo y de todos”, su trabajo se invisibiliza, es como si las cosas en el hogar ocurriesen por arte de magia. Sin embargo, este tipo de experiencias de papás comprometidos puede ayudar a los padres a asumir nuevos roles en la crianza de sus hijos, apreciar las pequeñas actividades cotidianas, estrechar su relación con los hijos mayorcitos, aprender a “multiplicarse” en cuestión de horarios donde el día no alcanza y el tráfico de la ciudad no ayuda.
  • Veo con mucho agrado que al cole de mi hijo son tantos padres como madres quienes llevan a sus hijos en las mañanas, papás que les recogen el cabello a sus niñitas y hasta cuentan sus malabares al preparar las loncheras. Así como aquellos que practican activamente el colecho o se acuestan con sus hijos hasta que estos se duermen por las noches. Y entran en este grupo, los papás que se llevan a sus niñitos al trabajo para ayudar ese día a mamá, siempre y cuando la rutina del día le permita brindarle atención y seguridad.
  •  Estoy segura que cada vez que el padre se integra más al cuidado de sus hijos, a tiempo completo o lo haga de manera consecuente, quien gana es la relación familiar y sobre todo la seguridad emocional de los pequeños.  Y aunado a esto las mamás sabremos agradecer estas pequeñas o grandes ayudas!

MAMÁ + AMAR = AMAMANTAR

Amamantar es un acto natural, instintivo, fisiológico, desde tiempos ancestrales que todas las mujeres podemos brindar a nuestros hijos. La perfección de la naturaleza, la perfección de la madre tierra, la perfección de nuestro cuerpo que va cambiando, creciendo y activando hormonas para producir en el momento indicado ese oro de vida, ese néctar de amor, esa primera vacuna, esas gotas de sangre blanca para inmunizar y generar el primer contacto entre mamá y bebé, como lo es la lactancia materna.

Somos mamíferos y como tales amamantar no es lo recomendable es lo natural, amamantar no tiene tiempo, para producir leche materna solo se necesita del estimulo de la succión, la leche que sale de nuestros pechos una vez que bebé nace, no es solo rica en nutrición, sino es rica en amor, la leche materna no tiene precio es gratis, la leche materna esta disponible las 24 horas del día para cuando mi bebé requiera de ella.

Hay quienes creen que la lactancia debe durar solo 6 meses porque después de allí no hace nada,  no alimenta o es solo un agua. Pues a quienes aun están desinformados en relación a la lactancia amamantar por 6 meses es solo disfrutar de una lactancia exclusiva llena de agua, de proteína y de grasa; osea como diría yo ” sopa, seco y postre” y a partir de allí la lactancia sigue siendo el plato principal acompañado de una nueva etapa del bebé, degustar, explorar, tocar, oler y observar una variedad de alimentos. Y luego del primer año de vida la lactancia toma otro rumbo es mamá detrás de la teta, es consuelo, es caricia, es seguridad, es compañía, es cercanía, es sonrisa, es apego, es comunicarse, es proteger, es alimento, es dar vida, es el más grande Amor que le podemos brindar a nuestros hijos.

Hoy soy feliz de haber creído en mi, en mis rayitos y de lo maravilloso que ha sido y es cada una de las experiencias vividas en relación a la Lactancia Materna.

mis rayitos 300x202 MAMÁ + AMAR = AMAMANTAR

Que viva la Teta!

 

El Desamparo materno

No encontré un título más adecuado para el post que este, y además para escribirlo esperé a que ese sentimiento o situación desapareciera para poder contarles, ya desde afuera, lo que se siente.

Un día de lluvia, como el de hoy en el que escribo el post, puede desatar el más profundo sentimiento de desamparo. Ustedes dirán que puede ser por el día gris o porque a veces uno se pone melancólico, pero no, es por algo mucho más práctico aunque suene descabellado.

Yo no manejo, o procuro no hacerlo. No me gusta manejar, soy torpe y nerviosa; me estreso y en un carro sincrónico eso no es bueno. Una vez se me apago en medio de un cruce, entre el corneteo y la lluvia me costó casi 20 minutos prenderlo, por eso manejo lo mínimo.

