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¿Qué es lo mejor que puedes darle a tu hijo?

familia 150x150 ¿Qué es lo mejor que puedes darle a tu hijo?

Imagen tomada de http://holmantovar. blogspot.com/2009/11/ importancia-de-la-familia.html

Hace unos tres años, conocí a un hombre que estaba contento de haber comprado a su bebé, al que le faltaba muy poco por nacer, una cuna que costaba el equivalente a tres meses de sueldo mínimo. Cuando el bebé tenía apenas dos meses de nacido, él andaba desesperado porque no tenía dinero para comprar la leche de fórmula que el bebé tomaba. Recuerdo haberle dicho que si hubiese ahorrado la plata que usó para comprar la cuna, quizá tuviese hoy con qué darle de comer a su hijo. Este hombre se molestó y me dijo que yo no podía opinar porque no tenía hijos y que ya me vería querer darles lo mejor cuando los tuviese, entonces le salí con una de mis peores imprudencias: “¡entonces que coma cuna!”. Imagínense el desastre que causé.

Hoy tengo una hija y pienso que este hombre tenía razón en una cosa: quiero darle lo mejor a mi hija.

Como dije en un post anterior, esta etapa de maternidad me ha traído un pack completo de aprendizaje constante, parte de él viene del compartir con otras mamás, principalmente con mis tres hermanas, y otra parte del ensayo y error. Casi todas las cosas que he aprendido hasta la fecha, han estado relacionadas con el rompimiento de paradigmas preestablecidos de crianza.

Una de las cosas que me ha tocado aprender, y de las que más me ha impresionado, es que los padres y madres tienen distintos conceptos acerca de lo que consideran que es mejor para sus hijos. El asunto es, que por muy ilógicos y descabellados que me parezcan, debo aceptarlos como correctos. Cada quien toma sus decisiones basadas en variadísimos aspectos influyentes: experiencias previas, entorno social y cultural, ideales propios, entre otros.

En mi caso personal, y puede también que yo esté equivocada, he decidido que lo mejor que puedo darle a mi hija es una intensa educación emocional y espiritual por encima de lo material porque considero que en esta vida nada físico es realmente estable y duradero, por lo que la satisfacción que se obtenga de ellos es temporal (sí, no debo decir nada cuando un padre prefiere lo material).

Me he investigado muchas formas de hacerlo y he escogido las siguientes formas:

-       Llevando la lactancia materna a término (hasta que MI decida destetarse sola)

-      Porteando a mi hija de forma natural, con un canguro de tela, que permite que esté en contacto conmigo siempre y que se adapte a nuestra anatomía.

-       Por medio del contacto físico constante: cargando, acunando, con amapuchos y abrazos, mirando a los ojos.

-       Colechando (durmiendo) con mi pequeñita.

-       Mejorando mi calidad de trato al establecer mis relaciones interpersonales.

-       Conociendo mi cuerpo y dejando que ella conozca el suyo.

-       Bajando a su nivel, colocándome en sus zapatos, escuchando y tratando de entenderlo su llanto, validando sus sentimientos.

-       Atendiendo sus necesidades en el acto, en el entendido de que un bebé no tiene la capacidad de manipular a sus padres y que todas sus necesidades son básicas.

-       Viendo el mundo desde su óptica de niña exploradora.

-       Reaprendiendo a explorar la vida.

-       Respetando sus procesos y etapas.

-       Perdonando y cerrando viejas heridas.

-       Practicando principios de amor, tolerancia, respeto, paz, y así un día servir de ejemplo para MI.

Haciendo todas estas cosas, se me ha ido abriendo (a veces cerrando también, cuando tengo retrocesos) una nueva visión de la vida, he ido despertando poco a poco a una nueva manera de percibir las cosas. Confieso que estoy lejos de lograrlo todo y que el proceso se me ha tornado difícil, pero me siento bien orientada y eso es lo importante:

Que el instinto me indique el camino.

El instinto, sombra amiga

Imagen0612 150x150 El instinto, sombra amiga

Casi dormidas en nuestra camita

A los pocos meses de haber nacido MI, cuando por fin estuve sola en mi casa, libre de la presión social de la que hablé en un post anterior, empecé a escuchar una voz en mi mente y en mi corazón. Empecé a tener impulsos que contradecían lo que había aprendido sobre crianza.

