10 verdades que se descubren siendo papás

1. Vas a ser malísimo en esto de la paternidad y vas a ser genial, todo a la vez, en cualquier momento. Cada bebe es único, incomparable y cambiante cuando cada uno quiera cambiar. Cambiará en cuestión de horas, o minutos, o delante de tus ojos. Habrá días buenos y días malos, minutos buenos y minutos malos, buenas decisiones y no tan buenas. Pero se trata de crecer juntos y aprender de los errores diarios.

2.La lactanciaNo es tan fácil como la pintan las mamas que damos pecho, ni tan difícil como dicen las mamas que “no pudieron” dar más pecho.
(Las pongo entre paréntesis no por poner en duda sus motivos, sino por decir que que SIEMPRE se puede más).

Cada madre sabe qué es lo mejor para ella y para su bebé y cada una de ellas merece todo nuestro respeto.

Lo que verdaderamente necesitan todos los recién nacidos sin excepción es sentirse queridos, no solo por sus madres sino por toda su familia.

Darle el pecho a un bebe es el mejor regalo que le puede hacer una madre a su hijo, pero la que no le da, no es ni mejor ni peor madre, sólo decide alimentar con una alternativa a lo natural y en nuestra sociedad está más que aceptado, aunque nos pese.

3. Después del parto, el cuerpo no es el mismo. Está fofo, blando, con hoyuelos y extraño. Muchas mujeres se avergüenzan de él y encima te duele, pero es precioso en su imperfección, y lo normal es que se quede así bastante tiempo. Una personita acaba de salir de ahí. Así que, con calma. Come bien. Pasea cuando estés lo suficientemente recuperada. Escucha a la gente que te dice que estás guapa. Tómatelo al pie de la letra. Recuerda por qué vales lo que vales. Aquí verás la gente que te valoraba por tu cuerpo, nadie!

4. Tu bebé no es como los otros bebés. Tu bebé es único, y tú y tu pareja sois los únicos expertos en él. Tu bebé no se portará como dicen los libros, no le gustará lo que se supone que le tiene que gustar, no hará lo que se supone que tiene que hacer y es normal y genial, perfectamente válido.Tu vida o tu familia no tienen por qué parecerse a ningún modelo en concreto. Puedes seguir tus propias reglas. Sólo tienes que crear una vida que te funcione, y dar amor, seguridad y muchas sonrisas. Disfruta cada día de tu bebe y familia.

5. Cuanto antes descubras cómo aceptar de forma educada los consejos que no quieres oír, mejor. Por algún motivo, a la gente le encanta comentar sobre los bebés; todos tienen una opinión y todos quieren compartirla. Creo que la mayoría de los consejos que dan son bienintencionados (la mayoría, del estilo de “a mí me funcionó y estoy tan contenta que quiero compartir mi alegríííía contigo porque pareces bastante cansada”), lo cual al menos no resulta demasiado ofensivo, y es bastante sincero.

La cuestión es que puedes pasarte los próximos 12 meses a la defensiva contestando a señoras mayores o sabelotodos sin hijos o puedes decidir darle a todo el mundo el beneficio de la duda, sonreír y agradecerles sus consejos, en modo zen y convencida de que nadie mejor que tú sabe qué es mejor para tu hijo.

Si yo fuera tú, preferiría la opción zen.

Todo el mundo quiere que te vaya bien. Y de todas formas, que les den, porque estás criando un niño y eso es maravilloso. ¿Tu hijo ha comido hoy? ¿Está relativamente limpio? ¿Se ríe de vez en cuando? Pues ya está. Puedes asumir todos los comentarios, quedarte con los que te gusten y desechar el resto. Qué amable por su parte que se preocupen.

7. Empieza a hacer estiramientos, porque te toca ser flexible. No soy muy fan de comentarios generales como “a todos los bebés les gusta que les envuelvan en mantitas” o “el colecho es lo mejor para todos”, pero sí hay uno que apoyo: los bebés son muy inoportunos. Tus horarios, tus horas de sueño, tus récords de puntualidad, tus fechas límites, tus mejores camisetas, tus relaciones: todo se va a volver caótico y complicado. Tienes dos opciones: convertirte en un ser permanentemente cabreado, frustrado y cansado, o tragarte tu orgullo y ser flexible. Pide ayuda. Acepta el fracaso. Llega tarde. Quédate en pijama. Ignora la vajilla. Aparta lo que puedas y alégrate si consigues sobrevivir con tus necesidades básicas cubiertas. Te vas a peder alguna fiesta y otra cosas importantes, pero no importa. Al contrario, será genial.

Quizás, solo quizás, seas uno de esos padres a los que les toca un niño mágico que responde a los métodos de los libros que has leído, o que es un santo por naturaleza y se ajusta como un guante a tu fabulosa y organizada vida. A esto también se le llama milagro o mentirijillas…Te queremos y nos alegramos por ti. Pero por favor, cállate.

8. Lo más importante que necesitas para tu bebé no es una hamaca, ni un juego de sábanas, ni un cochecito último modelo…esto es jugar a ser papas y mamas (muy propio del embarazo)
Lo más importante que vas a necesitar para tu bebé eres tu y tu gente(no sus regalos!!) Tu gente te mantendrá a flote. Te ayudarán cuando estés cansada, te alimentarán cuando estés muerta de hambre, te perdonarán cuando llegues hecha un desastre con horas de retraso, o cuando te conviertas en una amiga negligente que no se acuerda de ponerse calcetines, por no hablar de los cumpleaños. Querrán coger a tu bebé cuando estés demasiado cansada o frustrada para tenerle en brazos, porque eres imperfecta y humana y cometes errores. Te recordarán quién eres cuando estés a punto de pensar que toda tu vida se reduce a caca. Te ayudarán a mantenerte en pie.

9. Tenemos que ayudarnos mutuamente a mantenernos en pie. Criar un bebé es una de las cosas más duras que muchos hemos hecho en la vida. Podemos hacernos pedacitos, criticarnos o mirarnos por encima del hombro los unos a los otros, o podemos querernos, admirar bebés adorables, echar una mano y celebrar victorias. No es tan difícil, venga. A nadie le importa si tu método es mejor. A todo el mundo le importa lo precioso que es tu hijo, así que tomemos un café y qué te has hecho en el pelo últimamente, nena, que estás guapísima. No seamos chungos. De verdad que no es tan difícil.

10. El éxito reside en querer mejorar. Aquí tienes una verdad: no sabes mucho sobre nada. Dentro de un año, cuando tu hijo cumpla uno, seguirás sin saber demasiado. Procura acumular toda la sabiduría que puedas. Aprende de tus errores. Sé humilde. Sé abierto. Cuando sepas qué se puede mejorar, hazlo. Sé un mejor padre y madre mañana de lo que lo has sido hoy, siempre, todos los días, hasta que puedas. Prueba cosas nuevas y deséchalas sin remordimiento si no funcionan. La vida no es un concurso o un juego, es simplemente una preciosa vida. Vive cada minuto, en lugar de apuntarlos en un marcador. Y quiere a ese bebé increíble.

Oh, queridos, ¡os lo vais a pasar genial!

¡Hola mundo!