Aclarado lo anterior, he tratado de que todo me quede cerca (colegio, trabajo, supermercados, panaderías…), hasta ahora lo he logrado, el problema es cuando llueve. Yo a pie con dos niños y un palo de agua (chaparrón) no es buena combinación.

¿Y el desamparo? Esto es un ejemplo pequeñito, pues al no contar con una tribu ha convertido los días de lluvia en mis enemigos. Mi esposo trabajando y sin mis vecinas, que son las únicas que me echan una mano, termino emparamada y a veces con mis hijos mojados.

Aunque el sentimiento de desamparo va más allá… Guille se me enfermó un fin de año con fiebre de 40 y los cohetes sonaban y todo el mundo estaba de fiesta, mientras mi esposo y yo bañábamos al niño con compresas y lo abrazábamos para que se sintiera mejor. Ahí el desamparo fue familiar porque allí papá me entendió.

En estos tiempos modernos cada quien vive su vida, el mundo gira y gira hasta que te conviertes en madre o padre. Se ha arraigado la creencia que la maternidad es un asunto doméstico y no, la maternidad tiene implicaciones sociales profundas. ¡Alguien tiene que parir, criar y alimentar a los ciudadanos y trabajadores! Y quien más sino mamá.

El problema no es aprender a pedir ayuda, eso lo superé, ahora hasta soy capaz de gritar AUXILIO, el problema es que nadie acude, nadie viene. Todos ven desde afuera sin intenciones de involucrarse. No hay sustento emocional para las familias y mucho menos para los padres, pero si son capaces de criticar el desempeño de los hijos o de sus familias.

Critican a las madres solas si les dejan los bebés a los abuelos o a otras familias, criticamos si los niños tienen berrinches o si están brincando o “molestando” en espacios públicos… Pero son incapaces de preguntar “¿Señora mamá, señor papá necesita ayuda?”

Ya no nos emplean, y es que hasta la legislación y el Estado nos embromó y así me quieren convencer que la maternidad es sólo una cuestión privada. Obvio que empieza con una decisión personal, uno decide si quiere o no ser madre pero luego, el día que ese bebé llega empieza el entramado social que envuelve todo el asunto. No puedo criar a mis hijos y complementar el sustento de mi familia sin que la legislación, mínimo, no me estorbe.

El desamparo va más allá de lo económico, las “ayudas” o misiones no han frenado el embarazo adolescente ni la paternidad irresponsable. Las cifras del último censo lo demuestran.

Además, las mujeres perdieron la empatía y el sentido común, el estar en tribu nos hace las cosas más fáciles. Pero optamos por repetirnos que “somos fuertes y podemos solas” y así demostrarle al mundo que somos unas guerreras mientras lloramos todas las noches del cansancio junto a nuestros esposos o solas porque no hay quien nos releve en la rutina, sobre todo si llueve.

Entre tú y yo

Cuando decidí, hace más de 18 años, amamantar a mi hijo sabía que no era tarea fácil, sabía que me enfrentaba a un mundo que desconocía, pero descubrí en esas horas interminables  en que mi hijo vivía pegado de mí que se abría un universo de amor, de entrega, de paciencia, de llanto, de cansancio, pero que de a poco se convirtió en una maravillosa experiencia, llena de placer, de intimidad, de intercambio de miradas, de una armonía absoluta, estaba cumpliendo con la misión natural con la que todo mamífero nace; así pasó con mi hija hace 10 años, lo viví de nuevo, y que felicidad fue poder hacerlo exitosamente por segunda vez.

Entendamos que nuestros senos no son sólo un objeto de exhibición y de exuberancia, que esa belleza de mujer se hace más grande cuando se amamanta. Esta es una invitación al amor, al placer de dar vida, a la satisfacción de dar salud, de crear y criar con respeto, con sentido ecológico, más humano y menos industrial. Regala vida y recibe a cambio el bienestar de una sociedad más humanizada y saludable.

Feliz de aportar mi experiencia de madre a esta labor de difundir esta práctica natural y para la cual fuimos creadas. Aquí entre tu y yo nos podemos ayudar a formar nuevas conciencias.

Catica