Confieso que me provocaba dormir con Mariana. En la madrugada, cuando se despertaba a pedir teta, la pasaba a mi cama y allí nos descubría dormidas el amanecer. En las noches, la dormía meciéndola en mis brazos y cantándole canciones. Viendo miles de imágenes en Internet, me hice unos rebozos para cargarla siempre conmigo. Eran horribles, pero nuestros, jejejejeje, y bastante cómodos. También los usaba para dormirla.

También empecé a sentir deseos de estar siempre con ella porque me parecía que aquellas personas maravillosas que la cuidaban mientras yo trabajaba no iban a entender y respetar mis decisiones acerca de cómo debía ser su alimentación y crianza. Yo sabía que harían lo que están acostumbrados a hacer: seguir los paradigmas culturales que poco a poco he ido rechazando.

Al principio eran como pequeños actos de rebeldía que me hacían sentir satisfecha y calmaban los llantos de MI. Luego comprendí que era normal lo que sentía, además de ser muy sano y beneficioso para nosotras dos. Esos pensamientos y deseos nacían en lo más primitivo de mí: era mi instinto.

¿Qué es, entonces, el instinto?

Dios nos ha dado un cuerpo de ingeniería perfecta. Este cuerpo tiene un mecanismo hormonal que rige ciertas acciones. A este mecanismo lo conocemos como instinto.

La más hermosa de las funciones que he descubierto hasta ahora es la conservación de la especie humana por medio del amor. El instinto nos invita y seduce a cargar a nuestro bebé cuando llora, a tenerlo siempre encima o a la vista cuando ya están más grandes, a abrazarlos, cantarles, hablarles suavecito, a mirarlos a los ojos, a darle teta cuando se cae y llora.

La especie humana está condicionada a necesitar y prodigar amor para existir. La hormona del amor (oxitocina) es que la que induce a amarnos, reproducirnos, parirnos, amamantarnos, acunarnos, dormir juntos, abrazarnos y transmitirnos amor en las miradas. Somos hechos así y cuesta mucho más negarlo que aceptarlo. Eso explica el por qué sentimos cargo de conciencia si no cargamos a nuestro bebé que llora en la cuna.

Incluso es lo que  nos indica qué hacer en momentos de emergencia, por ejemplo, he descubierto que cuando estoy desesperada, tengo miedo y no sé qué hacer, simplemente debo respirar profundo y escucharme. Es como si mi cuerpo se pusiese en sintonía con Dios (o como lo quieran llamar), yo pudiese escucharlo y hasta sentirlo y sentir su impulso ciego. Ese es un milagro que nos hemos empeñado en esconder porque el progreso indica que el instinto es animal y se considera un retroceso al homo erectus.

Escuchar al instinto me ha dado la seguridad de que soy buena madre a pesar de todos los errores que pueda cometer. Me hace sentir que puedo con esta responsabilidad que algunas veces se muestra inconmensurable.

El instinto es como un programa de computadora que viene instalado en mi disco duro, que hace de la maternidad (y la paternidad) algo supernatural, una carga ligera de llevar, un conocimiento ancestral grabado en mis genes mucho antes de nacer.

De cómo me fue en el 1er taller de blogs para lactivistas

Imagen0863 150x150 De cómo me fue en el 1er taller de blogs para lactivistas

La primera que recibió un tarrayazo

Después una larga noche en carretera de camino a Caracas con Mariana, mi fiel compañera, en brazos, llegamos demasiado temprano y no había nadie en el sótano dos. Una sala penumbrosa y varias computadoras fue lo que encontramos.

Pensé que todo el mundo había llegado tarde, incluso la organizadora, quien nos había hecho énfasis en la puntualidad. Mandé mensajes medio acuchillantes, reclamé al portero (el tipo ese que está sentado frente a un televisor en las puertas de los edificios y que siempre paga los platos rotos de las faltas de los demás) y me senté afuera a esperar.

Poco a poco fueron llegando las madres, el padre, casi todos con sus bebés, excepto un par de doctoras, una pediatra y una odontóloga infantil o puericultora (ni sabía que había odontólogos para bebés sin dientes, jijijiji)

Pronto iniciamos las conversaciones típicas de los padres: peso, medidas, acrobacias, adelantos, apuros, enfermedades, remedios y demás. Estos padres rara vez caían en la comparación, todos con la teta, todos con el apego, todos con lo natural y en modo humanista y positivo de crianza.