El Símbolo Internacional de la Lactancia fue creado por Matt Daigle, artista y padre, para un concurso y  firmó un contrato en 2006 para hacer el símbolo parte del dominio público.El símbolo fue diseñado como otros símbolos tipo AIGA vistos comunmente en lugares públicos. Estos símbolos deben ser diseñados con cuidado porque tienen que ser entendidos con un simple vistazo sin explicación escrita sobre su significado.

lactivistastuiter 250x250 ¡Hola mundo!
Símbolo Internacional de Lactancia

El Símbolo Internacional de la Lactancia fue creado específicamente para enfrentar el problema de no tener un símbolo de lactancia universalmente aceptado para indicar que amamantar es aceptable en lugares públicos. Muchas veces, cuartos designados para amamantar en lugares públicos llevan el símbolo de biberón en vez de la imagen de una madre amamantando a su hijo. Antes de la creación del nuevo Símbolo Internacional de la Lactancia, varias madres lactantes sintieron que el símbolo del biberón no era apropiado para designar un cuarto de amamantar.

Si deseas ampliar informacion sobre el simbolo, ingresa en su sitio web : http://www.breastfeedingsymbol.org/

 

Tomado de wikipedia

 

La sexualidad durante la lactancia

Muchas de las entradas de este sitio las he pensado precisamente mientras amamanto a mi hijo. Una de esas entradas que traía pendientes es la que incluye el tema de la sexualidad. De las muchas mujeres, comenzando por mi madre, con quienes he compartido diferentes experiencias y consejos sobre la lactancia materna, ninguna ha tocado el tema de la sexualidad. Quería tocarlo también junto con la entrada anterior, sobre lo importante que es el apoyo de la pareja para el éxito de la lactancia, pero lo cierto es que es un tema que merece una entrada aparte.

Pero resulta que, mientras la estaba preparando, encontré muchos enlaces en la web que hablan sobre el tema de una manera clara y amplia. Les comparto estos dos:

Como les digo, ninguna madre me ha platicado nada de viva voz, pero pienso que este silencio puede ser reflejo de lo mal que lo han pasado. Si uno de los efectos más comunes es la sequedad vaginal, no imagino lo difícil que debió haber sido mantener relaciones sexuales en generaciones anteriores. Una vez más veo lo afortunadas que somos al vivir en una época, no sólo de mayor apertura, sino con un acceso más fácil tanto a información útil como a soluciones para cada problema.

Creo que, para poder disfrutar la maternidad al máximo, es preciso amar a nuestro cuerpo.

El apoyo de la pareja en la lactancia

Desde que nació mi hijo, he sabido lo afortunados que somos por contar con el apoyo de papá para todo, y especialmente con la lactancia materna. En general, su apoyo ha consistido en cuidar y procurar que tanto yo como mi bebé estemos cómodos y nos sintamos protegidos. Esto se da en diferentes maneras.

Al inicio, fue crucial que mi pareja estuviera ahí como un guardián de nuestra intimidad: con la explosión de emociones luego de la cesárea, siempre supo cuándo necesitaba compañía, cuando necesitaba estar a solas con mi bebé, cuando necesitaba sus abrazos y, también, cuando necesitaba darme un baño largo y relajante.

El primer mes mi madre y mi suegra estuvieron con nosotros para apoyarnos. Pero en cuanto estuvimos solos los cuatro (papá, mamá, bebé y perro), ha sido mi esposo quien prácticamente se ha hecho cargo de la limpieza de la casa. Así que esos primeros meses, cuando parecía que dedicaba todo el día tan solo a amamantar, no tuve que cargar con la presión de, además, pensar en la casa. Tampoco le molesta si todos los días compramos comida en alguna cocina económica o comemos algo sencillo como pasta o atún. Esto, que parecería ajeno al tema de la lactancia, es sin duda una de las claves más importantes para el éxito de la misma: que tu pareja sepa que lo más importante es tu recuperación post-parto, que te sientas lo más cómoda y tranquila que sea posible para que esa tranquilidad se refleje en el bebé. Creo que nada ayuda tanto al momento de amamantar, sobre todo los primeros días, como un clima de paz.

En este sentido, la decisión conjunta de compartir la cama con el bebé ha sido otro punto importante. Él mismo insistía en que lo dejara dormir del lado de la lámpara de noche, y que lo despertara para prender la luz si lo necesitaba. Así, aunque medio dormido, estaba ahí por si necesitaba alguna almohada de apoyo o un vaso de agua, o por lo menos sentir que no sólo yo tenía que despertar en las noches.
Ahora que lo pienso, también fue él quien buscó en internet información y videos sobre diferentes posiciones para amamantar y, con ello, complementó lo que mi madre me había enseñado de su propia experiencia.

Mientras más lo pienso, veo que la lactancia no es un tema que implique solamente a la madre y al bebé. Es más, creo que no sólo atañe al ámbito familiar inmediato, sino que es un tema que abarca a la comunidad entera.

la vuelta al Mundo con tetica

Parece que fue ayer cuando tome aquel primer avión con mi bebé de 6 meses y mi esposo… ya hace 4 años de eso, nos hemos vuelto expertos.

Viajar con niños es todo un tema, desde siempre he observado (y lo sigo haciendo) a las madres y padres que se desplazan con sus hijos, bolsos, pañaleras, carteras, coche, teteros, calentador de teteros, pañitos, juguetes, recipientes para cierto tipo de alimento, termos de agua… los pobres cargan con todo aquello que en la tienda les aseguraron “seria útil y necesario” y así se encaminan hacia su rumbo, cargados como mulas, sin manos suficientes para atender al bebé y llevar los objetos “indispensables” al mismo tiempo, resultado: llantos incontrolado de los pequeños y padres estresados.

Nosotros tuvimos otra experiencia, otra historia que contar. Nuestra niña creció y viajó con su tetica. En ella tenia todo lo que podía necesitar, alimento, bebida, calor, cobijo, confort, descanso. A mi también me habían advertido “son muchas horas llévate esto y lo otro” me sentía confundida, sin embargo decidimos hacerlo a nuestro modo, y efectivamente mi intuición no falló. Nuestros viajes han sido cómodos en ese sentido, conmigo llevaba todo lo que ella necesitaba y estábamos libres de cargar con cosas innecesarias.

Así descubrí también que los coches son incómodos, pesados, ocupan espacio y son un equipaje más que cargar durante el viaje, quita espacio en la maleta del vehículo para todo lo demás. Mi mejor amigo en estas experiencias ha sido el canguro tipo fulard, se trata de un cargador de bebé hecho de tela que envuelve el cuerpo del bebé junto al de la madre, es lo mas práctico, sobre todo si tienes que tener tus manos libres para rodar maletas, sacar documentos u otra tarea. Es más seguro, nadie se acercará ni tratará de tocar a tu bebé si estás haciendo otra cosa, pues lo tienes en tu pecho y lo más importante es el bienestar del pequeño, ellos están tan bien allí pegados a uno que no lloran, no se inquietan, tiene lo que necesitan a la mano; la tetica y así se hace más fácil el trayecto para todos.

cuando se hacen más grandes y tienen más independencia porque andan por sí mismos, no cambia mucho, si aun son lactantes la teta es siempre el mejor relajante, la mejor merienda, el mejor consuelo y la técnica más veloz para hacerlos dormir.

