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De cómo me fue en el 1er taller de blogs para lactivistas

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La primera que recibió un tarrayazo

Después una larga noche en carretera de camino a Caracas con Mariana, mi fiel compañera, en brazos, llegamos demasiado temprano y no había nadie en el sótano dos. Una sala penumbrosa y varias computadoras fue lo que encontramos.

Pensé que todo el mundo había llegado tarde, incluso la organizadora, quien nos había hecho énfasis en la puntualidad. Mandé mensajes medio acuchillantes, reclamé al portero (el tipo ese que está sentado frente a un televisor en las puertas de los edificios y que siempre paga los platos rotos de las faltas de los demás) y me senté afuera a esperar.

Poco a poco fueron llegando las madres, el padre, casi todos con sus bebés, excepto un par de doctoras, una pediatra y una odontóloga infantil o puericultora (ni sabía que había odontólogos para bebés sin dientes, jijijiji)

Pronto iniciamos las conversaciones típicas de los padres: peso, medidas, acrobacias, adelantos, apuros, enfermedades, remedios y demás. Estos padres rara vez caían en la comparación, todos con la teta, todos con el apego, todos con lo natural y en modo humanista y positivo de crianza.

En medio de la animada conversación, llegó un catire flaquito con una pinta de rockero, pero de los duros, de los heavy metal o matagatos y nos saludó con un marcadísimo acento caraqueño del este del este. Resultaba que no era una organizadora, sino un organizador. ¡Oh, sorpresa! Este tipo con franela negra, pantalón negro y botas ranger nos iba a hablar de cómo llevar un blog de lactivista.

Luego de solucionar un asunto con la gente del edificio, bajamos al sótano dos y nuevamente una sorpresa: el tipo que parecía ser seguidor de Black Sabbath traía en una bolsa un montón de piezas para armar un piso de goma o foami de colores bien vivos para los bebés asistentes y un montón de jugueticos que, explicó mientras diligentemente armaba el escenario infantil, eran de su hija de cuatro años. ¡Oh, sorpresa, este tipo era además un papá dedicado!

Tan difícil que es ver a un papá dedicado, pero más raro es aún toparse con un hombre que parece conocer la discografía completa de Led Zeppelin nada más por la pinta y además sea un padre comprometido con su papel en la familia.

Sentado cada quién en su lugar, niños en el piso y adultos frente a una computadora, el papá rockero inició la actividad: rueda de presentaciones, testimonios y motivos para estar allí y, finalmente, entramos en materia.

Mariana jugó mucho, socializó bien y repartió tarrayazos a diestra y siniestra. Nadie dijo nada. Me senté en el suelo junto a ella y nadie se quejó, nadie me miró mal. Me parecía delicioso estar por primera vez entre personas que no fuesen familiares directos y que entendiesen que para mí es más importante mi hija y mi papel como madre que cualquier cosa. A todos les parecía normal que atendiese primero a Mariana que a la clase.

Aprendí mucho más de lo que fui a aprender primordialmente. Por primera vez no me sentí un bicho raro porque estaba entre bichos de mi propia especie. Todos estaban de acuerdo con la lactancia a término (como llama Louma a la lactancia prolongada en su blog (http://www.amormaternal.com), con el apego y los amapuchos, con la crianza positiva y respetuosa, con el porteo natural, con una dieta libre o baja en químicos y libre totalmente de chucherías, entre otras de mis decisiones en mi corta carrera como madre.

Siento que hice amigos.

Pasé un par de semanas pensando cómo comenzar, cómo arreglar el blog, así sí, así no, esa foto no, cambia el fondo, las letras no me cuadran, entre otras nimiedades, pero hoy por fin, me animo a soltar mi primera entrada.

Como todos los espacios que he logrado personalizar (mi casa, mi cuarto, la librería en la que trabajé) este será un refugio para descansar, un lugar donde nos abrazaremos y nos apoyaremos para continuar haciendo eso que nos gusta y en lo que creemos: la humanización del sistema de nacimiento y crianza.

¡Sean todos bienvenidos!