En medio de la animada conversación, llegó un catire flaquito con una pinta de rockero, pero de los duros, de los heavy metal o matagatos y nos saludó con un marcadísimo acento caraqueño del este del este. Resultaba que no era una organizadora, sino un organizador. ¡Oh, sorpresa! Este tipo con franela negra, pantalón negro y botas ranger nos iba a hablar de cómo llevar un blog de lactivista.

Luego de solucionar un asunto con la gente del edificio, bajamos al sótano dos y nuevamente una sorpresa: el tipo que parecía ser seguidor de Black Sabbath traía en una bolsa un montón de piezas para armar un piso de goma o foami de colores bien vivos para los bebés asistentes y un montón de jugueticos que, explicó mientras diligentemente armaba el escenario infantil, eran de su hija de cuatro años. ¡Oh, sorpresa, este tipo era además un papá dedicado!

Tan difícil que es ver a un papá dedicado, pero más raro es aún toparse con un hombre que parece conocer la discografía completa de Led Zeppelin nada más por la pinta y además sea un padre comprometido con su papel en la familia.

Sentado cada quién en su lugar, niños en el piso y adultos frente a una computadora, el papá rockero inició la actividad: rueda de presentaciones, testimonios y motivos para estar allí y, finalmente, entramos en materia.

Mariana jugó mucho, socializó bien y repartió tarrayazos a diestra y siniestra. Nadie dijo nada. Me senté en el suelo junto a ella y nadie se quejó, nadie me miró mal. Me parecía delicioso estar por primera vez entre personas que no fuesen familiares directos y que entendiesen que para mí es más importante mi hija y mi papel como madre que cualquier cosa. A todos les parecía normal que atendiese primero a Mariana que a la clase.

Aprendí mucho más de lo que fui a aprender primordialmente. Por primera vez no me sentí un bicho raro porque estaba entre bichos de mi propia especie. Todos estaban de acuerdo con la lactancia a término (como llama Louma a la lactancia prolongada en su blog (http://www.amormaternal.com), con el apego y los amapuchos, con la crianza positiva y respetuosa, con el porteo natural, con una dieta libre o baja en químicos y libre totalmente de chucherías, entre otras de mis decisiones en mi corta carrera como madre.

Siento que hice amigos.

Pasé un par de semanas pensando cómo comenzar, cómo arreglar el blog, así sí, así no, esa foto no, cambia el fondo, las letras no me cuadran, entre otras nimiedades, pero hoy por fin, me animo a soltar mi primera entrada.

Como todos los espacios que he logrado personalizar (mi casa, mi cuarto, la librería en la que trabajé) este será un refugio para descansar, un lugar donde nos abrazaremos y nos apoyaremos para continuar haciendo eso que nos gusta y en lo que creemos: la humanización del sistema de nacimiento y crianza.

¡Sean todos bienvenidos!

Visible a la felicidad

Hace aproximadamente un mes, www.amormaternal.com invitó a participar en el sorteo de un excelente libro de Laura Gutman: Mujeres visibles, madres invisibles

ADIVINEN QUIEN GANÓ?                               http://www.amormaternal.com/2011/09/laura-gutman-mujeres-visibles-madres.html

“Una mamá caraqueña que nos lee a menudo, y que ha contado sus historias de parto en Amor Maternal”

Cuando participé en el concurso lo hice sin mucha convicción, es que no soy de esas que cree en la suerte pero el titulo me llamó la atención y me apunté

Una vez que me enteré de los resultados del sorteo, mientras celebraba la inesperada victoria, mi hija me preguntaba qué pasaba, le explique y al rato fue a la biblioteca de casa y me entregó un libro diciendo: “toma mami, te regalo un libro”.

Admiro la sabiduría infantil, su gesto, no sólo hacia obvio que en casa hay libros (si es que eso es lo que me hace feliz) sino que ella tiene lo necesario para hacerme sonreir y celebrar. Así que entendí que en mi casa con mi hija, mi hijo y mi esposo tengo lo necesario para hacerme visible a la felicidad.

Aún no tengo mi regalo en las manos, en lo que se concrete avisaré, colocaré la foto correspondiente y compartiré el contenido

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