Que viva la teta al rededor del Mundo!

Emilia Siniscalchi

NOTA: por favor si van a compartir respetar el derecho de autor de cada una de las publicaciones de este blog y las fotos publicadas. Gracias!

El tiempo y la Maternidad

20130929 221908 El tiempo y la Maternidad

Se me ha revelado, no se la razón de no haberlo visto antes… No es que el mundo vaya más lento para nosotras, las madres, es que nosotras flotamos cuando nos dejamos llevar y empezamos a vivir la segunda infancia que nos dan los hijos. He tenido unos días con menos estrés, trabajo y preocupaciones. Cada vez que jugaba o que me dedicaba sólo 100% a los niños me sentía mejor y mi tiempo, si, mi tiempo de adulto; no el de los niños, se detenía.

Entraba en el mundo de ellos, donde las princesas voladoras y los Buzz con moto son posibles, donde no importa que se te caigan los proyectos o que clientes, proveedores y hasta amigos no entiendan que tienes que trabajar en equipo o nada y que además les importe un pepino que sólo puedas llamar a mediodía y enviar correos de madrugada. Eso ya no importa, porque me convierto en la que persigue para comer pancitas con cosquillas y la que vuela en el pasillo de su casa “al infinito y más allá”.

Mi carrera es importante, al igual que mis clientes, pero mis hijos serán pequeños una sola vez… Ellos crecerán y harán su vida y yo podré hacer la maestría que no he terminado, el doctorado que me gusta y dar o asistir a miles de charlas, talleres o congresos. Tendré mucho que hacer en la vejez jajajaja.

Muchos andan apurados, yo fui una… pero descubrí que flotar en el tiempo de mis hijos es mucho más divertido y lamento que algunos no lo entiendan y crean que a nosotras, por ser madres, nos dejó el tren de la modernidad. La cosa es que nosotras no vamos en tren, nuestro tiempo es un gran globo de colores, que va como los que dependen del viento, a veces rápido o a veces lento… Lo que si es seguro es que flota.

¡El tiempo de las madres flota!

¿Para qué un club de lactancia?

Esa fue la pregunta que me surgió cuando supe, en los cursos de psicoprofilaxis, que existían. En cuanto nació mi bebé comprendí para qué.

Yo nunca me había cuestionado sobre la lactancia y, como ya he dicho en entradas anteriores, no hice mucho por investigar antes de dar a luz. Sólo sabía que era lo natural, que mi madre me había amamantado, que mi hermana había amamantado a su bebé y que, vaya, así debía ser. Mi madre nos había contado que ella había batallado mucho para iniciar la lactancia con mi hermana mayor: dolores, incomodidad, parecía que a mi hermana no le gustaba la leche y además perdía peso.

Además estaban otras experiencias cercanas que me hablaban de grietas en los pezones e inflamación en los senos, otras en que no les había salido “ni una gota” o que sus bebés no se prendían al pecho, y otras más en que la madre de un momento a otro dejaba de producir leche o que les habían dicho que sus hijos eran alérgicos a la leche de su madre, con su largo peregrinaje de fórmulas y los consiguientes episodios de cólicos, estriñimiento y dolor para hijo y mamá. Estas historias las he seguido escuchando de muchas madres que, al ver que continúo amamantando a mi bebé de ya siete meses, me cuentan sus propias experiencias  y sus demonios.

A pesar de estas historias nunca me cuestioné qué haría cuando llegara mi turno. Creo que esperaba que el insinto fuese suficiente. Pero al nacer León, lo que sentía contra lo que escuchaba y contra lo que leía empezaron a hacerme regresar a la pregunta: ¿para qué un club de lactancia?

Primero estaba aquello de que León tardaba mucho en comer y comía a cada rato: “mira, no está comiendo, nomás le gusta estar ahí pegado”, “es que a lo mejor tu leche está muy delgada y por eso no se llena”. Yo no sufrí mucho con eso de las grietas, pero sí sentía la hinchazón de mis pezones luego de amamantar al bebé, y un par de veces me sangraron. Mi madre me decía que me sacara un poco de leche y me untara, pero yo no veía que me saliera nada. Lo que hacía era ponerme bálsamo y eso me bastaba. Poco a poco, tanto mi bebé como yo fuimos adquiriendo más destreza y, en una semana, ya no volví a tener ningún dolor.

Luego empezó aquello de “acostúmbralo a la teta“. Pero para ese entonces ya tenía más información sobre la lactancia, y pude constatar todos los obstáculos a las que diferentes madres se enfrentan y por los cuales, muchas veces, terminan abandonando la lactancia materna.

Entonces llegaron los tres meses y, con ellos, el despertar de mi bebé a un mundo nuevo. Sus tres meses coincidieron con visitas familiares, así que había mucho ruido en casa. Resultado: León tomaba el pecho y lo soltaba al cabo de unos segundos; luego volvía a pedírmelo y, al instante, lo dejaba y comenzaba a llorar: “No quiere, mira”, “Déjalo que llore tantito”, “A lo mejor ya no se llena con tu leche”. Pero yo sabía que sí quería comer, y sabía ya que para que exista producción de leche sólo basta que haya estímulo. Así que seguí a mi instinto y buscaba la tranquilidad de mi cuarto: ahí, mi bebé volvía a ser el mismo bebé tranquilo y comía feliz. Armada con la información que tantos grupos de apoyo han puesto al alcance de una búsqueda, supe que estaba pasando por lo que llaman “la crisis de los tres meses“.

Los siguientes meses fueron más tranquilos. Si bien pronto comenzaron los comentarios sobre la alimentación complementaria, tengo la fortuna de que, tanto mis padres como mis suegros, respetan nuestras decisiones sobre crianza. Aún así mi padre -curiosamente- fue el más insistente en que le diera agua, con todo y que le he explicaba una y otra vez sobre la composición de la leche.

Felizmente cumplimos los seis meses de lactancia materna exclusiva, pero a cada paso encontré y sigo encontrando diferentes historias de mujeres que abandonaron la lactancia materna por una u otra razón. Y veo la importancia de las Ligas de la leche y los clubs de lactancia. Ahora miro con más atención a mi alrededor y veo cuan poco común es amamantar y cuántos biberones rodean el mundo del bebé.

Apenas hace unos días salimos al centro de la ciudad y vi a otra mujer dando el pecho, ahí, frente a todos, con suma tranquilidad, mientras veía unas blusas en una tienda. Su bebita era de un mes, a lo sumo. Me dio gusto por ellas. Minutos después León pidió comer y yo hice lo propio, en la misma tienda.

Ahora, a los siete meses y ya con alimentación complementaria, veo venir el cúmulo de comentarios que me esperan en los próximos meses, y sé que se agudizarán luego del primer año. Ya empezó: “dale mejor su papilla primero para que se llene y ya no te pida leche”, “conforme vaya comiendo más alimentos ya vas a ir dejando de darle pecho, ¿no?”, …

Sé que no son comentarios que busquen dañarme a mí o a mi bebé y por eso no me molestan. Por el contrario, me evidencian la falta de difusión sobre todo lo que se sabe ya sobre la leche materna y, de nuevo, por qué son tan importantes en estos tiempos los grupos de apoyo sobre lactancia.

