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Reunión de Grupo de LLL Venezuela 30 de Agosto

LA LIGA DE LA LECHE VENEZUELA (LLLV) – parte de La Leche League International – es una asociación sin fines de lucro que brinda información, apoyo y ayuda a las madres que deseen amamantar a su hijo, a través de reuniones mensuales o contacto personal (GRATUITAS).

En Caracas Venezuela, existe un grupo de apoyo con reuniones mensuales a las que puedes asistir.

Si desea recibir una invitación a las reuniones, envíe un correo electrónico a lactanciaencaracas@yahoo.com

Queridas Mamás y futuras mamás:

Las invitamos a participar de nuestra reunión de grupo de LLL Venezuela del mes de agosto, a celebrarse este jueves 30 a las 10:00am en Santa Rosa de Lima. La sede de la Asociación de Vecinos de Santa Rosa de Lima, Asolima. Está ubicada entre el colegio Santa Rosa de Lima y la Federación de Tenis, al lado del Módulo de la Policía de Baruta Hay estacionamiento dentro del lugar y es bien seguro.

En esta reunión podrán compartir con otras madres y conocer sus experiencias de lactancia, aclarar dudas y pasar un rato agradable con sus bebés. Las que quieran pueden llevar algo saludable para compartir un refrigerio al final de la reunión. Las reuniones no tienen costo, y pueden asistir con quienes las apoyen en esta etapa tan hermosa e importante. También pueden invitar a quien crean que podría interesarle asistir.

Esperamos puedan acompañarnos en esta oportunidad! Por favor confirmar su asistencia por correo electrónico.  lactanciaencaracas@yahoo.com

 

La soledad de la sala de partos

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Luisa y yo cuando éramos pequeñitas

Era sábado en la noche y, cansadas de las labores del día, mi hermana y yo nos sentamos en la cocina a comer. Una complicidad tácita nos hizo mandar a los niños a jugar al extremo opuesto de la casa. Teníamos una frustración compartida por los contratiempos que no nos permitieron cumplir con los objetivos de trabajo planeados para ese día.

Conversando sin ganas, vagando de un tema a otro, un poco aburridas, caímos en el tema de los partos. Yo empecé a asegurarle que sí era posible tener un parto sin medicación. Ella, que tuvo un parto acostada y sin anestesia, me aseguraba que eso dolía demasiado y que no se imaginaba pasar por un parto nuevamente sin la epidural.

Cuando empecé emocionada a explicarle por qué le había dolido tanto y qué debía hacerse en esos casos, me detuvo en seco y me dijo “Louisiana, no quiero hablar de eso”. Me explicó que el parto había sido un trauma que no quería recordar y que le dolía mucho hablar de eso. Yo, que había estado de pie tratando de explicarle lo del suelo pélvico y la oxitocina natural, me quedé paralizada y fría. Me senté nuevamente y le dije que debíamos trabajar para superar eso para poder dar apoyo a otras madres. Ella me dijo que apoyaba en cualquier área, menos en el parto.

Mi hermana mayor, después de quince años de haber parido, estaba sentada frente a mí diciéndome taciturna que no había superado el trauma.

¿Cómo no noté que ella nunca hablaba del parto?, ¿cómo no me di cuenta que cada vez que hablaba de las desventajas de la epidural, ella me mandaba a callar alegando que como yo no había vivido ese dolor, no podía opinar?, ¿por qué me permití esa ausencia y distancia?

Convenimos en que ella apoyaría durante el embarazo y el puerperio, y yo durante el parto, por lo que era prioritario que se certificara como consejera de lactancia materna y educadora perinatal, y yo como doula.

Le conté que yo había escrito y publicado en Facebook mi nota “Denuncia prescrita” como medida desesperada, una noche en que no podía dormir porque la rabia, la frustración y la tristeza no me dejaban en paz. A mí me sirvió para deshacerme de los demonios que me perseguían cada noche cuando MI se quedaba dormida. En realidad, estaba obsesionada con el dolor, por lo que debía liberarlo de algún modo.

