Archivo de la categoría: sala de partos

La soledad de la sala de partos

Copia de 311 1035455043307 3687 n 150x150 La soledad de la sala de partos

Luisa y yo cuando éramos pequeñitas

Era sábado en la noche y, cansadas de las labores del día, mi hermana y yo nos sentamos en la cocina a comer. Una complicidad tácita nos hizo mandar a los niños a jugar al extremo opuesto de la casa. Teníamos una frustración compartida por los contratiempos que no nos permitieron cumplir con los objetivos de trabajo planeados para ese día.

Conversando sin ganas, vagando de un tema a otro, un poco aburridas, caímos en el tema de los partos. Yo empecé a asegurarle que sí era posible tener un parto sin medicación. Ella, que tuvo un parto acostada y sin anestesia, me aseguraba que eso dolía demasiado y que no se imaginaba pasar por un parto nuevamente sin la epidural.

Cuando empecé emocionada a explicarle por qué le había dolido tanto y qué debía hacerse en esos casos, me detuvo en seco y me dijo “Louisiana, no quiero hablar de eso”. Me explicó que el parto había sido un trauma que no quería recordar y que le dolía mucho hablar de eso. Yo, que había estado de pie tratando de explicarle lo del suelo pélvico y la oxitocina natural, me quedé paralizada y fría. Me senté nuevamente y le dije que debíamos trabajar para superar eso para poder dar apoyo a otras madres. Ella me dijo que apoyaba en cualquier área, menos en el parto.

Mi hermana mayor, después de quince años de haber parido, estaba sentada frente a mí diciéndome taciturna que no había superado el trauma.

¿Cómo no noté que ella nunca hablaba del parto?, ¿cómo no me di cuenta que cada vez que hablaba de las desventajas de la epidural, ella me mandaba a callar alegando que como yo no había vivido ese dolor, no podía opinar?, ¿por qué me permití esa ausencia y distancia?

Convenimos en que ella apoyaría durante el embarazo y el puerperio, y yo durante el parto, por lo que era prioritario que se certificara como consejera de lactancia materna y educadora perinatal, y yo como doula.

Le conté que yo había escrito y publicado en Facebook mi nota “Denuncia prescrita” como medida desesperada, una noche en que no podía dormir porque la rabia, la frustración y la tristeza no me dejaban en paz. A mí me sirvió para deshacerme de los demonios que me perseguían cada noche cuando MI se quedaba dormida. En realidad, estaba obsesionada con el dolor, por lo que debía liberarlo de algún modo.

-Gorda, ¿y si lo escribes?-. Le planteé que quizá a ella también le pudiese servir de ayuda, aún cuando no fuese a acompañar a nadie durante el parto. Era imperativo y urgente que se dedique a purgar el trauma.

Para mi sorpresa, sin que yo se lo pidiese, ella se puso a contarme su historia. Juro haberme agarrado el corazón de la impresión. Ella bajó la voz, suavizó la expresión y empezó el relato. La cocina se convirtió en un espacio de absoluta intimidad, de esos momentos que espontáneamente se vuelven sagrados y agradeces a Dios por estar en el lugar correcto. Mi hermana abría su alma para contarme su historia y yo abría la mía para escucharla.

No recuerdo sus palabras exactas. Lo frase que más me impresionó fue precisamente con la que comenzó: “Recuerdo que era un lugar muy frio y me sentía muy sola”.

Desde entonces me he dedicado a preguntarle a las mujeres, en público y en privado, cómo se sintieron en la sala de parto (o en el quirófano, en el caso de cesárea). La respuesta más común es “sola”, palabras más, palabras menos. Pocas me dicen que sintieron una felicidad increíble.

Un alto porcentaje me comenta que solo se dirigían a ellas para darle instrucciones, rara vez para consultarle sobre algún procedimiento o para darle apoyo emocional. De resto, tanta gente en una habitación hablando entre ellos y una mujer siente una soledad asfixiante que decanta en miedo. En mi caso, solo el anestesista y una enfermera me dirigieron la palabra.

doula services main page pic.2272436 std 150x150 La soledad de la sala de partos

Imagen tomada de http://www.kindreddoula .com/doula_services_ and_childbirth_education

No todos los casos son iguales, algunas mujeres tienen suerte con los médicos y enfermeras que les hablan y les hacen sentir acompañadas, pero estos son raros casos. Y hay los médicos que han ido despertando y se han permitido reaprender totalmente su carrera permitiendo a la mujer ser la protagonista del nacimiento de su hijo, estos son más escasos todavía.

Esto debe cambiar y sucederá cuando hombres y mujeres seamos conscientes de los daños que produce en la humanidad nacer de ese modo, cuando deseemos cambiar el modo de traer hijos al mundo y cuando nos hagamos escuchar.