 

Un buen Plan

Cuando era niña y llegaban las vacaciones mi mamá solía decir que prefería que estuviéramos en casa que en la escuela. Ahora que soy mamá he revivido estas palabras guardadas en las profundidades de mis recuerdos y cuando mi hija está de vacaciones escolares nos hacemos un buen plan para disfrutar de ese tiempo extra. Afortunadamente Arturo vive de vacaciones conmigo.

El secreto de un buen plan de vacaciones es su flexibilidad en horarios actividades y deberes, lo que si debe estar claro es lo que queremos lograr: además de diversión, disfrutarnos mutuamente, hacer cosas diferentes, que experimenten que la escuela no es la vida, la vida va más allá, es más rica, compleja y diversa.

Solemos llamarle Plan Vacacional Izarra Rodríguez IMG 20130828 163000 150x150 Un buen Planincluye actividades  en la ciudad: parques con columpios, museos, picnic, granjas, fiestas, jardines, plazas, cine, teatro, comer helados, bibliotecas, visitar amistades y familia.

DSC02340 150x150 Un buen PlanTambién unos días fuera de la ciudad, playa o montaña, preferiblemente con papá (si el trabajo lo permite), además destinamos una semana para alguna actividad mas formal o dirigida. Este año, Alicia realizó un taller de videocreaciónIMG 20130902 112223 150x150 Un buen Plan http://vimeo.com/album/2536187 no pudo cubrir todo el contenido por causa de una fuerte alergia pero igual lo disfruto.

Los paseos fuera de casa se equilibran con días muy relajados en casa, así IMG 20130804 123427 1 219x300 Un buen Planrecobramos fuerzas, en casa hacemos manualidades, jugamos, vemos películas, pasamos tiempo con los perros y gatos, preparamos postres, comidas, hacemos vídeos, piscinadas, leemos cuentos, nos disfrazamos, hacemos teatro, bailamos, dibujamos y pare usted de contar.

El eje que entreteje el Plan Vacacional Izarra Rodríguez es la libertad y el respeto, todas y cada una de estas actividades se hacen con plena consulta y participación de los niños, muchas veces un “buen plan” fuera de casa es cambiado por un día en casa, respetando sus gustos, sus tiempos y necesidades, tratando de conciliar lo que gusta a una una niña y a un niño que se llevan 5 años de diferencia y sin que nadie se sienta atropellado u obligado.

Se trata de estar disponible, atenta y dispuesta, son vacaciones largas, así que lo que no se hace hoy, se hace después. A aveces, mamá inventa, propone y ellos mejoran, acomodan y proponen lo que les provoca. Entre las actividades incluimos “no hacer nada, IMG 20130821 111201 150x150 Un buen Planese tiempo precioso para la creatividad, porque cuando no hay nada que hacer se inventa de lo lindo. Respetar los gustos, necesidades y ritmos, también, supone tiempo para cada quien, el juego espontáneo e individual, para fantasear, dejar que el jardín interno florezca.

Adoro las vocecitas de mis hijos con sus tonos distintos para cada personaje, esas historias con las que reconstruyen lo vivido y recrean emociones. Durante estas vacaciones, Arturo se estrenó en esta forma de jugar, fue para mi un descubrimiento maravilloso, identificar el momento exacto en que comenzó a pasar. Alicia, la pionera, es una experta en estos juego que también han estado cambiando, ahora dedica más tiempo para adornar y embellecer a sus personajes.

Lo más difícil es conciliar las necesidades y gustos entre la hermana y el hermano, no siempre coinciden, DSC02650 150x150 Un buen Planla diferencia de edad puede llegar a ser un reto, por eso, cuando papá participa, sentimos como engrana la rueda, nos damos banquete jugando con los hijos a su altura.

Durante el juego con nuestros hijos observé como, por lo general, los adultos van por un lado y los niños por otro, jugar con los hijos es un imán para los otros niños que nos miran como quien mira un misterio o una cosa rara, algunos se acercaban para sumarse al juego. IMG 20130829 152912 150x150 Un buen PlanSin embargo, el juego entre pares también es una necesidad y un placer, especialmente para Ali, por eso intentamos que en algunos de éstos IMG 20130829 170628 150x150 Un buen Planpaseos nos acompañen amigas de la familia (no tan niñas), Matthias y la Tity y, por supuesto, amigas de Alicia, disfrutamos con Gabriela, Rebeca, Valentina, Angela, Allan, Shantal, Cony, Deris, Gisel, Pascal, Mariana y Jesús Ignacio.

Por mi parte doy gracias a Dios por las etapas que me brida la maternidad, hasta hace poco yo llevaba a mis bebes donde yo quería ir, ahora son ellos los que me invitan a su mundo y me doy el chance de conectarme con mi niñez con sus luces y sombras, también voy creciendo.

Alicia cierra las vacaciones diciendo algo así: lo que mas me gustó fue ir a la playa, el taller de video, (que rabia que no lo hice completo), encontrarme con mis amigas, levantarme tarde y acostarme más tarde y hacer cosas diferentes, todo lo demás no me gustó. Me encanta cuando deja el plato vacío y dice: no quiero más.

 

 

 

Amamantar: tiempo para pensar

Estoy en la recta final para entregar mi tesis doctoral y lograr titularme en diciembre. Todavía no sé si lo voy a lograr pero estoy poniendo todo mi empeño.

Al principio –y todavía hay días así– me preocupaba mucho esos días en que mi bebé parece no querer soltarme, y sentía que no lo iba a lograr. Hoy fui a una asesoría de tesis y mi directora me felicitó por lo mucho que he avanzado con todo y el bebé. Fui también a una junta de mis compañeras de Fractal Editores, una editorial de la cual soy socia fundadora, pero de cuyas actividades me dado auto-licencia por maternidad y tesis.

Eso me hizo pensar que en todo el tiempo que me toma amamantar a mi bebé y el tiempo que le dedico cuando está despierto. Si antes me estresaba mucho, luego descubrí que vale más estar con él mientras está despierto, jugar y explorar el mundo juntos, porque así, cuando tiene hambre, se distrae menos, y su sueño es más profundo, lo que me permite avanzar más en mi trabajo. También descubrí otra cosa cuando me relajé con respecto al tiempo: y es que descubrí que, mientras amamanto a mi bebé, puedo pensar.

Parece cualquier cosa, pero ya desde antes de ser madre había platicado con varios amigos sobre el poco tiempo que, en el ajetrero de la vida diaria, nos damos para pensar, sólo para pensar. Antes de la llegada de mi bebé yo estaba involucrada en muchos proyectos. Por más que intentaba simplificar mi vida, y que periódicamente hacía una revisión para no saturarme, lo cierto es que seguía con muchas ocupaciones. Así que, en términos netos, el tiempo que le estoy dedicando a mi tesis sigue siendo el mismo, o inclusive hasta más, del que le dedicaba antes de que naciera León. Y definitivamente tengo muchísimo más tiempo para pensar.