-Gorda, ¿y si lo escribes?-. Le planteé que quizá a ella también le pudiese servir de ayuda, aún cuando no fuese a acompañar a nadie durante el parto. Era imperativo y urgente que se dedique a purgar el trauma.

Para mi sorpresa, sin que yo se lo pidiese, ella se puso a contarme su historia. Juro haberme agarrado el corazón de la impresión. Ella bajó la voz, suavizó la expresión y empezó el relato. La cocina se convirtió en un espacio de absoluta intimidad, de esos momentos que espontáneamente se vuelven sagrados y agradeces a Dios por estar en el lugar correcto. Mi hermana abría su alma para contarme su historia y yo abría la mía para escucharla.

No recuerdo sus palabras exactas. Lo frase que más me impresionó fue precisamente con la que comenzó: “Recuerdo que era un lugar muy frio y me sentía muy sola”.

Desde entonces me he dedicado a preguntarle a las mujeres, en público y en privado, cómo se sintieron en la sala de parto (o en el quirófano, en el caso de cesárea). La respuesta más común es “sola”, palabras más, palabras menos. Pocas me dicen que sintieron una felicidad increíble.

Un alto porcentaje me comenta que solo se dirigían a ellas para darle instrucciones, rara vez para consultarle sobre algún procedimiento o para darle apoyo emocional. De resto, tanta gente en una habitación hablando entre ellos y una mujer siente una soledad asfixiante que decanta en miedo. En mi caso, solo el anestesista y una enfermera me dirigieron la palabra.

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Imagen tomada de http://www.kindreddoula .com/doula_services_ and_childbirth_education

No todos los casos son iguales, algunas mujeres tienen suerte con los médicos y enfermeras que les hablan y les hacen sentir acompañadas, pero estos son raros casos. Y hay los médicos que han ido despertando y se han permitido reaprender totalmente su carrera permitiendo a la mujer ser la protagonista del nacimiento de su hijo, estos son más escasos todavía.

Esto debe cambiar y sucederá cuando hombres y mujeres seamos conscientes de los daños que produce en la humanidad nacer de ese modo, cuando deseemos cambiar el modo de traer hijos al mundo y cuando nos hagamos escuchar.

“Mis postjuicios acerca de la lactancia”

de Diario de una Infómana.

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Imagen tomada de: http://es.gravatar.com /ixioxd

Hoy he leído esta publicación que hizo mi hermana mayor en su blog (como pueden ver en el menú de la izquierda, lo tengo enlazado a este) y lo comparto con ustedes porque me gustó mucho.

Recuerdo con cariño cuando me contaba cuentos de su propia imaginación. Desde entonces, soy su fan número uno.

Comparto con ustedes un párrafo del texto, con la seguridad de que harán click en el enlace de su blog para leer el post completo:

“Cuando tuve mi primer hijo, soltera, por ignorancia le di tetero al nacer y, además dejé de amamantarlo a los 6 meses. Recuerdo que mis padres me dijeron que el bebé debía dormir en su cuna. Pero el lloraba de noche, a mí me partía el alma, la verdad. Y sin haber leído nada acerca de maternidad consciente, lo saqué de la cuna y me lo traje a mi cama. No puedo más que sonreír ante este recuerdo. Sentía que él me daba toda la seguridad que no había recibido, con su cuerpecito calentito junto al mío.  Sin embargo, al día siguiente mis padres me dijeron que eso no debía ser. Y en la noche, cuando mi hijo me llamó de nuevo, puse su cuna al lado de mi cama, él estaba parado en ella, y le di mi cabello que lo tenía muy largo, para que lo tocara mientras yo me acostaba muy pegadita a la cuna. Él me tomó el cabello,  se calmó y allí estuvo, levantado, viéndome hasta que se sentó, luego se acostó y se durmió. En cuanto pude de nuevo, lo pasé a mi cama, eso nos hacía bien a los dos. Tan necesitados de seguridad estábamos. Además, él había destruido la cuna completamente, con mi complicidad, que no hice nada por repararla, aunque muchas veces me dijeron que lo hiciera”.

http://diariodeunainfomana.wordpress.com/2012/05/28/mis-postjuicios-de-la-lactancia/