Pienso en muchas cosas mientras amamanto: en mi bebé, por supuesto, en mi esposo, en mi madre, en mí, en la lactancia. Pienso en mi próxima novela, en un futuro ensayo sobre el miedo al cuerpo, en las investigaciones que quiero hacer luego de la tesis… Pienso en el ser, en la existencia humana. Sobre todo eso: pienso en el ser.

Acostúmbralo a la teta… (parte 2)

Uno de las presiones para usar teta artificial proviene, para mi asombro, de mi sobrina de cuatro años. Desde que nació su primo, me cuestiona una y otra vez cuándo tomará “su tetita”. También a ella le digo que mi seno es su tetita, pero ella replica: “No, pero la otra tetita. Los bebés tienen que tomar en teta.” Por eso, repito yo, esta es su teta.

Mi sobrina también me presiona para usar la carreola y la cuna.

Si lo pienso un poco, es comprensible su concepto de bebé. Para empezar, muchos bebés de juguete traen todo ese equipo: carreolitas, cunitas, mamilitas… De hecho, yo misma, antes de que naciera mi hijo, cuando pensaba en bebé tenía la asociación mental de esas mismas imágenes. Como los papeles y las bolsas para envolver regalos para bebés. En cambio, difícilmente una palabra como rebozo se me aparecía como primera opción. Y eso que mi madre nos amamantó y nos cargó en rebozo y canguro a mis dos hermanos y a mí. Y eso que mientra más veía a padres batallando con las carreolas en pasillos estrechos, elevadores, al subir o bajar del carro, más mi esposo y yo nos convencíamos de que no queríamos usar carreola.

Entonces veo que la presión viene desde que somos niñas.

Mi sobrina refleja también otra de las cosas que he observado, y es la contradicción entre lo que te dicen que debe hacerse y lo que se hace. Es decir, por un lado parece que lo que debe hacerse es no cargar tanto al bebé, pero por el otro todos quieren cargar a los bebés apenas ven a uno.

“Acostúmbralo a la teta, me dicen, así me lo puedes dejar.” Pero, ¿por qué voy a querer dejar a mi bebé? Precisamente, una de las enormes ventajas de dar el pecho, es que puedo llevarlo conmigo a todas partes, y estar segura de que siempre habrá alimento suficiente y listo para tomarse.

Así y todo hay ocasiones en que tengo que dejar a mi bebé. Aunque trabajo desde casa, a veces tengo que ir a reportar avances de mi investigación a la universidad, y si bien antes era sencillo llevar a mi bebé en el rebozo porque sólo dormía y comía, cada vez fue un poco más difícil.

Cuando ha sido necesario, me he extraído leche y la he dejado en diferentes biberones, algunos que prometen simular el seno materno, pero nada: León sigue prefiriendo aguantarse el hambre hasta que llegue yo. No sé si es que hemos errado en la temperatura de la leche o si es el biberón en sí, el caso es que no ha funcionado.

“Acostúmbralo a la teta”, vuelvo a escuchar. Pero, ¿tiene sentido?, me pregunto yo. ¿Para qué acostumbrarlo con diferentes técnicas a algo que no siempre tenemos necesidad de usar –unas tres veces en lo que va de sus seis meses? Además, he visto de cerca lo difícil que es quitarle el biberón a un niño a la fuerza, cuando ya empieza a afectar su salud bucal.

Elegí no hacerlo. El pediatra me sugirió otros métodos: un vasito entrenador, pequeñas cucharadas. El vasito funcionó mejor; además, mi bebé aprendió rápido que, mientras que al vasito sí lo puede morder y calmar su comezón, a mí no me gusta que me muerda.

Acostúmbralo a la teta… (parte 2)

Uno de las presiones para usar teta artificial proviene, para mi asombro, de mi sobrina de cuatro años. Desde que nació su primo, me cuestiona una y otra vez cuándo tomará “su tetita”. También a ella le digo que mi seno es su tetita, pero ella replica: “No, pero la otra tetita. Los bebés tienen que tomar en teta.” Por eso, repito yo, esta es su teta.

Mi sobrina también me presiona para usar la carreola y la cuna.

Si lo pienso un poco, es comprensible su concepto de bebé. Para empezar, muchos bebés de juguete traen todo ese equipo: carreolitas, cunitas, mamilitas… De hecho, yo misma, antes de que naciera mi hijo, cuando pensaba en bebé tenía la asociación mental de esas mismas imágenes. Como los papeles y las bolsas para envolver regalos para bebés. En cambio, difícilmente una palabra como rebozo se me aparecía como primera opción. Y eso que mi madre nos amamantó y nos cargó en rebozo y canguro a mis dos hermanos y a mí. Y eso que mientra más veía a padres batallando con las carreolas en pasillos estrechos, elevadores, al subir o bajar del carro, más mi esposo y yo nos convencíamos de que no queríamos usar carreola.

Entonces veo que la presión viene desde que somos niñas.

Mi sobrina refleja también otra de las cosas que he observado, y es la contradicción entre lo que te dicen que debe hacerse y lo que se hace. Es decir, por un lado parece que lo que debe hacerse es no cargar tanto al bebé, pero por el otro todos quieren cargar a los bebés apenas ven a uno.

“Acostúmbralo a la teta, me dicen, así me lo puedes dejar.” Pero, ¿por qué voy a querer dejar a mi bebé? Precisamente, una de las enormes ventajas de dar el pecho, es que puedo llevarlo conmigo a todas partes, y estar segura de que siempre habrá alimento suficiente y listo para tomarse.

Así y todo hay ocasiones en que tengo que dejar a mi bebé. Aunque trabajo desde casa, a veces tengo que ir a reportar avances de mi investigación a la universidad, y si bien antes era sencillo llevar a mi bebé en el rebozo porque sólo dormía y comía, cada vez fue un poco más difícil.

Cuando ha sido necesario, me he extraído leche y la he dejado en diferentes biberones, algunos que prometen simular el seno materno, pero nada: León sigue prefiriendo aguantarse el hambre hasta que llegue yo. No sé si es que hemos errado en la temperatura de la leche o si es el biberón en sí, el caso es que no ha funcionado.

“Acostúmbralo a la teta”, vuelvo a escuchar. Pero, ¿tiene sentido?, me pregunto yo. ¿Para qué acostumbrarlo con diferentes técnicas a algo que no siempre tenemos necesidad de usar –unas tres veces en lo que va de sus seis meses? Además, he visto de cerca lo difícil que es quitarle el biberón a un niño a la fuerza, cuando ya empieza a afectar su salud bucal.

Elegí no hacerlo. El pediatra me sugirió otros métodos: un vasito entrenador, pequeñas cucharadas. El vasito funcionó mejor; además, mi bebé aprendió rápido que, mientras que al vasito sí lo puede morder y calmar su comezón, a mí no me gusta que me muerda.

¡Mamá está cansada!

Escribo esto agotada y con lágrimas en los ojos, no sólo porque estoy cansada sino porque el motivo es mi hijo Guillermo que ya tiene más de 24 horas con fiebre, vómito y diarrea producto de un virus.

Mientras él duerme y le cuido el sueño, para mantener a ralla la temperatura de su cuerpito de cuatro años y antes de empezar a escribir esto, estaba desde el celular leyendo mi TL en Twitter.

Mientras hacía lo anterior leí un tweet de una mamá famosa que dice textualmente: “Ser mamá y trabajar en casa no implica descuidar tu apariencia! Piensa siempre en ti, haz ejercicio”.

Sinceramente cuando leí el tweet anterior me dio mucha rabia; luego me sentí culpable y desamparada y en estos momentos estoy muy triste.

Cuando sentí rabia me dije “qué bríos, debe ser que tiene un séquito de niñeras”. Cuando me sentí culpable me dije “Ella no tiene la culpa de tener la tribu que yo no tengo”. Y ahora que estoy triste me digo que deberíamos ser más cuidadosas con lo que le decimos a otras mamis. Que nuestras situaciones varían y que no sabemos por qué esa madre no va a la peluquería o al gimnasio. Uno no “descuida” la apariencia porque nos da la gana, a veces preferimos descansar a hacer cualquier otra cosa.

Hace unos días vi un video del doctor de “ni una dieta más” donde daba los secretos para bajar de peso y lo primero era dormir bien, y si era posible 8 horas. Nada más con esa estoy raspada.

La única cosa que hago bien, según las recomendaciones del doc, es desayunar y desayunar bien. Y bueno lo que no hago es bastante y entre esas cosas está que tengo más de un año sin ir a la peluquería, más de dos sin ir a un spa de pies y manos y que llevo 12 meses subiendo de peso entre mi desordenada alimentación y el estrés.

No tengo excusa, lo se, soy yo y nada más yo la responsable, pero no tienen idea de lo cansada que estoy. Mis hijos son lo mejor que me ha pasado en la vida, pero sacar tiempo para mi sin poder contar con un relevo no es fácil y no he encontrado la forma de hacerlo.

Eso si, si quieren compartir sus tips se pueden ahorrar el hacerme sentir culpable que eso, yo, ya lo hago bastante bien.

Descubrirme madre…

Como he contado en otros espacios, lo cierto es que muy pocas veces en mi vida me había imaginado como madre y, en cambio, mis planes para el futuro siempre eran a partir de una visión de mí misma desde una perspectiva laboral. Por eso, no deja de sorprenderme cuánto disfruto ahora ser madre, no sólo por tener un hijo, sino cuánto disfruto estar las veinticuatro horas del día con mi bebé, y cómo me parece ahora natural este hecho.

No es que esté en contra de las guarderías o que me sienta aprensiva por dejar que alguien más esté con él. Mi madre impulsó la primera guardería en mi pueblo natal porque veía que muchas madres tenían una verdadera necesidad por salir a trabajar y no tenían con quién dejar a sus hijos.  Y  en esa lucha yo misma fui una de las primeras niñas de esa guardería, y lo recuerdo como una experiencia grata. Es más: hasta me acuerdo de los almuerzos que me preparaban ahí y de cuánto me gustaban.

Pero es necesario hacer una aclaración: yo fui a esa guardería hasta que tenía entre dos y tres años, y sólo estaba ahí un par de horas al día. A lo sumo cuatro. Antes de ir a la guardería yo conocí la hermosa experiencia de pasar mis primeros días de vida pegada al seno de mi madre, y mi madre me llevaba con ella a todos lados en su rebozo. Y cuando mi madre llegaba por mí, yo sabía que ella estaría conmigo y con mis hermanos el resto del día.  Ir a la guardería fue para entonces una aventura. Un paso intermedio que me hacía sentir que estaba creciendo y que pronto, como mis hermanos, iría a la escuela. Una emoción positiva, pues.

Veo que algunos se sorprenden de verme tan pegada a mi bebé, como antes se sorprendieron de verme tan cercana a mi esposo. ¿Por qué iba a casarme con alguien con quien no me gusta estar?, me preguntaba yo. Si me casé con él es porque nos gusta estar juntos. Ahora me pasa otro tanto: si quisimos ser padres fue para estar con nuestro hijo. Para educarlo nosotros.

A veces pienso que los niños se confunden al tener tantas figuras de autoridad. Si en una empresa eso se convierte en un problema, ¿cómo no lo va a ser para un niño que apenas está descubriendo el mundo?

Por eso me siento tan triste hoy. Porque esta semana mis dos planes para seguir trabajando desde casa el próximo año se han esfumado. Y ahora no sé muy bien qué vaya a pasar.

Acostúmbralo a la teta… (parte 1)

Ya en el último mes de embarazo, mi madre llegó para estar conmigo en el gran momento, y ayudarme a preparar todo aquello que pudiera hacerme falta. Enseguida notó que no había comprado mamilas y me lo hizo notar. ¿Para qué?, respondí yo. Preparé todo para trabajar desde casa, así que no tengo necesidad de comprar mamilas si puedo amamantarlo yo misma. Días después llegó León.

En ese entonces no había investigado nada sobre lactancia materna, confiaba en mi instinto y en el apoyo de mi madre. No sabía, por ejemplo, que hay que pedir que no le den suero al bebé cuando nace. No me lo dijeron, pero supongo –más porque mi bebé nació por cesárea–, que le dieron al menos una mamila luego de nacer. Para fortuna nuestra, en cuanto me llevaron al bebé a la habitación, mi madre me lo acercó y me dio consejos sobre cómo iniciar la lactancia. León se prendió enseguida, y enseguida pareció preferir mi seno a la mamila. Aún así todavía tomó algunas más.

En cuanto empezamos a tener contacto con el mundo, el torrente de comentarios, consejos y sugerencias que todas las madres experimentamos –y, también, que todas las madres hacemos luego– no se hizo esperar. Los comentarios venían en dos tipos, generalmente: aquellos que me decían que no lo cargara mucho, y aquellos que me decían que lo cargara mucho porque luego ya no podría hacerlo, por ejemplo, y aquellos que me alentaban y me felicitaban por darle pecho, y aquellos que, primero sutilmente, y luego con mayor claridad, me decían que tenía que acostumbrarlo a “la teta”. Lo curioso es que, al menos en el norte de México, por “teta” se refieren a la mamila, es decir, a la teta artificial. No deja de parecerme gracioso y aprovecho cuando puedo la oportunidad para decirles que él siempre ha tomado teta, la original: la única.

Hay varios argumentos al respecto. Uno de ellos ha sido que es bueno que descanse del bebé de vez en cuando. Pues bien, la primera vez que acepté la oferta –todavía antes de investigar sobre lactancia–, dejé al bebé confiada en que, si tenía hambre, podíamos usar la fórmula que le habían dado en el hospital. El resultado fue desastroso: yo llegué a casa con dolor en los senos de tan duros. León, quien había tomado leche artificial ante el hambre, me pidió pecho en cuanto llegué a pesar de haber tomado la fórmula. En el transcurso del día se me fue aliviando el malestar en los senos: cada vez que mi bebé me pedía pecho yo lo agradecía sinceramente. Por fin, en la noche, nos fuimos a dormir los tres en nuestra cama: papá, mamá, bebé. Pero en un par de horas comenzó un llanto que no le conocíamos a nuestro hijo. Parecía querer comer, pero algo se lo impedía. De tanto buscar qué lo tenía tan molesto, su padre recordó la mamila de fórmula de la tarde, y descubrió que tenía inflamada su pancita. Entonces me dispuse a darle suaves masajes y a doblar sus piernitas, y así continuamos hasta que el bebé pareció encontrar alivio en ello. Dedujimos que esos son los famosos cólicos. Ha sido la única noche de desvelo y llanto en nuestra corta historia como papás.

Aprendimos la lección.

Viajar con un bebé

Hemos hecho dos viajes con León, uno en auto y otro en avión. En ambos hemos visto lo práctico que resulta viajar con un bebé que sólo toma pecho.

Esta última ocasión hicimos el viaje en avión, y las diferencias saltaban a la vista. Es claro que cada familia elige lo que les resulta mejor, y a nosotros cada vez más nos gusta nuestro método. En el aeropuerto vimos muchas familias que viajaban con carreolas, mamilas y recipientes para guardar leche. Recuerdo particularmente un bebé que lloraba desesperado mientras esperábamos subir al avión. A mí me parecía que tenía hambre. El padre tuvo que tomarlo en brazos para tranquilizarlo, pero el bebé continuaba llorando. El llanto continuó hasta que la familia se instaló en su asiento, y la mamá pudo preparar una mamila, e incluso así tardaron un poco para tranquilizar por completo al bebé. Nosotros preferimos usar canguros o rebozos con aros. Y a León parece gustarle mucho, pues se siente protegido y puede ver todo desde nuestra altura. Y así, si nuestro bebé tiene hambre, sólo tengo que acomodarlo en el rebozo para poder amamantarlo, inclusive en movimiento.

Al llegar a nuestro destino, acomodamos nuevamente a León, y caminamos por el pasillo, mientras las otras familias esperaban a que llegara su carreola, con el tráfico que suele producirse cuando hay gran cantidad de cualquier tipo de vehículos.

Luego están los restaurantes: como a mis padres les encanta invitarnos a comer, visitamos varios durante la estancia con los abuelos. En estos casos preferimos el rebozo, pues así es fácil amamantar en público, el bebé suele arrullarse y se queda dormido. Si llega a despertar, no se asusta, pues está pegadito ya sea conmigo o con su padre, y siempre nos queda una o hasta dos manos libres para comer. Algunos me han dicho que hay lugares en los que no permiten carreola, pero con el rebozo eso no es problema.

He notado que llamamos mucho la atención a donde vamos. He notado también que algunos padres ven lo práctico de nuestro sistema, pero siguen prefiriendo las carreolas y las mamilas. Muchos me siguen preguntando si no me canso de amamantar y de cargarlo. Y pues sí, claro que hay momentos en que me siento cansada, pero creo que todos los padres se sienten cansados en algún momento. Y, como dije en una entrada anterior, basta observar un poco para darse cuenta que todos los padres terminan tomando a sus hijos en brazos eventualmente.

Cargar a un bebé con la ayuda de un aditamento es tan efectivo, que es posible recorrer todo Teotihuacán: Mi esposo no cabía en sí del gusto que tenía de haber subido a la Pirámide del Sol, a la de la Luna y al templo de Quetzalcóatl con un bebé de brazos.

Madres y padres estarán “Contando historias de lactancia” en el Boleíta Center

En el marco de la celebración de la “Semana Mundial de la Lactancia Materna 2013”, se llevará a cabo un evento sin precedentes con el objetivo de empoderar a las familias y animarlas a lactar.

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“Mamás al día con la lactancia” organiza el evento “Contando historias de lactancia” en conjunto con el Boleíta Center para el próximo sábado 3 de agosto. El lema que acompaña este año ala Semana Mundial de la Lactancia Materna (SMLL) es “Apoyo a las madres que amamantan: cercano, continuo y oportuno”. Por tal razón queremos destacar la importancia de difundir experiencias que muestren una vivencia que inspire a madres, padres y al entorno familiar a empoderarse de su proceso y lograr una lactancia exitosa.

1Las historias serán relatadas por sus protagonistas, mujeres y hombres quienes contarán cómo lograron superar los obstáculos hasta cumplir el objetivo de lactar a sus bebés y brindarle todos sus beneficios.

Durante la jornada también estarán presentes expertos del área quiénes hablarán de temas vitales para las madres como la introducción de alimentos después de los 6 meses y cómo crear un banco de leche materna casero, ideal para las madres que deben regresar al trabajo. Contaremos también con la asistencia de consejeras de lactancia materna que atenderán dudas y preguntas de manera personalizada. Mientras tanto,los más chiquitines disfrutarán de una sesión de cuenta cuentos. El evento cerrará con con una amamantada masiva pública, para mostrar a todos que una familia que amamantar fortalece la sociedad.Se invita a embarazadas, madres en proceso de lactancia y público en general a participar de esta actividad.

2Más de 25 madres y padres enviaron sus “Historias de lactancias” al equipo organizador. De éstas sólo algunas serán presentadas en el evento y el resto podrán disfrutarlas en la página www.mamaaldia.com.ve. Cada narración muestra que la voluntad y la autodeterminación son vitales para alcanzar lactar a los bebés.

El evento “Contando historias de lactancia” es gratuito y pueden participar todos los que quieran disfrutar de un sábado ameno en el

Centro Comercial Boleíta Center. Es el 3 de agosto a las 3pm

en la terraza de la Feria de comidas. Mayor información www.mamaaldia.com, @mamaaldia, equipolactancia@gmail.com.

Sígue #historiasdelactancia o #lactancia en twitter.

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Amamantar en público

Debo confesar que al principio me daba un poco de pena amamantar en público, así que agradecí mucho que mi madre me hiciera un rebozo tipo sling de manta lo suficientemente grande como para hacer una cuna portátil para mi bebé, que además me permitía amamantarlo bien cubiertos los dos. Pero luego mi bebé fue creciendo y, como a muchos bebés, ya no le fue grato sentir tanta tela encima, y además empezó a tener el reflejo de patear y patear en cuanto sentía algo en sus pies, así que amamantarlo en esa cunita ya no era tarea sencilla.

Aunado a eso, a mis sobrinos les daba –y les da todavía– una curiosidad tal el hecho de que su primo no tome en mamila sino directamente de mi pecho, que el cubrirme aumentaba más esa curiosidad en lugar de disminuir su interés. Como resultado: apenas veían que me acomodaba para alimentar al bebé, y ya los tenía encaramados sobre nosotros para ver el gran acontecimiento.

Llegados a ese punto, lo cierto es que yo ya me había acostumbrado tanto a amamantar a León, que empecé a verlo justamente como lo que es: algo natural de lo cual no debía avergonzarme. Sin embargo, notaba que no todas las personas se sentían cómodas con el asunto, conocidas o no conocidas, sobre todo si había hombres presentes, aunque fueran de la familia, y aunque esos hombres fueran todavía unos niños.

Intenté cubrirme con una manta, pero el resultado fue el mismo. Ante la preocupación del padre, que tampoco quería que me descubriera en público, mi bebé movía todo su cuerpo para deshacerse de la incómoda mantita que lo privaba de algo que los dos disfrutamos cuando le doy pecho: vernos y sonreírnos.

Luego de batallar unos días con las pequeñas rabietas que armaba León en su protesta por la censura, decidí que, más que las opiniones de los demás, lo que más me importaba era alimentar a mi bebé.

Lo cierto es que tampoco he llegado al punto de otras mujeres de sacar su pecho así como así. Más bien procuro usar blusas que me faciliten amamantar con cierta sutileza, y recientemente he encontrado otro sling mucho más pequeño que facilita alimentar a León sin que él sienta ningún estorbo en los pies y sin que se sienta encerrado.

Cuando empecé a leer más sobre lactancia materna, empecé a darme cuenta que mi pena y la curiosidad de mis sobrinos tiene un mismo origen: que cada vez es menos frecuente ver a madres amamantando en público. Entonces empecé a darme cuenta que no sólo se trataba de alimentar a León, y de ofrecerle el mejor alimento posible y lo mejor de mí misma, sino de la difusión y la promoción misma de la lactancia materna. Y parece que mi pareja también ha llegado a lo mismo porque ha dejado de cubrirme como a una monja.

Al amamantar en público invito a que otras madres se animen a hacerlo, les recuerdo que en realidad es mucho más sencillo dar el pecho, con la leche siempre en su punto y lista para el bebé, que andar cargando con mamilas y recipientes para guardar ya sea leche en polvo o leche materna extraída. Como consecuencia, madres que ahora son abuelas se acercan a felicitarme y a contarme que su hija o su nuera no pudieron dar pecho, y mujeres que no son madres aún me preguntan si yo no batallé. Eso refuerza mi convicción de seguir amamantando en público.

lactancia salvaje

La lactancia salvaje por Laura Gutman

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La mayoría de las madres que consultamos por dificultades en la lactancia estamos preocupadas por saber cómo hacer las cosas correctamente, en lugar de buscar el silencio interior, las raíces profundas, los vestigios de femineidad y apoyo efectivo por parte de los individuos o las comunidades que favorezcan el encuentro con su esencia personal.
La lactancia es manifestación pura de nuestros aspectos más terrenales y salvajes que responden a la memoria filogenética de nuestra especie. Para dar de mamar sólo necesitamos pasar casi todo el tiempo desnudas, sin largar a nuestra cría, inmersas en un tiempo fuera del tiempo, sin intelecto ni elaboración de pensamientos, sin necesidad de defenderse de nada ni de nadie, sino solamente sumergidas en un espacio imaginario e invisible para los demás.
Eso es dar de mamar. Es dejar aflorar nuestros rincones ancestralemente olvidados o negados, nuestros instintos animales que surgen sin imaginar que anidaban en nuestro interior. Es dejarse llevar por la sorpresa de vernos lamer a nuestros bebés, de oler la frescura de su sangre, de chorrear entre un cuerpo y otro, de convertirse en cuerpo y fluidos danzantes.
Dar de mamar es despojarse de las mentiras que nos hemos contado toda la vida sobre quienes somos o quienes deberíamos ser. Es estar desprolijas, poderosas, hambrientas, como lobas, como leonas, como tigresas, como canguras, como gatas. Muy relacionadas con las mamíferas de otras especies en su total apego hacia la cría, descuidando al resto de la comunidad, pero milimétricamente atentas a las necesidades del recién nacido.
Deleitadas con el milagro, tratando de reconocer que fuimos nosotras las que lo hicimos posible, y reencontrándonos con lo que haya de sublime. Es una experiencia mística si nos permitimos que así sea.
Esto es todo lo que necesitamos para poder dar de mamar a un hijo. Ni métodos, ni horarios, ni consejos, ni relojes, ni cursos. Pero sí apoyo, contención y confianza de otros (marido, red de mujeres, sociedad, ámbito social) para ser sí misma más que nunca. Sólo permiso para ser lo que queremos, hacer lo que queremos, y dejarse llevar por la locura de lo salvaje.
Esto es posible si se comprende que la psicología femenina incluye este profundo arraigo a la madre-tierra, que el ser una con la naturaleza es intrínseco al ser esencial de la mujer, y que si este aspecto no se pone de manifiesto, la lactancia simplemente no fluye. No somos tan diferentes a los ríos, a los volcanes, a los bosques. Sólo es necesario preservarlos de los ataques.
Las mujeres que deseamos amamantar tenemos el desafío de no alejarnos desmedidamente de nuestros instintos salvajes. Lamentablemente solemos razonar y leer libros de puericultura, y de esta manera perdemos el eje entre tantos consejos supuestamente “profesionales”.
La insistencia social y en algunos casos las sugerencias médicas y psicológicas que insisten en que las madres nos separemos de los bebés, desactiva la animalidad de la lactancia. Posiblemente la situación que más depreda y devasta la confianza que las madres tenemos en nuestros propios recursos internos, es esta creencia de que los bebés se van a malacostrumbrar si pasan demasiado tiempo en nuestros brazos. La separación física a la que nos sometemos como díada entorpece la fluidez de la lactancia. Los bebés occidentales duermen en los moisés o en los cochecitos o en sus cunas demasiadas horas. Esta conducta sencillamente atenta contra la lactancia. Porque dar de mamar es una actividad corporal y energética constante. Es como un río que no puede parar de fluir: si lo bloqueamos, desvía su caudal.
Contrariamente a lo que se supone, los bebés deberían ser cargados por sus madres todo el tiempo, incluso y sobre todo cuando duermen. Porque se alimentan también de calor, brazos, ternura, contacto corporal, olor, ritmo cardíaco, transpiración y perfume. La leche fluye si el cuerpo está permanentemente disponible. La lactancia no es un tema aparte. O estamos madre y bebé compenetrados, fusionados y entremezclados, o no lo estamos. Por eso, dar de mamar equivale a tener al bebé a upa, todo el tiempo que sea posible. No hay motivos para separar al bebé de nuestro cuerpo, salvo para cumplir con poquísimas necesidades personales. La lactancia es cuerpo, es silencio, es conexión con el submundo invisible, es fusión emocional, es entrega.
Dar de mamar es posible si dejamos de atender las reglas, los horarios, las indicaciones lógicas y si estamos dispuestas a sumergirnos en este tiempo sin tiempo ni formas ni bordes.También si nos despojamos de tantas sillitas, cochecitos y mueblería infantil, ya que un pañuelo atado a nuestro cuerpo es suficiente para ayudar a los brazos y las espaldas cansadas. Incluso si trabajamos, incluso si hay horas durante el día en que no tenemos la opción de permanecer con nuestros bebés, tenemos la posibilidad de cargarlos en brazos todo el tiempo que estemos en contacto con ellos.
Es verdad que hay que volverse un poco loca para maternar. Esa locura nos habilita para entrar en contacto con los aspectos más genuinos, inabordables, despojados, salvajes, impresentables, sangrantes de nuestro ser femenino. Así las cosas, que nos acompañe quien quiera y quien sea capaz de no asustarse de la potencia animal que ruge desde nuestras entrañas.